ARTE Y ARQUITECTURA DE LA CIUDAD DE SEVILLA
Hablar en Sevilla de arte y arquitectura impone la obligación de comenzar por la giralda, el símbolo universal de esta ciudad. La Giralda era el alminar de la antigua mezquita de la ciudad, la cual fue mandada construir en 1184. El esquema de este alminar de la mezquita mayor de Sevilla era similar al de la mezquita de Córdoba, formada por dos paralelepípedos superpuestos coronados por una cúpula y un espigón metálico. Entre 1558 y 1568 se llevó a cabo la renovación de la torre y fue entonces cuando se le añadieron, entre otros elementos, el cuerpo de campanas y la veleta, el giraldillo, de donde toma su nombre, quedando su estructura tal y como se puede contemplar en nuestros días. Así, se puede decir que la Turris Fortísima de Sevilla tiene un cuerpo ejemplo de la arquitectura árabe y otro, el superior, de estilo renacentista, bien diferenciados.
Como decimos, la giralda es el último vestigio que queda de la mezquita mayor de Sevilla, ya que sobre el terreno en el que se levantaba ésta se construyó la Catedral Metropolitana, de estilo gótico flamígero.
Se trata de un edificio polivalente, ya que a su carácter de templo sagrado hay que unir el de museo, que cuenta, entre otras obras de arte, con el mayor retablo de la cristiandad y esculturas y pinturas de gran valor tanto en la sacristía como en cada una de sus capillas.
Su construcción se inició en 1401 y tiene planta de salón con cinco naves y capillas entre los contrafuertes. Sin contar la Capilla Real, mide 116 metros de largo por 76 de ancho y en su día tuvo importancia como panteón, ya que en sus capillas se encuentran enterrados los reyes Fernando III, Beatriz de Suabia, Alfonso X el Sabio y Pedro I, amén de personajes ilustres como el cardenal Cervantes, Cristóbal Colón y su hijo Hernando.
El entorno de la Catedral fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en el año 1987 y es que pocos lugares del mundo concitan tanta categoría artística como el espacio delimitado por la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, que forman la Plaza del Triunfo.
El Alcázar de Sevilla es el Palacio Real con uso continuado como residencia real más antiguo del mundo.
Su origen data del año 884, como primitiva fortificación encargada de defender la ciudad de la invasión normanda. Tras la reconquista de Sevilla por Fernando III en 1248 se construyeron diversos palacios, de los que sólo quedan las murallas y escasos restos. Reinando su hijo, Alfonso X el Sabio, se construyó el palacio gótico y posteriormente, con Pedro I de Castilla, el palacio mudéjar, que es la edificación más representativa de la época cristiana.
En el siglo XVI se realizan nuevas reformas y se enriquecen sus jardines, plantados de naranjos y palmeras, con fuentes y pabellones.
Un recorrido rápido desde la Puerta del León que se abre en las murallas almenadas de la Plaza del Triunfo nos lleva al Patio de la Montería, en el que se levanta la fachada mudéjar del Palacio de Pedro I; el Patio de las Muñecas, así llamado por los pequeños rostros reproducidos en uno de los arcos; el Patio de las Doncellas, obra maestra del mudéjar andaluz; el Cuarto del Almirante, que Isabel la Católica destinó a Casa de la Contratación después del Descubrimiento del Nuevo Mundo; el Salón de Embajadores; el Salón de Carlos V que cuenta con una magnifica decoración de azulejos y de grandes tapices de Bruselas; el Salón del Emperador con azulejos del siglo XV y tapices flamencos; los Apartamentos Reales con salas redecoradas en el siglo XVIII...
Otro de los emblemas de la ciudad es la Torre del Oro, cuyo nombre aún no se sabe si es por el color dorado que tenía en origen o porque allí se daba entrada al oro que venía del Nuevo Mundo.
Fue levantada en el primer tercio del siglo XIII, en los postreros momentos de los reinos de Taifas. Fue capilla y prisión.
Arquitectónicamente, es de planta dodecagonal. Presenta tres cuerpos: el más elevado circular. El segundo es de ladrillos y de planta hexagonal, posee decoración cerámica en cintas verdes recuadrando los arcos y en el primero se superponen tres plantas cubiertas con bóvedas de arista.
Su historia cuenta que pasó por malos momentos debido a su abandono y a los efectos que sobre ella tuvo el terremoto de Lisboa de 1755.
Posteriormente, cuando la Revolución de 1868, los revolucionarios se apresuraron a demoler los lienzos de murallas, las pusieron a la venta para aprovechar sus materiales de derribo. La oposición popular fue la que provocó que la Torre perdurara.
Hoy en día, la Torre del Oro alberga un Museo Naval que exhibe variados objetos y piezas relacionados con la vida marinera sevillana.
Además de estos monumentos emblemáticos, la arquitectura de Sevilla destaca por su peculiar entramado urbano. El ejemplo más claro es que su casco antiguo es el de mayores dimensiones de Europa, que ofrece al visitante ejemplos tanto de saber vivir conservando antiguas formas como de no saber conservar el patrimonio.
Otros espectaculares edificios de la ciudad son la Universidad, antigua Fábrica de Tabacos, construida entre 1728 y 1771 por mandato de Fernando VI; la Plaza de España, obra del arquitecto sevillano Aníbal González y emblema de la Exposición Iberoamericana de 1929 que se encuentra en el Parque de María Luisa. Sin duda alguna, Aníbal González ha sido el arquitecto más importante de los últimos dos siglos (hay quien dice que el desapego de los sevillanos por lo suyo es el culpable de que no sea considerado el Gaudí andaluz) y en la ciudad hay numerosos edificios civiles y mansiones con su característico estilo regionalista andaluz.
Hospital de los Venerables, Hospital de la Caridad, Hospital de las Cinco Llagas (hoy sede del Parlamento Andaluz), Casa de Pilatos, Iglesia del Salvador, Iglesia de Santa Ana, Real Maestranza, Palacio de San Telmo, Basílica de la Macarena... La riqueza monumental arquitectónica de la ciudad de Sevilla da para mucho.
El reflejo de la pintura sevillana es el Museo de Bellas Artes, segunda pinacoteca de España después del Prado y localizado en el antiguo Convento de la Merced Calzada (ejemplo del manierismo andaluz del XVII), donde se exponen obras de Murillo, Zurbarán y Valdés Leal. El Hospital de la Caridad es otro lugar donde se pueden admirar obras pictóricas andaluzas de primero orden.
Decir escultura sevillana es decir escultura religiosa y decir barroco. El fervor religioso de la Sevilla barroca puso en manos de sus cofradías un patrimonio artístico que no tiene parangón. (ver fiestas y tradiciones).
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