RTESANÍA DE LA CIUDAD DE SEVILLA
Habitualmente, y más en los últimos años de tanto desarrollo del turismo, asociamos el término artesanía con tienda donde poder llevarnos un recuerdo, de más o menos calidad, del lugar que visitamos. Esto en Sevilla no es posible. Casi no es posible.
Y es que no se puede concebir la artesanía de la capital independientemente de su gran fiesta mayor: la Semana Santa.
La existencia en la ciudad de tantas corporaciones religiosas y su afán permanente por cuidar, mejorar y ampliar sus enseres de culto han dado lugar a que toda la artesanía que se mueve a su alrededor se haya convertido prácticamente en una industria que, eso sí, nunca ha dejado de perder el valor de las obras hechas de forma artesanal.
La orfebrería, la talla, el bordado son artes que en la capital de Andalucía alcanzan tal grado de calidad que se han convertido en referencia para el resto de España.
El barroco se ha instalado con carácter definitivo en estas labores con vocación religiosa dando lugar también a una riqueza de diseños que no duda el aplicar las más modernas tecnologías a la hora de proyectar coronas para imágenes de la Virgen, faroles y candelabros para los pasos y enseres procesionales, tallas de pasos, mantos, túnicas y demás telas bordadas.
En Sevilla existen numerosos talleres de orfebrería que trabajan con mimo los metales preciosos. El resultado de su labor se puede contemplar en todos y cada uno de los cortejos procesionales, en los que hasta la más pequeña vara de plata es una muestra de cómo se hacen estas cosas. Tan considerada es la labor que realizan que reciben encargos de toda Andalucía y de muchos otros lugares de España.
Antiguamente era habitual ver cerca de las iglesias o conventos talleres de carpintería que en realidad no eran tales. Eran los lugares donde se hacían los retablos y los pasos de las cofradías. Todavía existen muchos que no han perdido su ubicación original cerca de estos lugares religiosos. Evidentemente, su producción en la actualidad no está centrada sólo en los pasos, pero si son capaces de hacer con la madera y el pan de oro esas fabulosas obras, no le van a la zaga otros artículos como los típicos marcos de madera labrada y dorada para espejos, o soportes de dos patas para mesas de mármol, sólo por poner algunos ejemplos.
El bordado es la otra gran labor de artesanía en la que destaca Sevilla merced a sus inicios en el campo religioso. Los mantos que lucen las imágenes de la Virgen son la muestra del grado de perfección que alcanzan los artesanos sevillanos con la aguja y el hilo de oro. Mantolines, paños y pequeños tapices bordados de esta manera son también habituales en los talleres de bordado.
Hablando de bordados debemos detenernos en otro de los iconos de la artesanía sevillana: el mantón de Manila. En muchas tiendas del centro de la ciudad pueden admirarse estas delicadísimas obras de arte. Desde los elegantes mantones negros bordados en blanco, marfil y negro, hasta los de colores claros bordados también en hilos de alegres texturas. Si tradicionalmente se ha empleado la seda para hacer estos trabajos, las posibilidades que ofrece el mercado actual hace que se puedan ver mantones de distintos materiales, igualmente llamativos y atractivos y un poco más económicos de precio. De un tiempo a esta parte se están haciendo incluso mantones pintados a mano con originales diseños y una gran calidad artesanal.
Y para acabar de hablar de bordados, o más bien de artesanía de las telas, no hay que olvidar la confección de mantillas, auténticas obras de arte que lucen las mujeres sevillanas el Jueves Santo, siempre negras, o en determinadas celebraciones, donde ya se da cabida a colores claros, fundamentalmente el blanco, el beige o el marfil.
Otro aspecto importante de la artesanía de Sevilla es la cerámica. Curiosamente, no nos estamos refiriendo a las obras habituales (cántaros, platos o jarrones). El rey de la cerámica sevillana es el azulejo y su lugar de origen, Triana.
El arrabal sevillano del otro lado del río ha sido considerado tradicionalmente tierra de marineros y de alfareros. Sin ir más lejos, la actual hermandad de la Esperanza de Triana es el resultado de la fusión hace siglos de la cofradía del Cristo de las Tres Caídas, fundada por los marineros, y la de la Esperanza, del gremio de los alfareros.
La azulejería trianera tiene su origen en los albores del siglo XV y fueron los mudéjares y los moriscos los que empezaron a usar piezas de barro decoradas con colores y con relieves, aunque éstos últimos tenían la función de que no se mezclasen los tonos. Era la llamada técnica de la cuerda.
Azulejos salidos de los talleres de Triana adornan iglesias de toda la ciudad.
En el siglo XVI se instaló en Sevilla un italiano llamado Francisco Niculoso Pisano, que introdujo la técnica del coloreado sin relieve y dio lugar al azulejo plano.
Pisano tiene acreditadas numerosas obras en Sevilla e incluso existen rutas de los azulejos que recorren muchas de sus obras.
Esta técnica posibilitó que los azulejos pasaran de estar limitados a ser elementos decorativos y ocupar poco espacio a darles la posibilidad de formar grandes murales.
Siempre se han seguido fabricando azulejos decorativos, aunque el gran apogeo de los mismos llegó a finales del siglo XIX y principios del XX, con el auge de la arquitectura regionalista que, de la mano de Aníbal González, volvió a basarse en el azulejo trianero, tanto en relieve como de técnica de cuerda.
La Plaza de España está adornada con magníficos azulejos y en la parroquia de la O, en la calle Castilla, existe un retablo realizado completamente en azulejería trianera.
Para finalizar, una curiosidad: existe un azulejo en la parroquia de Santa Ana (la catedral de Triana), una cerámica funeraria, que representa a un esclavo negro. Dice la tradición que toda muchacha casadera que le dé una patada al azulejo encuentra pareja. Naturalmente, el azulejo está desconchado y ha habido que restaurarlo y casi esconderlo.
En el lugar donde en otras épocas estaban los hornos alfareros almohades, primero, y el monasterio de la Cartuja después, fundó en 1841 el comerciante Guillermo Pickman la fábrica de loza que ha sido desde entonces referente de buen hacer en el mundo de la cerámica. Utilizaba para hacer sus elegantes cerámicas la técnica de la prensa de vapor y la fama de la fábrica de la cartuja sevillana traspasó fronteras.
Recientemente ha pasado por un mal momento, pero la llegada de empresarios emprendedores ha hecho que en la Cartuja se siga fabricando cerámica y que podamos seguir disfrutando de ellas.
Por último un breve apunte sobre otro sector de la artesanía sevillana: la guarnicionería. La presencia de negocios vinculados al mundo del caballo en la ciudad y en sus alrededores ha hecho que se desarrolle una rama de la artesanía tan peculiar como esta. Todos los elementos necesarios para trabajar y adornar monturas, además de los que se utilizan para los coches que se pueden admirar en el paseo de caballos de la Feria de Abril generan un negocio a su alrededor que hace que en Sevilla se puedan encontrar artículos de guarnicionería de primera calidad.
Mundo Queso





















































































