Historia

 

HISTORIA DE LA CIUDAD DE SEVILLA

El origen de la ciudad de Sevilla es oscuro, pero todos los estudios históricos parecen apuntar a que un poblado tarteso llamado Ispal (siglo VIII a.C.) que se encontraba sobre una elevación del terreno a orillas del río Guadalquivir fue el germen de lo que hoy es la capital de Andalucía.

Los cartagineses acabaron con la civilización tartesa hacia el 500 a.C. y se establecieron en el lugar, estableciendo lazos comerciales con griegos y fenicios, que también tuvieron asentamientos en la zona.

Sí hay práctica coincidencia de los historiadores en señalar que en el 205 a.C. llegó la imparable conquista romana y las guerras Púnicas acabaron por dejar a los romanos como amos y señores de Híspalis, ciudad a la que convirtieron en capital de la provincia bética romana. Fueron tiempos de esplendor para una urbe que era referente económico por su gran actividad comercial, político por ser capital, y social de la provincia romana del sur de la península ibérica.

El cambio del imperio romano por el visigodo procuró a la ciudad prácticamente un siglo de convulsiones, ya que las guerras entre cristianos y arrianos eran continuas.
 
Todo cambió en el año 712 con la llegada de los árabes, que conquistaron la ciudad y le procuraron durante los más de cinco siglos en que estuvieron asentados en ella un poso que aún perdura. La rebautizaron con el nombre de Isbiliya y la dependencia administrativa del Califato de Córdoba no desmereció un ápice la importancia de este núcleo urbano.

Ciencias, arte y comercio se vieron desarrollados de forma espectacular en Isbiliya y la llegada de los almorávides (musulmanes norteafricanos de la familia de los bereberes) en el siglo XI no hizo sino embellecerla y acentuar su importancia económica. En esta época se realizaron grandes obras arquitectónicas y se crearon importantes empresas.

Pero los hechos históricos que iban a suceder en los siglos siguientes contribuyeron aún más a engrandecer a la ciudad.

El 23 de noviembre de 1248, el rey Fernando III el Santo entra en la ciudad tras derrotar a los musulmanes y establece en Sevilla su corte. De hecho, el escudo de Sevilla representa a este rey con espada en la mano derecha y el globo del mundo en la izquierda flanqueado por los santos Isidoro y Leandro, santos obispos sabios de la época visigoda.

La presencia de la corte en Sevilla y el próspero comercio que seguía la estela dejada de la época musulmana con el puerto a la cabeza llevó a la ciudad a ser sede de importantes empresas que trabajaban con Italia, con países bálticos y con el norte de África.
 
Pero todo esto era poco comparado con lo que supuso para Sevilla el Descubrimiento de América.

Los Reyes Católicos establecieron en la ciudad la Casa de la Contratación, desde la que se controlaban todos los viajes con el Nuevo Mundo y las riquezas que desde él llegaban. Su sede estaba en lo que hoy es el Archivo de Indias, construcción que no es sino un ejemplo de la importantísima expansión urbanística que vivió la ciudad en esos años. La Casa de Pilatos, la Casa de las dueñas, la Iglesia del Salvador y la mencionada Casa de la contratación son ejemplos de esta expansión de la que entonces era una de las más importantes ciudades de Occidente.

Pero el declive estaba por llegar. En el siglo XVII se traslada la Casa de la Contratación a Cádiz y Sevilla atraviesa por una profunda crisis que durará dos siglos.

A finales del siglo XIX Sevilla empieza a despertar de su letargo debido a la presencia de los Duques de Montpensier como valedores de la ciudad. En esa época se vive la llamada época de oro de las cofradías (romanticismo) y se vuelve a mirar a la ciudad como referente.

A renglón seguido, Sevilla organiza la Exposición Iberoamericana de 1929, evento que marcó el resurgir de la ciudad y su nueva configuración urbanística.

La Expo 92 fue otro gran evento que dejó a Sevilla las puertas del siglo XXI como una urbe moderna y que miraba al futuro.