Recursos naturales

 

RECURSOS NATURALES DE LA CIUDAD DE SEVILLA

La historia y las consiguientes transformaciones urbanísticas de una ciudad en continuo movimiento han condicionado fuertemente el trato, uso y disfrute de los recursos naturales con los que cuenta, forzando incluso la creación o transformación de espacios.

El río Guadalquivir

El gran protagonista de Sevilla en este apartado es sin lugar a dudas el río Guadalquivir, el elemento topográfico que más ha influido sobre la ciudad desde su fundación y hasta nuestros días.

El río ha sido motivador de primeros asentamientos, eje de desarrollo económico, creador de bosques de ribera en medio de un panorama casi desértico, causa de desgraciadas inundaciones, motivo de modernos paseos fluviales.

El río lejos ya de ser un accidente geográfico que determina un territorio, se ha convertido en un elemento urbano hasta el punto de convertirse en un eje espacial fundamental de la ciudad, que al paso del tiempo va quedando cada vez más y mejor definido por la arquitectura.

El Guadalquivir nace en la jiennense sierra de Cazorla y tras su paso por Córdoba llega a Sevilla como paso previo a su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. Desde este pueblo gaditano es navegable hasta Sevilla, con lo que todavía sigue motivando –en menor medida que en otras épocas históricas de la ciudad- una importante actividad comercial.

Sin embargo, después de que la ciudad sufriera numerosas riadas se ejecutó la gran obra civil consistente en duplicar el cauce, con lo que el carácter fluvial urbano se convierte en una característica singular de la dársena, alejado el peligro de las inundaciones y sus orillas abordadas por la ciudad se miran constantemente cambiando su anterior carácter como límite.

Como dice la canción “bajo el puente de Triana ya el río no es marinero”, sino que llega hasta lo que se conoce como el Meandro de San Jerónimo, donde curiosamente lo único que queda reconocible como bosque fluvial es el final del río urbano. Paralelamente a él y fuera de los límites de la ciudad hacia el oeste discurre el río que sí verterá sus aguas en el Atlántico creando antes esa maravilla de la naturaleza que el Parque de Doñana. Esa duplicidad del río en Sevilla dio lugar a la llamada Isla de la Cartuja, terreno donde se ubicó la Expo 92.
 
Así, todas las actuaciones de que ahora es objeto del Guadalquivir (la dársena) a su paso por Sevilla, son de carácter urbano, como la creación de paseos, la reforestación de sus orillas, el uso deportivo (junto a lo que fue la Expo 92 se encuentra el Centro de Alto Rendimiento que usan piragüistas y remeros de todo el mundo aprovechando el bonancible invierno sevillano) y las actividades turísticas y de ocio.

Los últimos quince años han sido fundamentales en este sentido, ya que la zona norte del río estaba desaprovechada y la ciudad vivía de espaldas a él, en buena parte debido a que las vías del tren servían de frontera insalvable. La eliminación de éstas y la apertura de la ciudad hacia la Cartuja sirvió para descubrir el norte del río y para revalorizar una calle casi deprimida, la ahora ancha y esplendorosa calle Torneo.

El desarrollo de Sevilla durante todo el siglo XX no fue exento de un gran trabajo para adecuar su crecimiento a las necesidades medioambientales de la población. El casco antiguo de la ciudad (el más grande de Europa) estaba salpicado de espacios públicos (plazas, pequeños jardines y rincones con plantaciones) que cumplían esta función. El gran pulmón de la ciudad era el Parque de María Luisa, antiguamente jardines del Palacio de San Telmo (residencia de los Montpensier) que fueron cedidos a la ciudad para la Exposición Iberoamericana de 1929 y transformados por el arquitecto Nicolás Forestier. También ejercían esa función los jardines de Murillo, junto al Alcázar y muy cerca del anterior.
 
El crecimiento de Sevilla, especialmente hacia el sur y el Este ha motivado la creación de grandes parques periurbanos que cumplen con esa función medioambiental amén de servir de lugar de recreo y esparcimiento.

Ejemplos son el Parques de los Príncipes (inaugurado en 1973 en el barrio de Los Remedios), el Infanta Elena, Amate, Celestino Mutis, Miraflores, Alamillo y varios más, que albergan especies vegetales que no pueden estar presentes en pleno casco urbano porque por sus características no lo soportarían. El último espacio incorporado a la ciudad es el jardín del Prado de San Sebastián, que une precisamente los jardines de Murillo y el Parque de María Luisa, aunque este tiene la particularidad de que ha sido concebido como espacio público apto para acoger eventos ciudadanos.

Se puede decir que Sevilla es una ciudad bien dotada de masa arbórea. Además de los míticos naranjos (el árbol de la ciudad por antonomasia), en sus calles pueden verse palmeras, olmos, plataneras occidentales y, hasta no hace mucho, olmos. Y es que el clima que disfruta en invierno y padece en verano hace necesaria la presencia de sombra.

Del clima de Sevilla es sobradamente conocido que en verano hace calor, mucho calor. Sin embargo puede sorprender que se afirme que también en invierno hace frío, aunque, eso sí, no dura mucho. El frío del invierno sevillano es un frío húmedo, que cala y se hace complicado combatir.

Técnicamente es un clima oceánico, con influencias continentales. La temperatura media anual es de 18,6°, lo que hace de esta ciudad una de las más calurosas de Europa. Enero es el mes más frío, con medias entre los cinco de mínima y los 12 de máxima Julio posee las medias de temperatura más altas, (35 y 19) y todos los años se superan los 40° en varias ocasiones. Las precipitaciones son de 534 mm al año, concentradas de octubre a abril; diciembre suele ser el mes más lluvioso, con 95 mm.

Por último, nos referiremos brevemente a la situación geográfica de Sevilla desde varios puntos de vista.

La capital de Andalucía se encuentra una planicie del valle del Guadalquivir, a apenas 12 metros sobre el nivel del mar. Lejos de todo lenguaje técnico, Sevilla está metida en un hoyo y eso se comprueba cuando se avistan más cerca que lejos las cornisas del Aljarafe o de los Alcores.
Por otra parte, su situación respecto a otras zonas de referencia es privilegiada, ya que a apenas una hora de camino en coche desde el centro urbano se puede acceder a tesoros naturales como son las playas de Huelva y Cádiz, la sierra onubense de Aracena y Picos de Aroche o las sierras norte y sur de la provincia de Sevilla.