Manzana Reineta del Bierzo
Leproim (León)
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
La Cueva del Túnel (Valdevimbre)

Gastronomía y juegos

GASTRONOMÍA.          La gastronomía de la comarca ha estado marcada por la importancia que ha adquirido el famoso cocido maragato, el producto estrella de la alimentación maragata. Sin embargo, haciendo un somero repaso, se puede observar que la gastronomía maragata y cepedana dispone de una gran variedad de productos utilizados en la cocina, lo que le que ha proporcionado una gran diversidad y riqueza.

     Podemos distinguir distintos platos atendiendo a diversos factores, como puede ser la climatología, e incluso, por la situación de los pueblos, ya sean éstos de montaña, llanura, valle, e incluso, si son platos de invierno, caracterizados por comidas fuertes y ricas en grasas y calorías para hacerlo más llevadero, o de verano. Igualmente, podríamos destacar una serie de comidas desde el punto de vista tradicional: Los platos de colación, las cenas del entruejo, los almuerzos de la siega, la merienda o cena de la era, o las comidas de la matanza, todas ellas con un importante valor cultural.

     Frecuente desayuno de la comarca son las “sopas de pote”. Son sopas de ajo, elaborada de forma rápida y simple, cocinadas en un pote, de ahí su nombre. Como ingredientes básicos, se utiliza hogaza de migar. Al hervir el agua, se miga el pan en forma de rebanadas finas y curiosas, añadiéndose después los dientes de ajo, el pimentón y la sal gorda.

     Como platos de colación, podemos destacar como muy característicos los platos consumidos durante las fiestas navideñas: El “botillo con repollo”; las “patatas con bacalao”, siendo éste amarillo, grueso, con mucha carne y las patatas de muy buena calidad; el “repollo con bacalao”, aunque se puede introducir una variante sustituyendo el repollo por lombarda; las “castañas asadas”, traídas desde El Bierzo, y las “peras cocidas” servidas en almíbar, empleadas como postre.

     Sin duda, el plato más típico de la comarca y que ha llegado a adquirir fama nacional es el cocido maragato. Es el plato más tradicional y, según algunos autores, tendría sus orígenes en época prerromana. Es un plato elaborado con los productos de la matanza y difiere poco del “cocido de la boda” o “cocido del día de la fiesta”. Este cocido suele tener hasta doce carnes: Chorizo, morro, oreja, paletilla, hueso, pollo, tocino, carne de res, cecina, pizpierno... El cocido maragato se caracteriza porque primero se come esta ración de carne, para seguir con los garbanzos, siendo los mejores los de “pico de pardal”, y los más sabrosos los de Valdeviejas. Igualmente son muy apreciados los garbanzos de Quintanilla de Somoza y de Piedralba de San Cristóbal. La sopa, muy espesa, es el último plato del cocido en ser servido. Tiene un fideo grueso, de buena harina, y de confección casera. Han surgido distintas teorías, a veces leyendas, para explicar la razón de comer el cocido empezando por las carnes y acabando por la sopa. Según nos explican, muchas veces lo que se procuraba es qué si sobraba algo de comida, que fuese la sopa, ya que era el plato de menos valor económico. Una leyenda nos explica que los campesinos maragatos solían sufrir el asalto de soldados mientras comían. Normalmente comenzaban a comer la sopa y cuando los soldados llegaban, se llevaban las carnes, por lo que los campesinos decidieron empezar a comer el cocido por la carne, de manera que los soldados, cuando llegaban, sólo se encontraban con la sopa. Otra teoría hace referencia al transporte del cocido a las tierras de labor, en ollas donde se situaba la sopa debajo de la carne para que ésta se mantuviese caliente. De esta manera, al abrir la olla, se encontrarían en primer lugar con la carne.

     Otro alimento ancestral es la cecina, conocida desde épocas antiguas y llamada “carne de castrón”. Se elabora con carne de vaca del país, engordada en cuadra y sacrificada dos días antes que se realizase la matanza del cerdo. Durante los días húmedos esta carne se sala, se adoba con sal, agua templada, pimentón picante, ajos, orégano, nuez moscada y tomillo, y se deja curar. De la matanza, un producto muy típico es el tocino maragato, que se come con pimientos verdes y cebolla cruda.

