Artesanía

 

ARTESANIA DE LA MARISMA SEVILLANA

Como pueblos de raíces campesinas, la artesanía de la Marisma está vinculada a las tareas del campo y la realizan los hombres mientras las mujeres, alternan las tareas de la casa con el bordado a mano.

Hubo en Villamanrique sombrereros de prestigio, canasteras de mimbre y olivo, trabajos de eneas y un largo etcétera; pero en la actualidad dos pilares básicos subsisten en el mundo de los artesanos: las maestras y bordadoras de los mantones de Manila y los guarnicioneros.

En el municipio de Aznalcázar existe una tradición artesana de enorme variedad y riqueza. La artesanía aznalcaceña tiene multitud de expresiones, desde los bordados, punto de cruz, vainicas(randas) a la zapatería artesana, guarnicionería y Tambores; desde la pintura artística, cerámica a la porcelana rusa, barro, cuadros, mimbre, etc... .

El origen del bordado de Mantón está en China. Los primeros mantones bordados y otras prendas, como quimonos, cojines, cuadros o transparentes se hacen en China. Los dibujos son siempre de motivos Chinos: pagodas, dragones...todo ambientado en el paisaje oriental.

En la época imperial española el comercio marítimo se concreta en varias rutas. Una de ellas es la ruta de Manila (Filipinas), Veracruz (Méjico) y Sevilla (España).
 
Sevilla conoce el mantón traído de Manila muy prontamente, y algún pueblo del Aljarafe, la Vega y la Marisma, como es Villamanrique, estuvo relacionado con este comercio, por ser el marqués de Villamanrique Virrey de Méjico y más tarde por tener entre sus marineros al marino Bernal, de origen manriqueño.

Andalucía dio muy pronto su carácter al mantón, lo cubrió de rosas y claveles donde había almendros y flores acuáticas y sustituyó los dragones y pagodas chinos por motivos florales y escenas costumbristas propias.

Villamanrique es una importante cuna de esta artesanía y desde el Siglo XIX se conservan paños bordados a punto de mantón en esta localidad.

La artesana manriqueña se ha destacado siempre no sólo por la maestría y limpieza que sabe dar a las formas del dibujo sino por la exquisita combinación de colores que da el realce y las sombras a las rosas, pájaros y demás elementos del diseño.
 
La Guarnicionería es destacable y prolífica en la Marisma dada la importancia que el ganado caballar tiene en la comarca. Esta artesanía tiene por objeto suministrar arreos que, ajustados a la talla de las caballerías faciliten sus movimientos naturales y las preserven de toda molestia, roce o golpes perjudiciales.

La variedad de materiales que emplean los guarnicioneros hacen que sea un oficio de base amplia, lo que permite orientar sus actividades a labores y trabajos complementarios, como artículos de caza, deportes, ropa, viaje, etc.  

En guarnicionería se trabajan cueros grasos y curtidos al cromo, que son cortados y perfilados, y cosidos luego con ayuda de la lezna y dos agujas de talabartero e hilo embreado. Las piezas grandes (collera, silla) van rellenas de borra, crin o paja. Los guarnicioneros emplean en su trabajo materiales diversos como cuero, piel, madera, hierro, chapa, tela, pintura, crin, borra, etc. El trabajo en cuero entra en el campo de las llamadas artes menores y su origen data de los primeros tiempos del hombre.

Las pieles que más se emplean en la elaboración del cuero son las de ganado vacuno y cabrío; se utilizan también las de ganado equino, porcino, cada una con sus propias y diferentes características (resistencia, flexibilidad o belleza) que las hacen adecuadas para un uso específico. Una operación común a todas las pieles y previa a cualquier tipo de trabajo en cuero es el curtido. Su objeto es convertir la piel del animal en una materia a la vez suave y elástica. 

En Villamanrique, existe también una tradición muy arraigada en la confección de trajes de flamenca, existiendo múltiples talleres especializados en esta vestimenta regional. Esto tiene su origen en el peso específico que en la comarca tiene la romería del Rocío, donde por excelencia se utiliza esta prenda. Destaca la multitud de diseños, tejidos y su extensa variedad cromática.
 
La pesca, es vieja actividad en esta comarca donde el río funciona como un estuario, con flujos de aguas marinas. Todavía quedan pescadores que hacen de estas artes su forma de vida o complementan sus labores agrarias. Las especies más comunes son los barbos, carpas, sabogas, sábalos, albures, anguilas, cangrejos de río y camarones. En otros tiempos abundaba también el esturión. Las artes o aparejos de pesca más comunes en la zona son la nasa y la red holandesa, la atarraya, el trasmallo, los anzuelos de fondo o palngares y la “cuchara” de las barcas camaroneras, silueta familiar de este paisaje marismeño.

La “cuchara” para la pesca del camarón consiste en la colocación de dos palos de 5 a 10 metros en la proa de la embarcación, unidos por otro transversal, llamado “tragante”. Se coloca en sentido contrario de las mareas, usándose en lugares de poco fondo la variedad de “enrollado”.

La nada, típico aparejo de la zona, es un embudo formado por seis anillas de mayor a menor, separadas entre sí 15 o 20 centímetros, y unidas por la red. Se suele utilizar mucho para la captura de la anguila.

En Isla Mayor, existen aún artesanos sentados en la puerta de su casa solariega y sin dejar de tejer. Esta imagen, recuerda que en el pasado existían muchos más isleños dedicados a su misma labor, un trabajo diario que ya hoy en día se considera una artesanía. Estos artesanos fabrican redes para pescar cangrejos rojos de río, las anguilas y los famosos camarones de la Isla, las especies mas frecuentes que habitan en las aguas del Guadalquivir de del Guadiamar.

El proceso se basa fundamentalmente e encajar las piezas que constituyen las redes: la red en sí, que ya viene elaborada, las arandelas que forman las distintas bolsas y las cuerda que cierra las redes para atrapar las presas.

Existe también en estas tierras, bajas e inundables, difíciles para el cultivo, una tradición a la ganadería que se remonta a la Antigüedad. Es común ver reses bravas paciendo en las orillas. Criada en un territorio duro, esta raza de torotes muy apreciada en las plazas por su fuerza.

Permanecen hoy en día en estas islas del Guadalquivir ocho ganaderías dedicadas a la crianza del toro del Lidia.