HISTORIA DE LA VEGA DE SEVILLA
Al salir por la comarcal C-431 nos encontramos con un paisaje dominado por plantaciones de naranjos y frutales alternados con cuidados campos de algodón, maíz, trigo o girasol. La Vega de Sevilla es una comarca llana y verde, donde la agricultura sigue constituyendo el eje de la vida de sus pueblos junto al río Guadalquivir.
El río Betis para Iberia y Guadalquivir en Al-Andalus es el punto de conexión y referencia de toda la comarca, y de las comunicaciones desde la antigüedad. Geográficamente atraviesa la provincia de norte a sur siguiendo el cauce del río que entra en Sevilla por Peñaflor.
Los primeros inicios de su hábitat datan del final del Bronce, según los hallazgos de la campaña arqueológica, aunque su mayor esplendor es de la época romana. Algunos historiadores sitúan aquí la ciudad de Celti, que acuñó hasta cuatro series de monedas.
Aguas abajo el río pierde mucha de su pendiente y llega a lo que se llama Bajo Guadalquivir, rodeado de cañaverales y rica tierras de regadío hasta que la silueta de un gran puente metálico anuncia la proximidad de Lora del Río, hermoso pueblo al que la llegada del ferrocarril dio en nuestro siglo un especial dinamismo económico. En su término se encuentran numerosos yacimientos arqueológicos, como el tartésico de Setefilla, con restos de culturas argáricas, y del Bronce final, con una necrópolis ibérica. Lora del Río es la vieja Axati romana, y en su término son frecuentes los hallazgos de esta cultura, especialmente vinculados al cultivo del aceite y al tráfico fluvial.
Aunque se carecen de datos fiables, la época visigoda debió tener una cierta importancia en la zona a juzgar por el número de restos funerarios hallados. Algunos autores atribuyen a este período el origen del actual nombre de Lora por la abundancia de laurel.
En época árabe se fortifica el castillo y se construyen las murallas, recibiendo el nombre de “Lawra”, siendo un núcleo de población importante y un centro defensivo notable entre Córdoba y Sevilla. Fernando III de Castilla la conquista a mediados del siglo XIII, donándola inmediatamente a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén o de Malta.
Seguimos en dirección a la zona de regadíos del valle inferior, una de las grandes reservas agroalimentaria del país. En la margen derecha se encuentra Alcolea del Río, localidad de una excepcional riqueza arqueológica, cuyos alfares surtían de ánforas para el aceite y el vino a los barcos que traficaban entre la Bética romana y el resto del Imperio.
Su actual nombre deriva del musulmán "Al-Koliah", que significa "el castillejo", pequeña fortaleza. No obstante la denominación que la villa tuvo en la antigüedad aún resulta un enigma para los filólogos más estudiosos.
Reconquistada por los ejércitos cristianos mandados por el prior de San Juan, fue donada a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. Al parecer esta pequeña fortaleza resultó ser un emplazamiento importante, estratégicamente hablando, cuando Fernando III el Santo preparaba la conquista de Sevilla.
Siguiendo el curso del río, en la margen izquierda está Tocina, antigua Taxana del Al-Andalus. Las primeras citas y referencias escritas alusivas a Tocina, son de época romana.
En la época islámica Tocina era un distrito de la provincia de Sevilla. A mediados del XIII, cuando estas tierras fueron ocupadas en el proceso de reconquista cristiana, Tocina era una alquería.
El aspecto del núcleo urbano actual tiene su origen en los siglos XIII/XIV. Debió ser una rica encomienda a juzgar por los documentos que para los siglos XVI y XVII se han conservado, siendo muy apetecida y disputada por los comendadores de la Orden, a pesar de la escasa superficie de su término municipal su emplazamiento en pleno centro geográfico del Guadalquivir, la hacían disfrutar de una tierra rica y fértil.
Otra vez en la margen derecha del río, aunque ya metida en la sierra, nos encontramos con Villanueva del Río y Minas. Villanueva del Río constituye el pueblo matriz, situado a orillas del Guadalquivir. Su fundación data del siglo XV, como antiguo feudo de los duques de Alba. Las Minas, situada a cinco kilómetros al norte de Villanueva del Río, basa su asentamiento y su origen en las explotaciones importantes de su cuenca hullera; muy activas desde principios del siglo XIX.
El origen de este término municipal se encuentra entre los siglos II y IV a.C. Había un poblado indígena, activo en el siglo III a. C. y cuyas casas todavía estaban habitadas en el siglo I a.C., bastante tiempo después de que la región hubiese sido romanizada. Fue ocupado, entre otros, por ciudadanos romanos de Mulva, sus ruinas de calificadas como conjunto urbanístico de la época romana dedicado a la explotación minera, situado en la vertiente meridional de Sierra Morena, al norte de las minas.
Volvamos al valle. A la altura de Cantillana, el Guadalquivir tenía un vado practicable, lo que marcó la historia de la villa, convirtiéndola en un lugar de paso obligado y un punto de gran valor estratégico.