     También son muy tradicionales las comidas de siega, como la “Parva”, con rebanadas de pan acompañadas con botellas de aguardiente.

     En la merienda, son muy consumidas las fuentes con cebolla y con escabeche de tino, sardinas, con vino y pan. En Astorga, un producto que ha destacado ha sido el chocolate, hoy en la ciudad existe un museo dedicado al mismo. Era utilizado para la merienda, y se solía acompañar con una rebanada de pan de hogaza. Otro forma de consumirlo con gran raigambre es el llamado “chocolate roído”, servido en pocillos y acompañado con churros o con bizcochos, y preparado al fuego en chocolateras de barro, esmalte, hierro o cobre,

     Las cenas de antruejo se celebraban con motivo del fin de las nieves, momentos en que “sacaban el arao”, siendo propio en este momento cenar el “botillo maragato con repollo”, acompañado de cecinas y distintas carnes. Pero la cena más común se elaboraba utilizando la patata como ingrediente principal y aprovechando las raciones sobrantes de las otras comidas del día, a las que se añadía tocino entrecallao.

     Los postres son muy variados. Destacan la “fiyuela” de Mataluenga y de Rabanal del Camino, los “chicharrones” que se ofrecen en tortas, y los dulces caseros elaborados con la mejor manteca del cerdo. También son destacables las cosechas de manzanas de muy buena calidad, asadas en manteca. Los días más señalados también se consumía café, aunque se utilizaba cebada como sucedáneo, tostada en el llar y molida con una botella de anís. Se cocía en un pote grande, obteniendo un color negro de gran intensidad. Otros productos empleados en el postre son la miel de urz, siendo famosa la de Santa Catalina de Somoza, a veces consumida con queso. A su vez, todas estas comidas se acompañaban de distintos licores, como las parvas maragatas, el aguardiente de guindas, el anís de arándanos, o el fervudo de invierno.

 JUEGOS POPULARES.          Si tuviésemos que examinar los orígenes de los juegos tradicionales que se desarrollan en la comarca, podríamos observar cómo la mayoría de ellos entroncan sus raíces en los tiempos de la dominación romana. Por eso, podemos hablar de deportes en sentido estricto que, al parecer, se remontan a tiempos tan lejanos, pero también juegos más propios de momentos infantiles, que se practicaban ya en los orígenes de Astorga como ciudad, e incluso, en algunos casos, en momentos anteriores. Los juegos, por lo tanto, ofrecen una rica información cultural fundamental para comprender la cultura maragata y cepedana.

     Al igual que ocurre en el resto de la totalidad de la geografía leonesa, competición con gran arraigo y que todavía se practica son los bolos leoneses. Sus orígenes se discuten ya que algunos ven en este deporte la pervivencia de huellas prerromanas, mientras que otros asocian su nacimiento a los tiempos medievales, más en concreto, durante el reinado de Alfonso III, momento en que se repoblaría la comarca. La competición se desarrolla en una cancha preparada al efecto, en la que se puede diferenciar la parte donde se colocan los bolos del lugar desde donde se lanzan las bolas. Admite dos versiones en cuanto a la disposición de los jugadores, ya que se puede competir individualmente o formando equipos con un número variable de integrantes. La bola, de madera, es de forma semiesférica, mientras que los bolos son cónicos. Por lo tanto, el juego consiste en derribar los bolos lanzando la bola desde una distancia determinada, existiendo un juez que canta en voz alta las puntuaciones obtenidas con cada lanzamiento.

     En toda La Maragatería se puede establecer una tipología propia de los bolos que se juegan. Las diferencias no estriban en las reglas utilizadas, sino en aspectos más formales. De esta manera, los bolos maragatos son de forma cilíndrica y no cónica, y se colocan sobre una piedra que hace las veces de plataforma fija. Si hablamos de “el Tuso”, nos estamos refiriendo a una misma versión de los bolos, pero en los que se utiliza como material la piedra, no la madera. En otros casos, las reglas pueden variar, y así en toda la comarca es muy típica “la Hita”.

