LOS OTEROS

Ruta

Pocas comarcas como ésta de los Oteros tienen un nombre que muestre tan claramente, y desde tiempos tan antiguos, su esencia. El nombre refleja las peculiaridades de un paisaje poblado de llanuras y pequeñas elevaciones, de oteros, que tienen su altitud máxima en los pocos más de 900 metros del de Matadeón. Su historia remite a tiempos medievales, cuando la comarca era conocida como Los Oteros del Rey, en los que se sabe que tuvo lugar una temprana e intensa repoblación fruto de la cual surgieron casi una veintena de pueblos, pequeños y próximos: Jabares, Gigosos, Fuentes, Santa María, Fontanil, Quintanilla, Pobladura, Velilla, Corbillos... Asentados en las llanuras o, en algunos casos, sobre los propios cerros, todos han conservado un mismo apellido, de los Oteros, indeleble seña de identidad de su pertenencia a una comarca tradicionalmente dedicada a n la producción de cereales, sobre todo de trigo, y también a la de vino y la destilación de aguardientes. Son pueblos rodeados de sus campos de cultivo y con las entrañas de sus oteros horadadas por las bodegas que, excavadas en la tierra arcillosa, revelan el secular aprovechamiento de las buenas condiciones de la tierra para el viñedo.

Descripcion
Deslumbra el paisaje en los Oteros, sobre todo si es primavera y ésta es lluviosa. Verde de cereales y rojo de amapolas mecidos por un aire juguetón y enredador que recorre los campos llanos. Malva de la achicoria sobre el ocre de las tierras. En ellas reina la avutarda (Oris tarda), el ave voladora con más peso que existe, la de mayor prestancia entre los animales calificados de esteparios. Los Oteros son en la actualidad uno de los reductos para este ave emblemática, a quien se ha denominado la dama del llano, que necesita de llanuras cerealistas como éstas para sobrevivir y que ve mermados sus espacios vitales en otros lugares a consecuencia del abandono del campo o los cambios de cultivos que el regadío impone a tradicionales zonas de secarral. La primavera desbordante de la comarca acoge además el espectáculo curioso y alborotador de su cortejo nupcial, conocido con el nombre “ruedaâ€, del que son protagonistas los machos o barbones. Algo, desde luego, digno de verse y difícil de olvidar.

Pero los Oteros guardan, además de la hermosura del paisaje, un tesoro para aquéllos que sepan apreciar la esencia de lo cotidiano y su sencillez de formas: su arquitectura tradicional. Hecha de adobes y tapiales, de ella son buena muestra las casas de labranza, en las que nunca falta un corral al que miran todas las dependencias anejas. Pero surge también en las torres de las iglesias - es buen ejemplo la que puede verse en Nava de los Oteros-, en los palomares y, por supuesto, en las bodegas, de las que asoman zarceras primorosas, genuinas y un tanto exóticas. Otras arquitecturas, de mayor empaque y envergadura artística, obligan a llegarse hasta Pajares de los Oteros donde se levanta un curioso palacio en el que lucen unos escudos que hablan de viejas y rancias noblezas, de hidalgos que nunca pasaron de rurales.

También hay en el lugar, pues en él estamos, muchos y buenos palomares. Y bodegas vivas repletas de tintos y claretes de Prieto Picudo que en los últimos años han alcanzado una calidad extraordinaria y son el centro indiscutible de la Feria del Vino que tiene lugar en la localidad el penúltimo domingo de agosto.

Siguiendo los caminos del arte, es forzoso acercarse a Valdesaz donde se alza la que es, sin duda, la mejor de las iglesias de los Oteros. Declarada Bien de Interés Cultural, está dedicada a La Asunción y fue construida en una mezcolanza de ladrillos y sillares en el siglo XVI. Guarda la memoria de afamados maestros arquitectos como Juan de Badajoz el Mozo, quien probablemente inició su construcción, o Juan de Ribero Rada, que debió de continuarla tras la muerte de aquél. Con cabecera de planta cuadrada y tres naves a cuyos pies se alza una espadaña de ladrillo, posee un excelente retablo de la escuela de Berruguete y está cubierta con una armadura mudéjar que es un derroche de hermosura y buen hacer con la madera.

Los Oteros son, por muchas razones, una tierra que no hay que dejar de lado. 

Manzana Reineta del Bierzo