FIESTAS. Lo religioso y lo profano se reparten la importancia del carácter de las festividades celebradas en toda la comarca. Muchas de estas fiestas revisten un especial interés para el etnógrafo, ya que la mayoría de ellas tienen unos orígenes ancestrales relacionados con ritos paganos. En estos casos, la Iglesia ha pretendido cristianizar tales fiestas. Sin embargo, siempre se puede escudriñar y rastrear su nacimiento antes de la entrada del Cristianismo. Aun así, la impronta cristiana pronto se deja ver en la comarca, por lo que muchas romerías ya son conocidas en toda la provincia. De estas fiestas, haremos alusión a algunas de las más destacadas.
Dos son las principales fiestas de carácter profano de Astorga, principal núcleo urbano de la comarca. Por una parte, los Carnavales, con su celebrado Sábado de Piñata que reúne a numerosos visitantes no sólo de la comarca, sino de toda la provincia de León. Esta noche tiene lugar el primer sábado después del Miércoles de Ceniza. Inicia con un pregón en la plaza del Ayuntamiento que da paso al desfile de grupos y charangas. Una vez concluido este desfile, comienzan las verbenas y las fiestas de disfraces que se prolongan durante toda la noche. La celebración concluye con la quema de la Piñata el domingo por la noche.
La otra fiesta, que cada vez va adquiriendo mayor importancia y renombre, es la fiesta que recuerda el origen y pasado romano de la ciudad: Son las Fiestas. Estas fiestas romanas se hacen coincidir con la festividad de la patrona de la ciudad, Santa Marta, cuyo día es el 22 de agosto. Durante la misma, como ya hemos comentado, se ha tomado la costumbre de realizar estos actos en recuerdo de los romanos. Entre los más concurridos podemos citar el establecimiento de un mercado romano y, como espectáculo principal y centro de la celebración, el “Gran Circo Romano de Asturica Augusta”, en el que se suceden los combates entre gladiadores, las carreras de cuádrigas y las competiciones entre catapultas, siempre rememorando su vieja fundación imperial. La victoria de los ejércitos cristianos sobre los musulmanes en la batalla de Clavijo también se recuerda en la ciudad a través de la conocida fiesta denominada “La Suiza”. Durante los actos celebrados el día 22 de junio, el pendón de esta batalla, que se custodia durante todo el año en el ayuntamiento de Astorga, es trasladado en procesión hasta la Catedral, donde preside una misa. Durante todo este trayecto, el cortejo es escoltado por una compañía suiza de mercenarios, de ahí el posible origen del nombre que ha tomado esta celebración. Esta fiesta se celebra cada tres años.
Debemos citar un acto festivo que se realiza todos los años en Castrillo de los Polvazares. En un principio, no se trata de una fiesta en el sentido estricto de la palabra, pero es digno de mención por su loable fin. En esta localidad de La Maragatería, de singular interés, se celebra una boda maragata al más puro estilo tradicional. De este modo, los promotores de esta iniciativa pretenden rescatar el folclore y las tradiciones maragatas, ya que consideran que este es el modo más eficaz de evitar que se pierda esta importante herencia cultural.
En La Cepeda, debemos anotar en el calendario dos importantes fechas. Una de ellas se pone en relación con la celebración de las fiestas de la Mancomunidad, el día de Santiago. Tiene como punto de reunión la localidad de Villameca. La segunda celebra la Fiesta Comarcal de La Cepeda, festejos que se prolongan durante dos días, el 24 y el 25 de julio.
Para hacer referencia a las celebraciones de tipo religioso, debemos detenernos en primer lugar en las romerías. Son numerosas las que se celebran por todas estas tierras durante cualquier momento del año. Pero haremos especial mención a una de gran importancia comarcal, ya que reúne a gran cantidad de participantes. Se trata de la romería de los Remedios. Se realiza el segundo domingo de octubre, reuniendo a numerosos maragatos en Luyego, lugar donde está situado el santuario de la Virgen de los Remedios. Dentro de los actos religiosos, el más impresionante es una procesión, de gran belleza, en la que hombres y mujeres, ataviados con los típicos trajes maragatos, portan la imagen de la Virgen. Este acto se completa con la celebración de una feria donde podemos citar tres aspectos fundamentales: La degustación de pulpo, la venta de aperos agrícolas y el comercio con todo tipo de productos artesanales. Sin embargo, en esta feria, por encima de los demás productos, sobresale uno que se ha convertido en el más característico de la misma: Las avellanas, llamadas “perdones” que se constituyen como la costumbre más arraigada de esta festividad. Otra romería de gran interés folclórico se celebra en Val de San Lorenzo todos los domingos más próximos al 8 de septiembre, conocida como La Carballeda. Durante esta fiesta romera, el acto principal consiste en una procesión durante la cual las “mayas”, forma de denominar a las maragatas, ejecutan bailes en honor de la Virgen. Estas “mayas” visten unos trajes que revisten una cierta peculiaridad, ya que son propios del Val de San Lorenzo y no se conocen ningunos semejantes en otros pueblos o lugares de La Maragatería. Por último, dentro del apartado de fiestas religiosas, mencionaremos la que se celebra en honor de la Virgen del Castro, Señora de la lluvia. Según cuenta la leyenda, esta procesión se celebra para pedir a la Virgen lluvia cuando amenaza un periodo de fuerte sequía. El recorrido alcanza los 15 Km, desde el santuario de Castrotierra de la Valduerna en que se encuentra hasta la Catedral de Astorga. Una vez que llega allí, no saldrá de este recinto hasta que no hayan pasado nueve días de rogativas. Es una de las procesiones más insólitas de la provincia y de gran interés turístico, ya que la comitiva se acompaña con casi cuarenta pendones y gran número de cruces procesionales.
