Historia

 

HISTORIA DE LA CAMPIÑA

Ocupando casi  la cuarta parte de la provincia de Sevilla, encontramos un extenso territorio que se dibuja entre la Vega y la Sierra del Guadalquivir, de suaves formas y ligeramente ondulado destacando por sus campos de labor, de matices verdes y ocres que encierran una vasta historia a lo largo de muchos siglos atrás. Nos referimos a la Campiña Sevillana. El paisaje horizontal rompe su monotonía por la variedad de cultivos, dehesas y vegas fértiles, y pobladas.

La zona de la Campiña  fue ocupada y poblada por distintas culturas como la cartaginesa, íbera, romana, visigoda o árabe. Sin embargo, fue la reconquista, el periodo histórico mas influyente en la zona si lo miramos desde la óptica de su historia, más reciente.

Esta comarca comprende muchos de los pueblos más importantes de la provincia de Sevilla: Alcalá de Guadaira, Arahal, Cañada del Rosal, Carmona, Écija, El Rubio, Utrera, El Viso del Alcor, Mairena del Alcor  La Campana, Fuentes de Andalucía, La Luisiana, la Lantejuela, Paradas, Marchena, Los Molares, Puebla de la Cazalla, Osuna y Estepa. Además, en lo que a extensión se refiere es la más grande de la provincia, de ahí la distancia existente desde algunos municipios a la capital.

Podemos acceder a la comarca a través de la N- IV sentido Madrid y la A- 92 sentido Málaga.

Presenta un pasado histórico de suma importancia, encontrando vestigios de pobladores desde periodos pre y proto históricos. Sin embargo hemos de destacar que no encontramos cambios sustanciales en los patrones de población de estos pueblos hasta la llegada de los Tartesos, cuando éstos evolucionaron en sus  estructuras socio – económicas y  socio - políticas.  La extracción de minerales, principal actividad económica, que a su vez propició una incipiente actividad comercial condujo al asentamiento de sus colonias Tartessas  por distintas zonas de la península. La organización era necesaria para una actividad minera próspera y  constante. 

El contacto comercial de este pueblo con fenicios y griegos marcó una influencia orientalizante.  De hecho, fue  un capitán griego llamado Astur o Astir a quien se atribuye la fundación de la ciudad de Écija , convirtiéndose en un punto de comercio helénico y Púnico en la península.

Con la decadencia tartéssica la comarca mantiene su estructura de población   en pequeños núcleos urbanos-agrícolas, incrementados ahora en número y dispersión. Entre los siglos VI y III a. C. podemos hablar de un poblado  de tipo Íbero cuyas cabeceras serían los centros de CARMO (Carmona), URSO (Osuna), ASTIGI (Écija) y ASTAPA (Estepa).
 
El crecimiento de estos lugares tuvo mucho que ver con la expansión de la cultura ibera por todo el litoral mediterráneo y con el intenso contacto con fenicios griegos y cartaginenses.En cuanto a las bases socio-económicas de esta expansión, última antes de la conquista de la zona por Roma, seguirían siendo la agricultura y ganadería, con producción de excedentes de la llamada "trilogía mediterránea”. La explotación de la tierra en cultivos de secano se realizaría a través de los primeros "latifundios", usando el término con cautela,  propiedad de los primeros grandes "jerarcas" de la zona, probablemente jefes locales de los pequeños asentamientos con necrópolis cercanas.

Durante la época romana, la comarca estuvo basada en las villae o unidades de explotación agrícolas, principalmente del cereal y del olivo, convirtiéndose después en las alquerías árabes antecedente de los actuales cortijos y haciendas.

Por otro lado otros hallazgos y estudios demuestran que también existió un núcleo urbano de la época romana en La Campana.  Por las inscripciones encontradas en Paradas, se cree que en su ubicación actual existió un poblado romano denominado Calla, si bien hay otras tesis que creen que el actual pueblo creció al transcurrir por ella una calzada romana en la que se construyeron casas independientes. Por su parte,  la Astapa (Estepa) Ibérica opuso gran resistencia al pueblo romano resultando destruida en el 208 a.C.

