Arte y Arquitectura

 

ARTE Y ARQUITECTURA DEL ALJARAFE

Para iniciarnos en la arquitectura del Aljarafe, podemos hacer un viaje en un mapa imaginario. Caminando paso a paso por él nos daremos cuenta al llegar a su final, de toda la variedad y riqueza que esta comarca encierra en sus pueblos.

Empecemos este viaje por Castilleja de la Cuesta, entrada de la comarca. Su entorno está caracterizado por las extensiones de olivos que la rodean.

En esta población nos encontraremos con edificios como la Iglesia de la Concepción, del siglo XVII, en la que se puede contemplar un inmenso retablo de estilo barroco. Otros edificios de interés son la Iglesia de Santiago del siglo XIV y de estilo mudéjar, predominante en toda la comarca, como la ermita de Nuestra Señora de Guía, sin olvidar el palacio de los duques de Salinas en pleno casco urbano.

Antes de seguir avanzando en nuestro camino, detengámonos un momento a reflexionar y analicemos cuales son las características de este arte mudéjar, ya que se puede decir que es el estilo constructivo propio del Aljarafe.

El mudéjar es un estilo de construir y decorar edificaciones que tiene su origen en la numerosa presencia de musulmanes en los territorios andaluces a pesar de su toma por los cristianos en la época medieval. Precisamente la etimología de la palabra mudéjar hay que buscarla en el vocablo árabe "mudayyan "que se traduce por "tributario", "vasallo", "sometido".

El mudéjar es un estilo artístico de pervivencia y de convivencia entre rasgos culturales diferentes. De pervivencia porque es un estilo depositario de tradiciones constructivas musulmanas que se quedan; y de convivencia porque supone la aceptación por parte de los conquistadores de rasgos culturales de los vencidos.

Sin embargo, podríamos pensar, recogiendo lo que dice algún autor, que hay razones de economía para adoptar este estilo de construir. El ladrillo, el yeso y la madera son más asequibles y baratos en el territorio que el acarreo y la talla de la piedra, necesidades primordiales del gótico, arte constructivo que traían los cristianos en la época.

El mudéjar es el resultado de la conjunción de otros tantos, tiene orígenes diversos: en el sustrato del almohade sevillano; en la arquitectura granadina; en el arte meriní de Marruecos e incluso influencias del mudéjar toledano.

Desde el punto de vista material, entre otros rasgos, se caracteriza este estilo principalmente, por el uso del ladrillo en sus muros y torres; del artesonado de madera en las cubiertas; de la bóveda, esquifada o semiesférica, sobre trompas en los presbiterios de planta cuadrada, recordando a las qubbas islámicas; y del uso de elementos decorativos típicamente musulmanes sobre todo en portadas y muros.

Continuemos andando, nuestro siguiente punto de encuentro de llama Gines. Su paisaje es el propio de una localidad agrícola, con protagonismo exclusivo del olivo. Al adentrarnos en el pueblo, veremos monumentos singulares, como la iglesia de la Virgen de Belén, originalmente de estilo mudéjar pero con reformas en el siglo XVIII. Su retablo mayor es ejemplo del mejor rococó. Otros edificios de importancia so la ermita de Santa Rosalía, el siglo XVIII, y otros numerosos palacios y haciendas del mismo siglo repartidos por todo el pueblo, destacando entre ellos los la Concepción, el del Marqués de Torrenueva y el Santo Ángel.

Seguimos el recorrido y llegamos a Tomares. El origen de esta población se remonta a la época romana, siendo más tarde una alquería árabe. Un punto obligado en nuestro caminar es la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, cuyo estilo arquitectónico es mudéjar, aunque ha tenido algunos retoques posteriores. La pieza más preciada es el conjunto escultórico del Calvario, datado en los siglos XVII y XVIII.

Nos tomamos en Olivares, todo un día para visitar el Palacio del Conde-Duque de Olivares. Toda una joya de la comarca.

