El desarrollo urbanístico de la ciudad de León y su relativa industrialización provocaron un incremento económico de cierta consideración así como la introducción de formas modernas que posibilitaron el desarrollo de la ciudad. Este desarrollo pronto se extendió a las zonas limítrofes de la ciudad, así como a los numerosos municipios que componen esta comarca. Pero el crecimiento económico y hacia formas modernas supone también la implantación de una seria amenaza para los recursos naturales de estas tierras. Esta amenaza ha sido especialmente patente en la comarca, donde se ha primado este feroz desarrollo en contrapartida a la conservación de un medio ambiente muy rico.
La comarca se sitúa en el mismo centro de la provincia de León, aunque algo hacia el este, tomando como punto central de referencia la capital provincial. Esta especial situación ha caracterizado a estas tierras como zona de transición en todos los ámbitos. En primer lugar geográfico. Nos encontramos con una comarca que se define en el sur por las peculiaridades propias de la Tierra de Campos y de los Páramos leoneses. Pero el norte se encuentra ubicado a los pies de las estribaciones de la cordillera Cantábrica, por lo que la influencia de La Montaña será palpable en todos los ámbitos, no sólo cultural sino también medio ambiental. Las diferencias de altitud variarán, por lo tanto, entre las tierras meseteñas del sur y los pies montañosos del norte, tomando como referencia la altitud de la ciudad de León que se centra en torno a los 800 m.
Se puede suponer también que la incidencia en el clima también será destacable. Toda la comarca se inscribe de lleno dentro del tipo climático denominado como mediterráneo, aunque exista una fuerte incidencia de un clima de tipo continental. Esto supondrá la existencia de veranos extremadamente calurosos y fríos invernales acusados. Las precipitaciones son escasas, centrándose en los meses más fríos. Pero la presencia de la montaña en el norte comarcal impondrá también sus pautas meteorológicas. De esta forma el frío invernal se verá acentuado por la llegada de viento procedente de estas zonas de altura que provocará que la sensación térmica sea más pronunciada. De la misma forma, durante el invierno, muchas de las precipitaciones serán en forma de nieve.
Esta transición tendrá su evidente consecuencia en todos los aspectos que hacen referencia a la flora y a la fauna de Tierras de León. De esta forma, podremos encontrar centrados en la misma comarca, elementos que nos remitan a aspectos ecológicos de la montaña leonesa junto a otros que se pongan en relación con las zonas llanas de la provincia. De la misma forma, podremos encontrar especias vegetales y animales tanto mediterráneas como atlánticas. Para describir estos aspectos, tomaremos como referencia dos coordenadas: La vegetación y fauna de los montes, y la de las vegas.
En los montes, la vegetación que predominaba antaño era la de los bosques de robles. El roble característico era del tipo albar, aunque podrían encontrarse otras variedades como los melojos o el carvallar. Estos bosques fueron talados en beneficio de los cultivos cerealísticos. No es raro poder observar en las laderas de los montes de Tierras de León numerosas tierras dedicadas al cultivo del cereal. Era costumbre talar las zonas de bosque y quemarlas con el objetivo de adecuar las tierras que antes ocupaban para obtener más recursos agrícolas. Por esta razón, en la actualidad se pueden vislumbrar pequeñas manchas de zonas boscosas que apenas perviven, junto con algunas encinas y encinos supervivientes en las vallinas. Esta situación se ha intentado paliar mediante el pino de repoblación.
Muchas de estas antiguas tierras recuperadas para el cultivo han sido abandonadas, por lo que es frecuente poder observar que en la actualidad se encuentran totalmente cubiertas de una espesa vegetación de matorrales y arbustos. Entre las especies que más abundan en las zonas de monte podemos citar los urces. Junto a ellas, es frecuente el espino albar, conocido como “majuelo”, siendo sus frutos denominados “majolinos”. Es un arbusto de unas grandes proporciones y muy esbelto, que puede llegar a adquirir una gran altura sobre todo en estado salvaje. Esta vegetación se puede completar con la enumeración de otras especies como el tomillo, el espliego, las hierbas pratenses, las margaritas, los cardos, etc.
Las vegas y riberas de los ríos han sido las que más han sufrido la colonización por parte de las tierras de cultivo. Flanqueando el curso de los ríos, formando en ocasiones los denominados “bosques galería”, pueden verse grandes extensiones de chopos. Sin embargo, predomina la sucesión de huertos y de praderas que han sido aprovechados económicamente. Aun así, perviven importantes poblaciones de espinos, zarzamoras, negrillos y mimbreras. Entre los productos cultivados, podemos citar la remolacha, las alubias, el cereal, la alfalfa, a los que habría que añadir árboles frutales como el manzano, el peral, el membrillo y alguna higuera.
La fauna sigue una distribución semejante. Destruido el hábitat boscoso de los montes, en la actualidad es difícil ver piezas que antes poblaron estas tierras. Nos estamos refiriendo a los corzos o los jabalíes, e incluso, a los lobos. Sin embargo, sí son frecuentes las liebres y los conejos de monte, junto con mamíferos menores como los topillos, los ratones y las musarañas. En cuanto a las aves, las más características son los milanos, aguiluchos, cernícalos y otras rapaces. La fauna de las vegas se caracteriza por estar compuesta por animales de agua y de matorral. En los ríos leoneses ha adquirido fama nacional la trucha común. Junto a ella, el cangrejo, aunque sufrió una pesca incansable hace relativamente pocos años, por lo que su población se vio gravemente diezmada. La nutria sí que ha desaparecido de los ríos de León, aunque todavía puede verse alguna rata de agua. En las zonas de huertas predominan las aves, como las urracas, éstas cerca de las choperas, ruiseñores, mosquiteros, zarceros, mochuelos, mirlos, lechuzas, golondrinas o carboneros. Finalmente, podemos relacionar algunos de los reptiles presentes en la zona, como la culebra de agua, los lagartos, las lagartijas, e incluso, algunas víboras. Esta población se completa con anfibios como la rana verde, la bermeja o la ranita de San Antonio.
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