ARTE. Cualquier manifestación artística de La Omaña se caracteriza por su extremado acento popular, ya sea de la época que sea. Las imágenes que se conservan en los retablos de las iglesias de sus pueblos son un buen ejemplo de lo que acabamos de afirmar. En segundo lugar, a pesar de recibir las influencias estéticas externas, los habitantes de la comarca las transformaron creando un estilo propio dentro de cada momento. Por último, en muchos casos, el arte de La Omaña tiene una increíble capacidad para sorprender, casi siempre debido a su carácter peculiar al que ya hemos aludido.
La primera manifestación artística que encontramos originaria de La Omaña, no puede contemplarse en la comarca, sino que se encuentra en León depositada. Se trata de la representación de un ídolo, llamado de Rodicol, fechado en la Edad del Bronce, grabado sobre una piedra de basalto redondeada, con una amplia base y la parte superior puntiaguda. Entre los elementos decorativos que aparecen en la piedra, podemos citar cazoletas y elipses partidas, símbolos femeninos, junto a una representación antropomórfica geométrica.
De periodos posteriores, no tenemos más muestras artísticas, hasta que llegamos al siglo XII. Durante este siglo, se introducen en la comarca las formas románicas, de las que no encontramos ejemplos arquitectónicos que se enmarquen dentro de este estilo, pero sí escultóricos, además, en cierta abundancia. El “Crucificado” que se conserva en Cornombre ha sido fechado en el siglo XII, y muestra un claro exponente de lo que se podría definir como arte popular omañés. Con una cronología prácticamente simultánea, aunque en este caso las dudas son más acusadas pese a tratarse de un claro ejemplo de escultura románica, encontramos la imagen de la “Virgen con el Niño” del santuario de Pandorado, de pequeñas dimensiones. Se sitúa en el centro del retablillo barroco de la cabecera del santuario. Está profusamente vestida, de tal manera que sólo se ven los rostros repintados, con un estilo de gran ingenuidad.
Con fechas más inciertas, aunque de nuevo siguiendo de forma inconfundible los cánones escultóricos románicos, encontramos a lo largo de la comarca más imágenes, algunas de ellas de gran calidad. En primer lugar la “Virgen con el Niño” del retablo de la iglesia de Murias de Paredes. Aparece en el centro del mismo, bajo el Sagrario. En este caso, es una figura de gran tosquedad, pero muy graciosa. De un estilo similar, es la imagen de “Nuestra Señora de Grazón”, en la localidad de Vegarienza, localidad en la que también podemos contemplar, de idénticas características estéticas, la imagen de la “Virgen de las Nieves”. En madera policromada, se talló la imagen de un “Cristo” que se conserva en la iglesia de Torrecilla, una pieza de un gran valor, como lo atestigua el hecho de haber sido objeto de varios intentos de robo frustrados, ya que muestra unas influencias bizantinas nada frecuentes en la imaginería de la provincia leonesa. Utilizando la misma técnica, también en madera policromada, en la iglesia de La Omañuela se conserva la Virgen de la Esperanza, aunque no alcance la relevancia de la figura anteriormente descrita.
Las formas góticas en el arte empiezan a introducirse a lo largo del siglo XIII, hasta que alcanzan su plenitud con el XIV. De este momento, sin embargo, los ejemplos de manifestaciones artísticas que ofrece La Omaña son, más bien, escasos. La única muestra de arquitectura desarrollada dentro de estos cánones puede clasificarse como una obra de carácter militar. Es la torre de Ordás, situada en la localidad de Santa María de Ordás. Fue mandada construir en el siglo XV por Diego Fernández de Quiñones, Señor de Luna. Es una torre que ha sabido introducirse en el espíritu popular colectivo de los habitantes de la zona, envolviéndose dentro del mundo de la leyenda. En la actualidad, puede observarse en su gran magnificencia, con sus veinte metros de altura sobre una planta circular.
La escultura gótica, sin embargo, si ha sembrado la comarca con más figuras ejemplo de estas nuevas formas artísticas con las que va a concluir el periodo medieval en lo que se refiere a la Historia del arte. La imagen de la “Virgen de la Seita”, conservada en Rodicol, en la ermita que lleva su mismo nombre, se ha fechado en los primeros años del siglo XIII, por lo que todavía se pueden observar claras reminiscencias románicas. Se trata de una talla sobre madera que representa a la Virgen en una actitud mayestática, sedente y sosteniendo al Niño. Ya de pleno siglo, por lo que se inscribe en un Gótico pleno, es el “Relicario de Cristo”, hecho en madera, que se encuentra en la iglesia de La Velilla. Si nos remontamos al siglo XIV, hemos de referirnos al “Crucificado” de La Puebla, objeto de devoción en el santuario del Cristo. Se trata de una figura claramente gótica, pero que, sin embargo, es muy tosca y extraña. Esta lista de ejemplos podría completarse haciendo mención de la imagen de San Marcos que se guarda en la iglesia de Castro que, aunque sin haber sido fechada concretamente, se puede clasificar dentro del más puro gótico escultórico.