Sin lugar a dudas, en la época romana, Carmona existía ya como una autentica ciudad,  cuyo eje noreste–suroeste enlazaba la puerta de Sevilla con la de Córdoba y otro que unía la puerta de Marchena con la de la Sevilla. La intersección de los dos ejes (el foro) sería la actual Plaza de San Fernando. El desarrollo económico posibilitó el crecimiento de la ciudad durante el siglo I  d. C y durante el siglo II, con los emperadores trajano y Adriano. Las reformas adaptaron la vieja ciudad a los conceptos urbanísticos romanos.

En otros municipios como Osuna, se alcanzó en la  época romana un gran esplendor urbanístico, cultural y militar, llegando a ser campamento de su propia legión.

Écija conservó el mismo nombre, Astigi durante la época romana, período en el que participó activamente en las guerras entre César y Pompeyo, apoyando al primero en la batalla de Munda, contra los hijos del segundo, por lo que fue engrandecida por el gobernante romano. Augusto le concedió el título de Colonia Augusta Firma y la convirtió en capital de uno de los cuatro “convento iuridici” de la Bética, con jurisdicción sobre la mayor parte de de Andalucía central y oriental. Es una época de gran importancia económica pues a la actividad agrícola se unen las del comercio sobre todo con el aceite y los cereales a través del Genil y con rumbo a Roma.

La prosperidad alcanzada en Roma se mantuvo durante la época musulmana, derivándose los topónimos actuales de los municipios de la comarca. Los asentamientos se convirtieron en importantes poblaciones destacando sus productos agrícolas. De hecho, por la procedencia de vocablo y su significado, parece ser que Arahal en la época islámica debió ser un lugar donde los pastores guardaban sus rebaños.
 
La reconquista cristiana dejó a la comarca repartida, en la parte de Écija,  entre dos centenares de familias castellanas mientras que en el resto de la comarca estuvo en manos de dos casas nobiliarias, la de Osuna y la de Arcos, cuyo empeño estuvo basado en promover empresas espirituales por toda la comarca. La conquista cristiana, adoptó en algunas zonas del valle del Guadalquivir y la Campiña  tres formas: asalto,  donde los vencidos lo perdían todo; por capitulación, donde  sólo perdían los bienes raíces, como ocurrió en Córdoba;  y por pacto, donde sólo perdían las fortificaciones y los bienes fiscales. Los musulmanes de esos territorios deseaban por encima de todo poder seguir cultivando sus tierras pacíficamente, por eso, ante el hecho irreversible de la conquista cristiana,  se fueron entregando al rey Fernando III la población musulmana de pueblos como  Ecija y Estepa. De esta manera, muchos musulmanes conservaron sus propiedades y algunos sus derechos, aunque ahora tenían un nuevo soberano, que les cobraba tributos, controlaba la guarnición y se reservaba la posesión de las tierras de los fugitivos.
 
Tras la conquista cristiana, se produce el repartimiento del territorio quedando las poblaciones regidas por un concejo con una carta – fuero o bien en manos de los señoríos.  Tras ser conquistada por Fernando III, Écija se trasformó en un centro agrario y sirvió de base de operaciones para conquistar el resto de Andalucía.

Hoy día la zona de la Campiña es para la provincia de Sevilla un importante foco turístico lleno de un sin fin de monumentos y otras obras de gran interés;  lo que nos habla de una riqueza cultural muy amplia.

Por otro lado cuenta con una incipiente actividad industrial gracias la cultivo del olivos y es ocupa casi la cuarta parte de la provincia. Es una de las comarcas de mayor importancia de la Provincia de Sevilla, con una densidad de población muy considerable en toda la provincia.