En La Cepeda, se celebra como patrona de toda esta tierra a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Otras fiestas que pueden destacar son la de la Virgen de las Angustias, la de San Roque, la de San Isidro y La Ascensión. Entre las romerías más concurridas de La Cepeda, por encima de todas, sobresale la de Santo Tirso de Manzanal del Puerto y la de Nuestra Señora de los Milagros, celebrada en Brimeda esta última.
Con menos carácter festivo, pero de gran importancia social y económica, lo que conlleva siempre un cierto aire de celebración, son los mercados y ferias. En Astorga el mercado se celebra todos los martes del año, siendo éste el más importante de la comarca. Así, los martes se congregan habitantes de toda La Maragatería y de toda La Cepeda en Astorga, donde pueden adquirir gran variedad de productos, desde los más típicos y artesanales pasando por los propios de las tierras maragatas y cepedanas, a los más modernos que satisfacen las necesidades cotidianas de los pobladores de estas tierras.
TRADICIONES. En esta comarca se han mantenido intactas durante siglos formas tradicionales, especialmente de los maragatos. Su hondo sentimiento de formar una “raza” distinta a las demás propició que cuidasen al máximo su herencia cultural a lo largo de los siglos como la mejor arma frente a las pretensiones aculturizantes externas. Pero La Maragatería y La Cepeda guardan una extensa tradición oral que se caracteriza por su riqueza y que debe ser examinada en cada localidad de estas tierras.
A la hora de referirnos a las formas de habla en esta comarca, hemos de distinguir dos zonas claramente diferenciadas, ya que se establecen unas características lingüísticas que definen, por una parte, a La Maragatería, y por otra, a La Cepeda. En la primera, dominaban las variedades occidentales del astur – leonés, como ocurre con otras comarcas, como puede ser Babia, Laciana o, incluso, La Cabrera y El Bierzo. Sin embargo, el cepedano llegó a adquirir gran relevancia e importancia, manifestándose literariamente.
El cepedano tendría su origen en el latín que se hablaba en las tierras de la actual Cepeda. Se trataría de un latín vulgar, que, con la pérdida del control administrativo de estas tierras por los romanos, poco a poco se iría adaptando a las necesidades de la vida diaria. Son dos los principales rasgos fonéticos del cepedano: El primer de ellos, en cuanto a los vocales, consistente en la tendencia generalizada a cerrar la vocal /o/ en un sonido que tiende hacia la /u/, sobre todo al final de la palabra, al igual que sucede con la vocal /e/, que suele cerrarse a la /i/. La segunda característica fundamental se refiere a las consonantes palatales, ya que la /l/ tiende a pronunciarse como la /ll/, y la /n/ como la /ñ/. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las normas lingüísticas del cepedano no se han normalizado, por lo que es extremadamente dificultoso establecer unas categorías que definan de forma exacta esta habla, ya que las variantes son numerosas, dependiendo de la localidad donde nos encontremos, e incluso, de quien sea el hablante.
La tradición oral ha sabido transmitirse de generación en generación, encontrando sus fórmulas adecuadas que asegurasen la pervivencia de los distintos relatos e historias que se narraban. Pero las formas tradicionales se expresan a través de múltiples factores como, por ejemplo, la música y la danza. Desde las jotas, presentes en toda la geografía leonesa, pasando por los titos, inspirados en los trabajos agrícolas, los bailes regionales de la comarca destacan por su espectacularidad y riqueza. Son frecuentes los corridos, realizados con un paso rápido y un cambio, aunque con diferentes matices. La “dulzaina” es un baile de parejas o de un hombre con más de una mujer, de forma que ocupa el centro del corro que se desplaza trazando un círculo. Finalmente, citaremos los corros, recogidos de las canciones infantiles y que son bailados, como su propio nombre indica, en corro.
Las costumbres de esta comarca son de gran variedad y han supuesto una serie de tradiciones de gran arraigo entre maragatos y cepedanos. Atendiendo en primer término a las costumbres, estableceremos aquellos puntos que definen la organización social de esta comarca, a través de dos aspectos de fundamental importancia. En primer lugar, y referido a La Cepeda, la organización basada en los concejos, y en segundo lugar, la boda maragata, como importante elemento articulador de esta peculiar sociedad.