     Otro deporte que se practica, sobre todo en los pueblos cepedanos, es la Lucha Leonesa, aunque más bien se debe a la exportación desde otras comarcas, que no por que se trate de un deporte autóctono de la comarca a la que nos estamos refiriendo, ya que La Cepeda limita con las comarcas montañosas leonesas

     Existen otros juegos cuyo fundamento se encuentra en el lanzamiento de algún objeto y en demostrar la habilidad y puntería en ese lanzamiento. En este caso nos podemos referir a un juego tradicional, pero que todavía en algunas localidades se practica aunque ya casi ha desaparecido, que es “La cocha”. En este caso, hay que procurar introducir una piedra del tamaño aproximado de un huevo en un hoyo con un diámetro de más o menos un palmo desde una cierta distancia.

     De origen romano es el trompo, juego infantil con gran aceptación en toda la provincia. El trompo es un juguete de madera, de forma cónica y terminado en una púa de hierro. Alrededor se enrolla una cuerda para lanzarlos y hacerlo bailar. El juego consiste, una vez que se ha conseguido bailar la pieza de madera, en recogerlo con la mano, para después arrojarlo y procurar dar en el blanco, el trompo del otro jugador. La peonza, similar en cuanto a la forma de juego, difiere en su forma ya que es una pieza esférica que termina por una lado en una punta cónica, sin tener púa. Hay que tener la técnica adecuada para hacer bailar la peonza y que mantenga el equilibrio sobre su pico. En Astorga se utiliza un tipo de peonza romana, denominada “peonza turbo” que apenas ha variado desde los momentos de la fundación de la ciudad.

     Otro juego infantil es el “Cepo”, conocido en otras variedades comarcales de la provincia de León como “Pica”. Es esencialmente un juego de correr, cuyo número de participantes es indeterminado. Las reglas que se establecen en el juego son bastante simples. Uno de los participantes debe perseguir al resto de jugadores hasta que llega a alcanzar a uno de ellos. En ese momento, a la vez que le toca, dice “pica”, por lo cual la persona alcanzada pasa a ser el perseguidor. Por lo tanto, el juego puede desarrollarse durante largas horas.

     El escondite también es un juego universal que se desarrolla en la comarca con alguna peculiaridad que lo distingue del resto de las localidades leonesas. Su desarrollo es muy simple. Uno de los participantes en el juego deberá poner. El resto de ellos se esconderá procurando no ser descubiertos. La persona que pone tendrá que situarse ante una pared con los ojos cerrados, contando un número determinado de veces. Este es el tiempo que los demás disponen para esconderse. Una vez que ha contado, avisará con un grito para anunciar que empieza a buscar a los compañeros escondidos. Cuando descubra a uno, tiene que volver corriendo a la pared donde ha contado y decir “allí lo veo”. El resto de los compañeros escondidos pueden salvarse si van corriendo a la “casa”, donde el buscador ha contado, y tocan la pared. En algunas modalidades, pueden salvar a las personas que han sido descubiertas.

     En La Cepeda se juega a “El milano”, en el que también pueden participar un número indeterminado de participantes. Uno de ellos es el “milano”, mientras que los otros deberán formar una hilera cogidos por la cintura. Se colocarán teniendo en cuenta diversos factores, como la edad o la fuerza, siendo el más fuerte el que se ponga a la cabeza de la hilera. Éste se llama la “gallina”, mientras que los que se agarran detrás de él son los “polluelos”. El “milano” da comienzo al juego, diciendo “milano yo quiero carne”, a lo que la “gallina” ha de contestar: “Al monte a por ella”. Entonces, el jugador que hace de “milano” debe procurar capturar a los que hacen de “polluelos”. La “gallina” deberá evitarlo mediante movimientos serpenteantes con los brazos en cruz. Si los “polluelos” son capturados o se sueltan, son para el “milano”. Una vez que ha conseguido capturar a todos los “polluelos”, se establece una lucha entre la “gallina” y el “milano”, quedándose con las presas quien la gane.

La cueva del tunel (Valdevimbre)
Manzana Reineta del Bierzo
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Leproim (León)