RECURSOS NATURALES DEL ALJARAFE
La comarca del Aljarafe, forma un promontorio inclinado en dirección norte-sur y cuya parte más elevada no pasa de los doscientos metros. Esta condición de elevación, aunque suave, es una característica primordial ya que el nombre tiene aquí su origen. Pues proviene de la palabra árabe “as saraf”, de donde proviene Aljarafe, que significa mirador, elevación u otero.
El Aljarafe está en la zona sudoeste de la provincia de Sevilla, lindando al norte con la Sierra Norte de Sevilla, al oeste con el río Guadiamar, al sur con los terrenos de la marisma de la provincia y al este con la rivera derecha del río Guadalquivir.
El Aljarafe es una comarca agrícola por excelencia, tierra fértil y productiva, donde el olivar tiene un alto índice de ocupación desde muy atrás en el tiempo. Hubo momentos en los que también el viñedo tuvo una presencia muy destacada, hoy anecdótica.
Las condiciones climáticas tan benignas y su gran potencial agrícola han sido factores causantes de que el nivel poblacional de esta comarca haya sido bastante alto desde pasado inmemorial. Así desde la prehistoria hasta nuestros días ha sido un territorio de numerosos asentamientos poblacionales a pesar de ser exiguo en extensión. Probablemente sea por estas razones climáticas aludidas por lo que en la última década se está produciendo un crecimiento desmesurado de habitantes, de zonas construidas y urbanizadas.
El clima del aljarafe es el de la zona en la que se halla enclavado, con algunos leves matices microclimáticos puramente locales. De esta manera, dentro de las características de un tipo mediterráneo, tiene sus temperaturas máximas en verano, con unas estimaciones intermedias moderadas y unos inviernos suaves, no rigurosos, siendo la media de 25 grados en las máximas y de 11 en las mínimas..
Las precipitaciones presentan sus máximas en otoño y primavera, siendo el máximo otoñal el más pronunciado, y dos mínimos en invierno y verano, siendo este último el más extremado, convirtiéndose frecuentemente el verano en una estación completamente árida.
La comarca del aljarafe está repleta de haciendas que demuestran la importancia que tuvo y tiene la presencia del olivo y la vid que hizo que la zona se convirtiera en la comarca de las haciendas. Estas edificaciones se levantaron expresamente para asumir todas las tareas de extracción del rendimiento olivarero.
La vid, siempre ha ocupado menos extensiones que el olivar o los cereales, pero ha sido el cultivo aljarafeño que ha proporcionado mayores rendimientos. Sin contar con la mitificación que ha tenido el olivar, el viñedo es un pilar fundamental en la economía y personalidad de su comarca.
Los pueblos de la comarca cuentan con una estructura urbana similar, edificaciones de altura de no más de tres pisos en toro a una plaza central en la que se desarrolla la vida del pueblo. En muchos casos, las antiguas haciendas han entrado a formar parte de esa estructura urbana, ya que las construcciones han ido creciendo hasta incorporar estas casas de campo a la ciudad.
Las antiguas haciendas están muy ligadas al paisaje natural y a un sistema de explotación agrícola, donde se integran funciones tan diversas como la residencia señorial, la industria de transformación de la aceituna y otras actividades agrícolas e incluso ganaderas, de modo que a cada actividad corresponde su propio espacio.
Son, pues, tres unidades con funciones distintas y complementarias las que determinan la tipología de las haciendas: la almazara o industria de transformación de la aceituna en aceite, las dependencias destinadas a labores agrícolas y las específicamente dedicadas a la función residencial y social.
No todo en el aljarafe es campo de cultivo, olivar o viñedos, también hay parajes con una riqueza en su flora y fauna que merecen una mención especial por el cuidado y la conservación e incluso de recuperación que están llevando a cabo.
De entre todos estos parajes destaca El Corredor Verde del Guadiamar. Con una superficie protegida de 2706 hectáreas y una longitud de 40 Km. a lo largo del tramo medio de río Guadiamar, conforma un pasillo ecológico que conecta Doñana con Sierra Morena. Esta rivera del río ha sido recuperada por la Junta de Andalucía tras el desastre que supuso el vertido, en abril de 1998, de la mina de Aznalcollar. Este corredor ecológico cuenta con diferentes ecosistemas que has sido recreados, como son el monte mediterráneo, las marismas fluvial y la ribera. Las instituciones apuestan por convertirlo en uno de los principales atractivos naturales de Sevilla.
Otro praje a tener en cuenta son los 70.000 metros cuadrados que la localidad de Pilas ha reservado, donde habitan más de 100 variedades de plantas y 50 especies de animales, inaugurado en 1987.
O la Dehesa Boyal, espacio cedido a Pilas por Juan II de Castilla en 1435, donde se puede disfrutar del paisaje marismeño y de la ganadería vacuna y caballar que se cría en la zona.
Existe también en esta localidad un corredor ecológico de 12 kilómetros perteneciente al Parque Natural de Doñana, el Arroyo de Pilas. Calificado como un típico arroyo estacional de la región mediterránea, se han catalogado casi 50 variedades de plantas y un número muy superior de animales, de los cuales 42 son especies de aves. Es tributario del río Guadiamar. Su nacimiento se localiza en el término municipal de Manzanilla, en Huelva, a 170 metros de altitud.
Continuando con las riberas, es de mención los bellos parajes naturales, las laderas del “río” a su paso por el término de Huevar, aunque son de muy difícil acceso. Y de esta localidad, los bellos campos del encinar del “Cortijo Espechina”.
Finalmente, en este pequeño esbozo de naturaleza pura, hay que asomarse al mirador del monte en Gelves, y divisar las esplendidas panorámicas que dominan todo el valle.
Mundo Queso





















































