Para ejemplificar las formas renacentistas en este comarca, hemos de hacer alusión a tres muestras artísticas que todavía pueden contemplarse. Se trata de dos retablos y de una imagen escultórica. El primer retablo es el de la iglesia de Villabandín, y sus formas muestran que puede calificarse como perteneciente al estilo renacentista, aunque más bien nos indica los finales de esta tendencia artística. A este retablo, posteriormente, se le añadieron unas columnas churriguerescas. Destacan, sin embargo, unos relieves sobre su banco, muy sencillos e ingenuos, que demuestran un marcado carácter pastoril. Más propio de un Renacimiento propio, por su parte, es el retablo que se conserva en Salce, que todavía muestra algunas imágenes de muy buena calidad. En cuanto a escultura exenta, hemos de nombrar como claro exponente de este estilo en La Omaña la imagen de “Santa Ana” que puede ser contemplada en la iglesia de Inicio.
El siglo XVII, atendiendo a los restos y estructuras que se conservan, parece haber sido más propicio a la creación artística en las tierras de La Omaña. Es en estos momentos cuando se levanta el famoso santuario de Pandorado, el que ha sido objeto de más devoción por parte de los habitantes de la comarca. Sus muros, de mampostería, encuadran un largo rectángulo donde se suceden las diferentes partes del templo, como la torre, la nave, el presbiterio y el camarín. El pórtico lateral está sostenido por pies derechos. También presenta una destacada torre de planta cuadrada y compuesta por tres cuerpos, el superior utilizado como campanario. La nave, se complementa con una pequeña capilla a cada lado. De este siglo, también podemos hablar de un ejemplo de arquitectura civil en Folloso. Se trata de la casa de los Tusinos, que levanta sus muros con aparejo de mampostería, reservando para las esquinas y para la zona circundante del escudo de armas familiar, la piedra labrada. Aun así, se trata de una casa de pequeñas dimensiones.
Pero podríamos referirnos a más muestras artísticas que los investigadores han incluido dentro del estilo barroco, también conocido como contrarreformista. En la escultura, atendiendo al retablo de la iglesia de Murias de Paredes, puede observarse las imágenes de “San Juan Bautista”, de “Santa Catalina” y de “San Lorenzo”, aunque su factura resalta por su acusado aire popular. El “Cristo de la Veracruz”, del retablillo situado en el lateral izquierdo de la misma iglesia, también responde a las típicas características del arte barroco. La figura del “Nazareno” de la ermita que lleva su mismo nombre, en la localidad de Barrio de la Puente, siendo barroca, destaca por el profundo y detallado estudio de sus facciones. Estas características permiten afirmar que nos encontramos ante una imagen muy notable en cuanto a su valor artístico. Finalmente, acabamos esta relación de escultura barroca, con las pequeñas imágenes de “Santa Lucía” y “Santa Bárbara”, que se conservan en la iglesia de Villaceid. Con un marcado estilo churrigueresco, la iglesia de Murias de Paredes conserva un retablo. Es una construcción compuesta por dos cuerpos y tres calles, separados por columnas salomónicas, con racimos de uvas tallados a lo largo de sus fustes. Dentro de sus hornacinas, se pueden contemplar gran cantidad de figuras e imágenes, algunas de ellas antiguas y otras modernas, que, en algún caso, hemos descrito a la hora de elaborar este trabajo.
Hemos de acabar este repaso a la evolución artística en La Omaña a lo largo de los siglos, haciendo referencia a un par de manifestaciones artísticas que han sido fechadas en el siglo XVIII, un siglo todavía marcado por la fuerte huella de las tendencias barrocas contrarreformistas, pero en el que empieza a abrirse paso poco a poco, las tendencias que propugnan la vuelta al clasicismo a través de los cánones que se han dado en llamar Neoclasicismo. Del primer cuarto del siglo, es el santuario de Nuestra Señora de la Garandilla. Presenta planta de cruz latina, con una nave cubierta por bóveda de cañón con lunetas. Está decorada con yeserías de formas vegetales barrocas. Igualmente, tiene una torre maciza y grande a los pies, de planta cuadrada y con cuatro cuerpos, el último como campanario. De 1756 es la ermita de Jesús Nazareno, en Barrio de la Puente que, aunque su estado es ruinoso, todavía presenta un blasón en su fachada. La iglesia de esta misma localidad se fecha en 1773. Es muy grande, destacando su espadaña con extrañas y complejas balconadas. Para concluir, también de este siglo es la iglesia de Villaceid, famosa porque su campana de “Santa Bárbara” tiene el poder de parar las tormentas.
ARQUITECTURA. La situación de la comarca omañesa, va a condicionar de forma palparia las características arquitectónicas que definen a la zona. De esta manera, los influjos de las zonas montañosas al norte de la comarca son fácilmente perceptibles, mientras que al sur empezamos a atisbar algunos elementos que nos recuerdan vagamente a la arquitectura tradicional de las tierras llanas leonesas. Por otra parte, otro condicionante viene determinado por la cercanía de comarcas con una acusada personalidad propia y que han desarrollado una arquitectura rural tradicional de gran personalidad y raigambre. Dejando a un lado todos estos condicionantes, en la Omaña podemos referirnos a una arquitectura propia que merece una especial atención.
