Manzana Reineta del Bierzo
La Cueva del Túnel (Valdevimbre)
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Leproim (León)

Fiestas / Tradiciones

FIESTAS.          Esta comarca dispone de gran abundancia de fiestas. Desde las religiosas a las profanas, algunas de ellas han llegado a superar los límites provinciales y han sido, incluso, declaradas de Interés Turístico Nacional. Sus orígenes son antiguos y podríamos clasificarles atendiendo a diversas tipologías. Por ello, por su gran cantidad y variedad, describimos aquí algunas de las más peculiares, con más raigambre y que más fama han adquirido con el paso del tiempo.

     De gran tradición y peculiaridad, son “Las Cabezadas”. Se celebra, según la leyenda, para agradecer a San Isidoro haber oído las rogativas del pueblo para que lloviese en abundancia en León y su alfoz. Con este motivo, todos los años, el último domingo de abril, todo el Ayuntamiento en pleno se presenta ante el cabildo de la Basílica de San Isidoro para ofrecerle un cirio y dos hachas de cera. El Cabildo las acepto, no sin antes recordar su carácter obligatorio o de foro. En ese momento, se inicia la discusión entre el representante municipal y el Cabildo, a modo de concurso de oratoria, propiciando una interesante batalla dialéctica. Ésta culmina con un empate entre ambos contendientes, quienes se citan para resolver la disputa el año siguiente. Al despedirse, los representantes municipales hacen tres reverencias muy exageradas, lo que ha dado el nombre popular a esta curiosa fiesta.

     Como importante fiesta que conmemora un hecho histórico, podemos destacar “Las Cantaderas” celebradas en León. Según cuenta la leyenda, los reyes asturleoneses debían entregar a los califas musulmanes, en concepto de tributo, un total de cien mujeres de su reino; es lo que se ha dado a conocer como el “Tributo de las cien doncellas”. Esta fiesta celebra la victoria cristiana en la batalla de Clavijo, por la que los monarcas de Asturias y León se verían exentos de pagar tal tributo. Se celebra el domingo anterior al 5 de octubre. El acto consiste en un grupo de mujeres jóvenes que, vestidas al modo medieval, debían recorrer el trayecto entre el antiguo ayuntamiento y la Catedral bailando al ritmo de la “sotadera”, mujer encargada de instruirlas en las costumbres musulmanas. Una vez que llegan al claustro, la corporación en pleno realiza una ofrenda con los productos típicos de la tierra a la Virgen del Foro y Oferta. Estos productos sustituyen al cuarto de toro que el Ayuntamiento debía entregar al Cabildo Catedralicio como oferta, aunque éste lo reciba como foro, después de discusiones entre ambas instituciones, al igual que ocurre en la fiesta mencionada anteriormente.

     Coincidiendo en fechas con esta celebración, aunque no exista ninguna relación entre ellas, sino más bien con los festejos en honor de San Froilán, patrono de la Diócesis de León, las calles de la ciudad se ven recorridas por un grupo de carros engalanados y pendones de pueblos de la provincia, que confluyen en la Plaza del Grano después de haberse exhibido todos en la plaza enfrente de la Catedral. Una vez allí, los asistentes pueden degustar chorizos y morcillas de la tierra.

     De carácter más lúdico, en León las fiestas grandes han pasado a ser las de San Juan y San Pedro, reminiscencia de tiempos paganos en que se celebraba el solsticio de verano. Durante estos días, la ciudad se ve envuelta en numerosas celebraciones, donde, por encima de todo, prima la diversión. Como complemento de las fiestas de San Juan y San Pedro, aparecen los actos taurinos. Aunque no lo pueda parecer, la celebración de corridas en la ciudad constituyen una importante tradición que se ha mantenido viva durante años, o siglos, hasta la actualidad. Según cuenta la tradición, los carniceros leoneses estaban obligados, con motivo de estas fiestas, a entregar a los vecinos un astado que, posteriormente, sería merendado en un acto comunal en las eras de El Ejido.

