Historia

 

HISTORIA DEL ALJARAFE

El origen del nombre Aljarafe viene del vocablo árabe “as saraf”, que significa  mirador, elevación, otero.

El Aljarafe está situado en la zona sudoeste de la provincia de Sevilla, lindando al norte con las estribaciones de Sierra Morena, al oeste con el curso del río Guadiamar, al sur con los terrenos marismeños de la provincia y al este con la margen derecha del río Guadalquivir.

El camino más directo para llegar a sus tierras es tomando la autopista A-49 en sentido a la provincia de Huelva.

Tierra fértil donde las haya, los primeros asentamientos encontrados en la comarca datan del paleolítico, como lo confirman los hallazgos encontrados en el importante yacimiento de Valencina de la Concepción, piezas cerámicas, armas, ídolos religiosos y ajuares aparecen en el yacimiento, uno de los más importantes de Europa y cuya cronología se extiende desde el 2.500 al 1.500 antes de Cristo. Además, como centro poblacional, es el más grande de los investigados hasta ahora.

Pero lo más importante del yacimiento son sus dólmenes, estructuras de complicada arquitectura formada por un corredor y una cámara circular donde se realizaban enterramientos colectivos. Tres dólmenes destacan por su carácter excepcional: el dolmen de La Pastora, el dolmen de La Matarrubilla y el dolmen de Ontiveros, siendo los dos primeros visitables.
 
Avancemos en la historia, y hagamos una parada el la civilización más antigua conocida de la zona. Hablemos de TARTESSOS:

Tartessos fue una civilización desarrollada por un pueblo prerromano asentado en el tercio sur de la península Ibérica entre los siglos X a VI AC; pero también fue el territorio que ocupó, a su principal río (el actual Guadalquivir) e incluso a la posible ciudad capital de ese estado, que se ha intentado hallar mediante varias excavaciones arqueológicas, sin éxito alguno, en las costas de Cádiz y Huelva, cercanas a la desembocadura del antiguo Betis.

Las fuentes clásicas, hablan de Tartessos como una civilización muy refinada, las alusiones a su riqueza en la Biblia, su final aún no aclarado y su conexión con ciertos mitos, que han creado un halo de misterio y fascinación por esta civilización todavía tan desconocida.
Sin embargo, se han encontrado restos materiales importantes de esta cultura y muchas de las fuentes históricas no dejan lugar a dudas de su existencia y del importantísimo papel que desempeñó Tartessos en la primera mitad del primer milenio antes de Cristo. Tesoros encontrados como el de El Carambolo, en Castilleja de la Cuesta, ponen de manifiesto su refinamiento artístico y el dominio del trabajo con metales.

El personaje más conocido de esta civilización, o imperio, fue Argantonio, monarca que se mueve entre la leyenda y el hecho histórico, y en cuyo reinado (fines del siglo VII a principios del VI A. C) la civilización tartésica alcanzaría su mayor esplendor. Poco después a finales de este último siglo, la civilización tartésica desaparece, sin que estén claras la forma ni las causas. Según algunas tesis fueron los cartagineses los causantes de su ruina. También existe la hipótesis de que el pueblo ibero de los túrdulos o turdetanos, es el heredero de los tartessios.

Avanzando en el tiempo, la cultura que más huella ha dejado en la comarca es la romana. Los romanos llamaron “Vergetum”, vergel, a estas tierras, de las cuales se exportaba aceite y vino a todo el imperio. Hablar de Roma en la comarca es hecerlo de ITALICA.
 
Tras las II Guerras Púnicas, se establece un asentamiento de colonos romanos en el valle del Guadalquivir. El General Publio Cornelio Escipión, después de la victoria sobre el último ejercito cartaginés de Ilipa, funda la ciudad en el año 206 a.C., en una colonia próxima al río. Estableciendo así la primera ciudad auténticamente romana en Hispania. En recuerdo al origen de sus habitantes, llama a la cuidad Itálica.

La colonia de la fundación antigua se encuentra debajo del actual pueblo de Santiponce. Las primeras familias que se asentaron llegan a constituir una clase aristocrática. Dos de ellas, la de los Ulpios y la de los Delios, darán a Roma en el S. II a Trajano y a Adriano. A partir de entonces, la cuidad será favorecida con donaciones, reconstrucciones, edificios públicos, murallas y un nuevo territorio q se extiende hacia el norte, en la colonia próxima: la nueva cuidad (nova urbs), que es la parte visitable del conjunto arqueológico (a excepción del teatro, que se encuentra en el mismo pueblo). Adriano fue el artífice del embellecimiento de su cuidad natal y de la creación de esta nueva ciudad.

Después de la ultima fase de apogeo que vivió esta cuidad romana durante el s. III y IV d.C, comienza el declive paulatino de Itálica hasta llegar a su total abandono. Durante la época musulmana alcanzó un gran desarrollo socioeconómico, participando posteriormente activamente en las tareas de repoblación que sucedieron a este dilatado y fructífero periodo.

Los historiadores no se ponen de acuerdo a la hora de juzgar el papel de la comarca en la época histórica de la Reconquista. Para algunos, el Aljarafe era la baza estratégica con que contaban los árabes para asestarle el golpe definitivo al avance de las tropas Fernando III.

Las características de la repoblación del aljarafe fueron decisivas para establecer un marco social en el que la convivencia fuera posible. Mientras en la mayoría de las tierras conquistadas, los colonos solo recibían casas y tierras de labor, en el aljarafe también recibieron tierra de olivar, viñas y huertas para cultivar.

La repoblación contemporánea, ultima conquista del Aljarafe, se ha convertido en un verdadero “boom” demográfico, que tiene en la progresiva desruralización de la comarca su causa y su efecto, presentándonos al Aljarafe esa fisonomía e identidad con la que la conocemos hoy en día.