VIVIENDA. En un primer tipo de lugar de habitación, distinguiremos aquellas casas que disponen de cubierta vegetal, pasando posteriormente a describir aquellas casas de piedra que se caracterizan por la presencia de un corredor.
-Casas de cubierta vegetal. En La Omaña, predominan las viviendas de planta rectangular, teniendo como especial característica sus bordes redondeados. Las variedades pueden ser muy amplias, desde aquellas que disponen de una sola planta, que puede dividirse interiormente, por ejemplo en dos estancias básicas: Cocina y cuarto, pudiendo disponer de bloques auxiliares. En otros casos, podemos llegar a encontrarnos con casas de dos plantas, con una cuadra, a modo de rudimentario sistema de calefacción en la inferior, y una vivienda en la superior. En esta comarca hay muchas “casas de teito” siendo muy variadas, a veces con las esquinas redondeadas o también con un gran portalón cubierto.
Sin embargo, el paso del tiempo y la dejadez de sus propietarios y de las propias instituciones encargadas de su salvaguarda, han propiciado que este tipo de vivienda sea testimonial, escaso ejemplo de formas de vida tradicionales olvidadas en el pasado. Por esta razón, es mucho más frecuente encontrar en toda la comarca el tipo de vivienda que a continuación pasamos a describir.
-Casas de corredor y patín. Como uno de los principales elementos característicos, aparece el patín o escalera de acceso exterior que se encuentra adosada y paralela a la fachada, hecha en piedra. El corredor, que al igual que en otras comarcas puede presentarse cerrado con tablas o incluso acristalado, se apoya sobre esta escalera y sobre los pies derechos, ya sean éstos de madera o también de piedra. En algunos casos, esta casa puede disponer tan sólo del patín y no tener el corredor. En el caso de los ejemplos de casas que disponen de corredor, éste puede dar al exterior o al interior, o forma un conjunto cerrado con un gran portalón. En el interior, destaca la cocina, con campana formada por una armazón de madera, que se prolonga al exterior a través de una chimenea de mampostería o ladrillo.
ARQUITECTURA AUXILIAR. El resto de edificaciones auxiliares se encuentran en estrecha relación con las actividades ganaderas características de la comarca, aunque ya empezamos a encontrar otro tipo de construcciones que anuncian la cercanía próxima de La Cepeda y de una economía diversificada donde la agricultura ocupa un puesto de mayor importancia que en La Montaña. Pasamos a describir aquellos edificios que presentan mayores características propias y que aún hoy se pueden contemplar en algunos pueblos omañeses, ya que hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, estas construcciones apenas destacan respecto al conjunto total de edificaciones que conforman el lugar de habitación de la unidad familiar.
Las majadas son muy puntuales en esta comarca, sin embargo, sÍ se conservan algunos ejemplos. Son estructuras levantadas en zonas de pasto que servirían para albergar ganados y a sus pastores, teniendo en cuenta que son para ganado menor. Pero habría que diferenciar bien este tipo de construcción de las brañas que abundan en Babia o Laciana. De esta forma, las brañas albergarían ganado mayor, mientras que estas majadas servirían para guardar este ganado de tipo menor.
Los pocos palomares que encontramos en esta comarca, ya que no son muy característicos, son similares a los levantados en el valle del Luna, cosa que se comprende teniendo en cuenta la cercanía geográfica de las dos zonas. De esta forma, encontramos palomares con planta circular y con una cubierta a un solo agua. De nuevo su presencia es testimonial, ya que no es una estructura muy frecuente. Suelen ser cerrados, de tal forma que el ave sólo puede acceder al exterior desde el interior. Así, se procuraba evitar que el animal no fuese cazado por otra persona que no fuese la propietaria del palomar.
Las cuadras se caracterizan por su techo de paja y por la incorporación de corrales cerrados. A veces se acompañan con pajares para guardar las carretas. La cubierta puede estar elevada sobre la estructura general, y puede presentar “boqueros”, pequeñas aperturas para asegurar su ventilación.
En esta comarca, al igual que ocurre en La Cepeda, en las casas se pueden encontrar pozos, protegidos por un tejadillo que se apoya sobre unos muretes que sirven de abrigo, aunque muchas veces, por su simpleza, apenas destacan entre todo el conjunto arquitectónico de la vivienda.
También, aunque muy testimoniales, podríamos describir la presencia de algunos refugios para pastores, sin embargo, no son tan frecuentes como en las comarcas limítrofes de las zonas montañosas.






























































