Los primeros asentamientos se remontan al Neolítico, época de la que se han encontrado abundantes restos en la zona. En la época romana se instaló un importante puerto fluvial.
La Cantillana árabe estaba cercada por una muralla romana que los musulmanes aprovecharon y arreglaron, constituyendo una importante fortaleza en el Camino de Córdoba y Sevilla. Tras un cruento asedio fue conquistada por Fernando III el Santo en el mes de abril de 1247. En 1248 Fernando III otorga la villa a la Orden de Santiago y en 1252 pasa a señorío del Arzobispado de Sevilla.
En el umbral de la zona regable del Viar se encuentra Villaverde del Rio. De dudoso origen, parece que estuvo poblada a partir del Bronce Final. Por los restos romanos encontrados, algunos pretendieron identificar la antigua Canama. Fue conquistada a los musulmanes por Fernando III.
En la orilla de enfrente, nos encontramos con Brenes. Los orígenes de este pueblo se remontan a la época visigoda, en la que la historia cuenta que había un monasterio benedictino llamado Aguas Duras, donde habitaba una monja que fue elevada a los altares con el nombre de Santa Verenne, o Berenia,. Su sepultura se hizo centro de peregrinación popular, incluso durante los tiempos árabes.
Los romanos denominaron a este municipio con el nombre de Qulumbira, que alude a la presencia masiva de palomas en este lugar. Después los árabes le pusieron el nombre de Billa Nuva, Al-Bahroyyin o alquería de los Bahries.
Y al lado de Brenes, nos encontramos con Burguillos. Aunque en la cercanía del pueblo existen ruinas romanas, su origen urbano parece encontrarse en la época medieval. Su nombre actual proviene de Burgo, que significa pueblo. No existen restos de la cultura árabe, aunque existe la conquista castellana.
El río hace un giro pronunciado y encara la localidad de Alcalá del Río, de antiguos orígenes datados del final del bronce, el pueblo se asienta en la actualidad sobre la antigua ciudad romana "Ilipa Magna".
Los musulmanes llamaron a este pueblo "Al-Kalat-Criad-Al-Kibir", en esa época conoce la ciudad otro nuevo esplendor, y solo pudo ser reconquistada por Fernando III su defensor, Axatal, la abandonó. En el siglo XIV fue ocupada por el Marqués de Cádiz, tras sus luchas con el Marqués de Medina-Sidonia.
En la orilla izquierda del río y en dirección al sur está La Rinconada, enclavada en un terreno llano, su núcleo urbano se fue constituyendo en torno a la capilla de Ntra. Sra. de los Dolores, del siglo XV. Sin embargo, con anterioridad existía y poseía importancia estratégica el lugar tomado por Fernando III, quien preparaba el asalto a la capital desde aquella rinconada, de donde parece derivarse el actual topónimo.
Ya casi a la vista de Sevilla, el río Guadalquivir llega a La Algaba entre huertos de naranjos y campos de cereal, algodón, maíz y remolacha.
Identificada como la antigua ciudad romana "Belbilis", que fue destruida en tiempos de los visigodos. Su nombre actual proviene del islámico, y tiene el significado de "bosque", por lo que parece que en aquellos tiempos debía haber una gran extensión de arbolado en la comarca. Fue reconquistada por Fernando III.
Río abajo, en la denominada Vega Baja, llegamos a Gelves. Se piensa que la fundó Augusto César, al que adulaban con el nombre de Genio, de donde pudo derivar Gelves.
En 1.247, tropas capitaneadas por el maestre Palay Correa tomaron Gelves, arrasándola a cuchillo. Seis años después sería reconquistada por Alfonso X. Posteriormente fue cedido a Rey López de Mendoza y pasando a manos de nobles, destacando la gran importancia de la que disfrutó en la época del reinado de los Reyes Católicos, por el apoyo económico y material que prestó la villa en las diversas contiendas militares y proyectos de descubrimiento de la Américas.
Y más adelante llegando al límite inferior de La Vega, lindando la mitad de su término con la Marisma, llegamos a Coria del Río.
Dada su privilegiada situación geográfica y la fertilidad de la zona, Coria ha sido asentamiento de todas las culturas, hay numerosos restos del Neolítico, como hachas pulimentadas, cuchillos, puntas de flecha del Calcolítico y hallazgos del Bronce final y época ibérica.
Los fenicios establecieron en Coria un importante puerto fluvial con factoría; signo de su importancia es que durante la época fenicia acuñó moneda. Fue entonces denominada Caura. Sufrió en el año 885 una invasión normanda que arrasó la villa y diezmó la población.
Durante la época árabe recibió la denominación de Korah. En la conquista cristiana quedó prácticamente desolada, y fue repoblada por mandato de Fernando III y, posteriormente, en época de Alfonso X, asentándose familias catalanas y aragonesas. Posteriormente siguió sufriendo invasiones árabes.























































