     Un acto religioso se ha convertido en uno de los mejores escaparates del folclore leonés. Es la romería de la Virgen de Camposagrado, en la que se celebra, según la tradición, la victoria de Don Pelayo sobre los musulmanes en estos parajes. Se realiza el segundo domingo de junio, habiendo una segunda el 8 de septiembre. Con motivo de esta celebración, en los campos adyacentes al santuario del mismo nombre, tienen lugar todos los años certámenes en los que se reúnen distintos grupos folclóricos de toda la provincia leonesa, mostrando sus bailes, canciones e indumentarias, a lo que se une el concurso del mastín leones y un corro de lucha leonesa. De esta manera, se mantiene vivo con gran fuerza el espíritu tradicional de la provincia, y Camposagrado se convierte en centro de reunión de todos lo que mantienen viva la abundante herencia popular de la provincia.

     Sin embargo, la romería por excelencia de la comarca es la que se realiza todos los 5 de octubre a La Virgen del Camino, en honor de la Virgen del mismo nombre. Esta fiesta se acompaña por una importante feria en la localidad citada, donde son típicos productos como las avellanas, los llamados “perdones”, y otros frutos secos. Pero a la vez, se puede disfrutar de numerosas actividades lúdicas que acompañan a esta fiesta, en un principio de carácter sacro. Esta romería, celebrada semanas después de “Las Cantaderas”, se celebra también en honor de San Froilán. Es de gran importancia esta fiesta, ya que son miles los devotos que recorren a pie los cuatro kilómetros que separan el santuario de León, para besar el mantón de la Virgen y acariciar la nariz del Santo.

     La fiesta religiosa más grande de estas tierras está constituida por la Semana Santa de la capital leonesa. En la ciudad destacan las numerosas procesiones de los “papones”, forma como se conoce a los componentes de las cofradías en León, que recorren las distintas calles de la ciudad de forma ininterrumpida durante la celebración de la Pasión de Cristo. Pero hablar de esta fiesta en la ciudad de León, de carácter extremadamente piadoso, implica aludir a la total falta de reverencia y carácter lúdico que implica la celebración del llamado “Entierro de Genarín”. A modo de burla, desde 1930, todos los Jueves Santos se celebra una procesión que es seguida por miles de fieles que continúan este extraño ritual. En ella se rinde culto a un pellejero borracho que murió en esta noche, pero de 1929. La procesión culmina con la ascensión a la muralla en el mismo punto donde este hombre fue atropellado por el carro de la basura, al que se homenajea con orujo, queso, una naranja y unos versos.

     León ciudad, como centro administrativo, no sólo de la comarca, sino de toda la provincia, celebra mercados en los que destacan la gran variedad de productos que se pueden adquirir, llegados desde todos los puntos de la geografía provincial. Estos mercados tienen lugar todos los miércoles y viernes del año. También son de especial relevancia las ferias de ganado que se celebran en la capital: Las Ferias de San Juan y San Pedro del 24 de junio, de ganado caballar, mular y asnal; la Feria de San Froilán, el primer viernes de octubre, de toda clase de ganado; la Feria de San Andrés, los días 27 y 28 de noviembre, de vacuno, y el día 30 del mismo mes, de caballar y asnal; durante todos los viernes del año, ferias para el vacuno y el porcino; y todos los jueves del año, específica para terneros.

TRADICIONES.           Durante los últimos años, se está realizando una intensa labor de recuperación de las tradiciones populares de esta comarca. La amenaza sobre estas formas de cultura popular, fruto de la expansión y modernización de la capital leonesa, había crecido considerablemente. Por lo tanto, los estudios sobre etnografía y sobre el folclore de estas tierras se tradujeron en la forma más eficaz para salvaguardarlos de su desaparición más que probable.

     El dialecto leonés está resurgiendo en la capital y su alfoz con una inusitada fuerza, quizá como resultado del renacimiento que en los últimos años está sufriendo todo aquello que tenga que ver con la cultura popular y con aquellos elementos diferenciadores respecto a otras provincias. El leonés está formado por un conjunto de dialectos, distintos del castellano y del galaico – portugués, que se extendió por todos los territorios del antiguo reino leonés. Es de origen románico, ya que es fruto de la evolución del latín hablado en estas tierras. Sin embargo, el ímpetu político del reino castellano propició su abandono, ya que el castellano se impuso en las relaciones políticas y en la literatura, mientras que el desarrollo literario del leonés fue muy escaso.