Nuestro paso se detiene ahora en San Juan de Aznalfarache. Su casco urbano alberga numerosos lugares de interés, como la iglesia de los Sagrados Corazones, la cual, originalmente, formaba parte del convento de los Franciscanos. Su estilo arquitectónico va desde el mudéjar al barroco, pasando por el gótico y el renacentista. Junto a esta iglesia se encuentra además el monumento al Corazón de Jesús, desde donde se divisa una impresionante vista de los alrededores. Otros puntos de parada son la capilla barroca de Nuestra Señora del Rosario, levantada en el siglo XVIII, la iglesia de San Juan Bautista, de principios de XX, o los restos de las Murallas Árabes.

Con esta breve incursión en el Aljarafe, nos hemos podido hacer una idea de la riqueza que engloba toda esta comarca sevillana. No obstante, no queremos dejar atrás, tres edificios de estas tierras muy significativos en este estilo mudéjar que domina toda la comarca aljarafeña. Estos edificios en concreto son: Las iglesias de San Pedro en Sanlúcar la Mayor y de San Pablo en Aznalcázar, y las ermitas de Gelo y de Cuatrovitas en las localidades de Benacazón y de Bollullos de la Mitación, respectivamente.

En nuestro viaje arquitectónico, hemos visto innumerables edificios, casi todos de carácter religioso, algún convento, algún palacio o palacete, pero debemos pararnos en unos singulares edificios, que aunque antiguamente estaban en las afueras de los pueblos, debido al crecimiento de los mismos, se encuentran en la actualidad dentro de casco urbano; hablamos de las almazaras y los lagares. Estos edificios, dedicados a la fabricación del aceite y del vino, respectivamente, son en especial, muy frecuentes en la comarca del Aljarafe, debido a esta cultura del aceite y del vino tan arraigada en la zona.

La estructura principal de la almazara era un molino de aceite con un empiedro formado por la solería o alfarje y uno o dos rulos. La aceituna, que cae desde una tolva es triturada por las piedras. La masa molida se desliza al canal que circunda el alfarje, de donde se saca para el prensado. En los molinos de sangre, una caballería hace girar el malacate, que pone en movimiento los rulos, sujetos al árbol o eje. Por su parte superior, el eje juega en el quicio de la viga. A veces, para impedir el movimiento inverso, una rueda dentada hace las veces de piñón. Este antiguo procedimiento de prensado era común tanto lagar como a la almazara.

Podemos encontrar almazaras en las poblaciones de Valencina de la Concepción, Castilleja de la Cuesta, Castilleja de Guzmán, Humbrete, Espartinas, Palomares del Rió y San Juan de Aznalfarache entre otras.

Los lagares son la segunda construcción en orden a su importancia, detrás del molino aceitero, necesaria para la transformación de los productos agrícolas y, aunque en algunas haciendas, cuyos campos se dedicaban preferentemente al cultivo de la vid, podía desplazar a un segundo plano al molino e incluso que éste no existiera como en el caso de la hacienda de las Cadenas de Palomares del Río, lo normal, no obstante, era que existiesen ambos aunque se utilizase la misma viga para las dos funciones.

El lagar, al igual que el molino aceitero, está compuesto por una nave alargada en la que se aloja “la viga” junto a la cual suele ir otra adosada con suelo cerámico sobre el que se procederá a la pisa de la uva y con dos portezuelas exteriores altas para facilitar así la descarga de los carros que acarrean el fruto. Cercanas al lagar o adosadas a él quedan las bodegas o atarazanas con suelos terrizos o enladrillados, anchos muros de tapial y cubiertas de madera y tejas, donde se alojan las tinajas o bocoyes donde se guarda el vino.

Otro típico edificio característico del Aljarafe, son las Haciendas.
Las antiguas haciendas están muy ligadas al paisaje natural y a un sistema de explotación agrícola, donde se integran funciones tan diversas como la residencia señorial, la industria de transformación de la aceituna y otras actividades agrícolas e incluso ganaderas, de modo que a cada actividad corresponde su propio espacio.

Son, pues, tres unidades con funciones distintas y complementarias las que determinan la tipología de las haciendas: la almazara o industria de transformación de la aceituna en aceite, las dependencias destinadas a labores agrícolas y las específicamente dedicadas a la función residencial y social. Son más de 200 las haciendas que existen en la comarca del aljarafe.