ARTESANÍA DE LA VIA DE LA PLATA
La artesanía comarcal goza de una excepcional riqueza, destacando en los sectores de la marroquinería, la cerámica, la forja, madera, los bordados de oro, los mantones de manila, flecos … y por supuesto, la pleita y el palmito, artesanía por antonomasia de esta zona.
En Castilblanco de los Arroyos encontramos una tradición importante en la elaboración de las denominadas “empleitas” o “pleita”; cabe matizar y concretar que esta labor, considerada hoy como actividad artesanal, alcanza la importancia que le damos por la utilización del material con el que se elabora, la hoja de palma.
En esta localidad a principios del siglo XX se empezó a utilizar poco a poco la palma como materia prima para extraer la crin vegetal el cual se obtenía tras proceder al ripiado de la palma; posteriormente se comenzó a utilizar para la elaboración de escobas y ya fue cuando del cogollo le dieron el uso para la elaboración de la empleita.
El uso de la hoja de palma propició una importante industria durante la década de los 60. En la actualidad la encontramos como una actividad puramente artesanal. Sin embargo, en el Pueblo la importancia de la tradición se pone de manifiesto a través de un monumento, concretamente una escultura levantada en la Plaza Amarilla que representa a un palmero y a su burro que porta cesta con hojas de palma, recordando así a muchos de los habitantes del lugar cómo hicieron de esta actividad un modo de vida.
Pero, ¿en que consiste el arte de la pleita? Actualmente la pleita no es muy reconocida, y se está perdiendo a causa de los nuevos productos para la fabricación de utensilios actuales.
La pleita es una faja o tira de esparto trenzado en varios ramales. Estas tiras, cosidas entre sí, sirven a los artesanos para confeccionar esteras, sombreros, petacas y los más diversos objetos.
En los años cincuenta, la pleita tuvo un papel muy representativo en la vida cotidiana de los hombres de aquella época ya que recolectar el material no costaba ningún dinero, la pleita no era el trabajo principal de la casa, se hacía como entretenimiento, ya que era muy laborioso, muy mal pagado y de una tardía fabricación.
Su venta se hacía en sus propias casas, y mayoritariamente por encargo o por necesidad propia.
Los artículos que se realizaban con este material eran: reoces (alfombras redondas), espuertas (utilizadas para el traslado del pan y otros alimentos y materiales), esportones (utilizados en las labores del campo para el transporte del grano), capachas (utilizadas fundamentalmente para el furtiveo y para las viandas de los hombres que trabajaban fuera), cestas (para la mujer meter la compra), sopladores (para prender el fuego), los cerones (para el transporte de los cantaros de agua, y de leche y el grano), sombreros, escobas…, incluso pequeños juguetes para los pequeños, como los dragones de palmito.
La elaboración de la pleita tiene un proceso muy característico. En primer lugar se cogen cohollos de las palmas, en la época de verano entre los meses “julio y agosto”. Se dejan secar al sol bastante tiempo (un mes aproximadamente).
Se puede hacer en verde, seco y majado, pero cuando esta seco es más fácil de trabajar, ya que se queda más fuerte, porque cuando se realiza en verde el producto acaba aguachado.
La técnica del majado se utiliza especialmente para animales del ganado, es la forma de la que queda más fuerte.
La pleita más realizada es la de nueve ramales. Se le hace un nudo por la mitad a cinco ramales lo que nos queda dividido en diez ramales de los cuales uno se queda fuera, por una parte se ponen cinco y por el otro lado cuatro.
Éstos se unen mediante una trenza que se realiza echando el extremo hacia detrás enlazando dos ramales, se pasa al otro lado y el extremo de este repite la misma operación esta pleita es larga por lo que tenemos que ir empalmando más ramales a esta gran trenza de palma se van uniendo mediante una costura de toniza, esta toniza se cose con una aguja, para hacer pleita, esta podía ser de cobre, metal, madera o hueso.
En el filo de la pleita se produce una especie de curva la que por una parte se cose una si y otra no , por el lado contrario se cosen las que antes no se han cosido, así logramos unir la pleita para hacer los productos.
Para que la pleita quede más fina le quitamos la hebra más gruesa de los extremos que tiene el cohollo de palma, así obtendremos unos productos más favorables. Además de este uso, se utilizaba la palma para escobas y el cogollo para pleita.
En la zona de El Madroño, aparte de la transformación de la palma, existen sabias manos que, sobre todo, basan en el corcho todos sus conocimientos.
Cuando cada siete años, se descorchan los alcornocales de la comarca, los madroñeros no venden algunas de sus piezas para hacer diversidad de objetos, como maceteros, taburetes para ordeñar a las vacas y utensilios para las típicas comidas campestres, de los que el “cucharo” es el más popular.
El “cucharo” es una especie de cucharón que se usa para beber de las fuentes y comer, también de recipientes de corcho, el gazpacho, el “sopeao” o la caldereta de chivo o cerdo. Todo ello, regado con el aguardiente de la localidad onubense de Zalaméa, limítrofe con El Madroño.
No nos olvidemos de la artesanía del granito, donde todavía hay lugareños que mas por afición que por profesión recuerdan los viejos trabajos de la piedra. Podemos encontrar en algún cortijero tañendo el martillo y haciendo pequeñas piletas para el beber de las bestias o creando pequeñas piezas que aún hoy en día se vienen usando en las viejas cocinas de la comarca.























































