     Aun así, podemos hacer referencia a algunas obras que fueron redactadas en el dialecto leonés, muchas de ellas de gran antigüedad y de origen medieval. Se redactó en leonés el “Fuero Juzgo”, junto con numerosas Cartas Pueblas, pero también obras de mayor carácter literario, como el “Libro de Alexandre”, obra del astorgano Juan Lorenzo Segura, el “Poema de Alfonso XI” o la “Demanda del Santo Grial”. De épocas más modernas, se puede rastrear algunas expresiones o palabras típicamente leonesas en numerosas obras, sobre todo de los siglos de Oro de la literatura española, como en “La Pícara Justina” de Francisco López de Úbeda. En la actualidad, como hemos comentado, el leonés está viviendo una época dorada, ya que se asiste a su renacimiento y a su potenciación política.

     Pero también existen otras formas de expresión, no siempre en leonés, que mantienen un marcado carácter popular, como pueden ser los cuentos, las leyendas, los romances, que recorren toda la geografía de la comarca de localidad en localidad, aunque en la capital apenas se conserven. Entre estos, uno de los cancioneros más famoso que se conserva es el de los titos de Sobarriba. Son las letras que acompañaban a este típico baile y que debían ser bastante comunes en otras numerosas localidades. Sin embargo, éstos se han conservado casi en su forma original, siendo transmitido de padres a hijos durante generaciones.

     Como hemos dicho, estos titos de Sobarriba son canciones que acompañaban a estos típicos bailes. El baile es una de las expresiones de cultura folclórica popular mejor conservada, gracias a la acción de numerosas asociaciones y grupos de bailes regionales, así como por la organización de eventos y certámenes de exhibición de estas danzas. De la misma forma, se trata casi siempre del acto central de la mayoría de celebraciones y fiestas de cada localidad, por lo que se han mantenido a lo largo de los siglos.

     Empezando la relación de los bailes típicos de la comarca, podemos empezar por los ya mencionados titos. Estos titos son bailes de resistencia, que emulan los trabajos que se realizaban a diario en los campos de labranza. En su origen, imitaban la recogida de legumbres. Son danzas de una gran espectacularidad, que se acompañaba por la música de la dulzaina y el tamboril. Otra de las formas de baile más conocida en Tierras de León son las jotas, exhibidas en multitud de fiestas locales o de carácter popular, como las que se celebran en San Froilán en la capital leonesa. Las jotas se ejecutan siguiendo distintas modalidades según los denominados “puntos”. En este caso, lo que varía es el tiempo de espera entre un paso y otro, así como el tipo de pasos que se ejecuta. Con un paso excesivamente rápido es el corrido, que se comparte con otras comarcas. Las diferencias a la hora de realizar este baile vienen marcadas por las diferentes comarcas. También, como no, son frecuentes las danzas de paloteo. En ellas, hasta un total de ocho hombres, no bailan las mujeres, se disponen en filas, bailando y entrechocando sus palos entre sí, alcanzado momentos de gran belleza y complejidad en sus diferentes movimientos.

     Entre las costumbres que se han documentado en la comarca, una de las más peculiares por su implicación en la organización social, son los concejos, mucho más frecuentes en las estribaciones montañosas del norte comarcal. Estos concejos se constituyen como las formas de gobierno democrático de las comunidades que habitaban cada pueblo. En el concejo se reunían los “hombres buenos”, los representantes de cada unidad familiar. Al concejo estaban obligados a asistir cada uno de los representantes, siendo celebrado a la salida de la misa dominical en algún lugar representativo del pueblo. Los representantes expresaban sus opiniones siguiendo un riguroso orden de participación que en ningún momento podía ser alterado por ningún incidente. Si alguno de los asistentes interrumpía a otro, éste era sancionado duramente. Los concejos se constituyen, por lo tanto, como el principal elemento que ordenaba todos los aspectos de la vida comunal en estas localidades así como medio de resolución de cualquier pleito que pudiese surgir entre los vecinos, o con otros pueblos o concejos. En muchos casos, el concejo establecía unas ordenanzas para regular la vida en estos lugares. En ocasiones, estas ordenanzas, con auténtica fuerza de ley, quedaron plasmadas por escrito, siendo una interesante fuente de documentación para conocer la forma de vida de estos territorios.

     Uno de los aspectos establecidos en los concejos eran las “facenderas”. Se constituyen como una serie de trabajos comunales que todos los vecinos debían realizar en beneficio de la comunidad en general. Entre estas facenderas, por ejemplo, podemos citar los trabajos realizados en los montes comunales. Por lo tanto, el beneficio de estos trabajos concebidos como un servicio público, revestía en última instancia en toda la comunidad de habitantes. Pero, se ha registrado en algunas localidades, una facendera que ofrece una gran curiosidad por su peculiaridad, y que, a continuación, pasamos a describir.

     En Villaverde de Sandoval, se ha recogido la costumbre de las “campanas antitormenta”, aunque también es cierto que se trata de una costumbre que estaba muy extendida en otras localidades de la comarca. Estas campanas se tañen para ahuyentar el peligro de las posibles tormentas que se avecinen al pueblo y que podrían arruinar las cosechas. Esta actividad se encuadra dentro de las “facenderas” que hemos mencionado. Para ello, todos los habitantes del pueblo debían participar de una forma regulada. Esta regulación se obtenía a través del “papel”. Se trata de una lista en la que se establecían los turnos en que los vecinos, formando grupos de tres personas, debían tocar las campanas. Se seguía, de esta manera, un riguroso orden que nunca podía ser alterado, a excepción de las causas de fuerza mayor. Cada turno debía tocar las campanas cada hora sucesivamente, hasta que se considerase que el peligro había desaparecido.

     Las leyendas son otro importante aspecto de la vida popular de Tierras de León, ya que suponen la creación popular a la hora de intentar explicar los orígenes de los más diversos aspectos que afectaban la vida de las diferentes comunidades. En primer lugar, existe una serie de leyendas de tipo mariano, que parecen intentar explicar la cristianización de estas tierras, casi siempre centradas en la aparición de la Virgen, y muy frecuente en toda la provincia. En segundo lugar, otras leyendas, de tipo histórico, toman como punto de partida un acontecimiento pasado más o menos cierto, que el transcurso del tiempo y la imaginación popular transforman hasta convertirlo en leyenda de transmisión oral.

     Dentro del primer grupo de leyendas, podemos citar los siguientes ejemplos. Según cuentan las historias populares, la Virgen de Santa María del Camino se apareció a un pastor, al que solicitó que se le construyese una ermita en el mismo lugar de la aparición. Este sería el origen de la actual ermita que se ha dedicado en su honor. En Solanilla se ha documentado la leyenda de la Virgen de Rutiellas. En las ruinas de un antiguo monasterio, se removían los escombros para sacar material de construcción. Durante estas remociones de las ruinas, los trabajadores encontraron una talla de muy mala calidad y estética de la Virgen. Fue trasladada hasta la iglesia del pueblo, donde fue venerada por un tiempo. Sin embargo, luego se apartó a una esquina de la parroquia y fue olvidada, hasta que la gente de la localidad se percató de que había desaparecido. Pocos años después, unos niños jugaban entre los escombros de ese monasterio, y escucharon unos sollozos. Removieron las piedras y volvieron a encontrar la misma imagen, que apenada por haber sido olvidada, había desaparecido y retornado a su lugar de origen. De nuevo fue llevada al pueblo, donde todavía es objeto de profunda devoción.

     En cuanto a las leyendas de base histórica, destacaremos dos casos por su especial trascendencia y significación. Existen leyendas que parecen hacer referencia a los problemas constructivos de la Catedral de la capital leonesa: Una, la del topo que derribaba durante la noche lo construido durante el día hasta que fue cazado. Otra leyenda de gran tradición, y hoy motivo de fiesta, es la de Las Cantaderas. Recuerda esta historia el tributo que los reyes leoneses debían entregar a los musulmanes, consistente en cien doncellas que todos los años debían entregar, con motivo del tratado de paz al que había llegado el rey Mauregato después de la entrada en la ciudad de Muza en el 713.

Manzana Reineta del Bierzo
La cueva del tunel (Valdevimbre)
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Leproim (León)