El concejo era la forma de gobierno tradicional democrático de la zona montañosa de esta comarca. El concejo suponía la reunión de todos los representantes de cada unidad familiar para dirimir sobre los distintos asuntos que pudiesen afectar a la vida en comunidad de todos los vecinos. La asistencia era obligatoria, siendo celebrados en lugares emblemáticos de cada pueblo, normalmente a la salida de la misa de los domingos. En momento de extrema gravedad, o que así se considerase, podía reunirse el concejo en sesión extraordinaria. En esta reunión, todos los asistentes podían tomar la palabra, siempre y cuando se respetase escrupulosamente el turno del resto de participantes.
La boda maragata ofrece un especial interés etnográfico y, en la actualidad, ha llegado a convertirse en un objeto de reclamo turístico y motivo de distintos festejos, como ocurre con la boda maragata que se representa en Castrillo de los Polvazares. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, la endogamia que por distintos motivos, fundamentalmente económicos, dominaba la vida de los maragatos, creándose una sociedad muy cerrada que pervivió en un cierto aislamiento hasta fechas muy recientes. De esta manera, el matrimonio era concertado, arreglado entre los padres de los novios, como un mero contrato mercantil más, o se reservaba en exclusiva el derecho de elección al novio, sin que la novia interviniese en el asunto. El festejo comenzaba cuando la comitiva del novio iba a casa de la novia para buscarla. Mientras tanto, la novia recibía la bendición paterna, momento que indicaba que la novia podía empezar a ser engalanada, siempre acompañada por un coro de mujeres que entona constantemente canciones. Una vez que la comitiva del novio ha recogido a la futura esposa, todos se dirigen en procesión a la iglesia para celebrar el sacramento matrimonial, cuyo momento culminante consiste en el cambio del “manto de la novia” por la “toquilla de casada”. Una vez que se ha celebrado el acto religioso, la comitiva se dirige a la casa donde se celebrará la boda. En la puerta, se sienta la nueva esposa junto con la madrina de la novia. Por su parte, el padrino arroja a sus pies trigo, como símbolo propiciatorio de fecundidad dentro del nuevo matrimonio. La comitiva en pleno desfila ante la novia y la madrina, llegando en último lugar el novio. Es entonces cuando se dan los regalos que se ofrecen para celebrar el enlace. A partir de este momento, empiezan los verdaderos actos festivos, ya que se organiza el banquete nupcial y se baila hasta la noche. Uno de los principales actos de la boda maragata es la “carrera del bollo”, con paralelismos en otras comarcas. La madrina ofrece un bollo y dinero y los jóvenes asistentes a la boda tiene que participar en una carrera. El ganador obtendrá como premio el bollo y el dinero.
Este rito matrimonial se enlaza directamente con la pronunciada endogamia de la que hacían gala los maragatos y a la que nos hemos referido. El varón era el encargado de escoger a su futura esposa, siempre de su misma raza, y en algunas ocasiones, incluso, de su misma familia. La boda se acordaba en un consejo de familia, en el que los futuros consuegros pactaban las Capitulaciones Matrimoniales, con una escrupulosa igualdad de condiciones económicas para ambos.
Existen otras interesantes costumbres que han dejado importantes vestigios en la comarca. En muchas ocasiones, los restos de estas costumbres son visibles en la actualidad, ya que consiste en añadir determinados aditamentos a las construcciones con el objetivo de evitar determinados malos. En Castrillo de los Polvazares todavía se pueden ver en las coronaciones de los tejados unos jarrones, colocados allí con una determinada función. Cuando se levantaba la casa, se colocaba este jarro con el objetivo de servir de reclamo para las lluvias, esperando que éstas llegasen y beneficiasen las cosechas. Parece que el origen de esta tradición hay que buscarlo en ciertos ritos precristianos, pero en la actualidad se mantiene con una función puramente decorativa. De similar significado, aunque con un valor más propio de las supersticiones, son las cruces en las fachadas de las casas. Se pueden ver todavía en pueblos y localidades como en Quintanilla de Somoza. En las fachadas de las viviendas se empotraban o se colocaban cruces de madera o de hierro como un símbolo protector del hogar. Parece que su origen también es precristiano, ya que estas cruces han sustituido a los amuletos que anteriormente se colgaban, siendo por lo tanto un rito pagano que posteriormente fue cristianizado.
Pero podríamos hacer alusión a múltiples tradiciones que se pondrían en relación con las numerosas supersticiones que parece que dominaban en la comarca. Muchas de estas supersticiones llegaron a estar tan oficializadas que, incluso, aparecen documentadas en registros eclesiásticos. En la propia Catedral de Astorga se utilizaban unos ingenios denominados “descomulgadores”. Se empleaban para acabar con las plagas de insectos que asolaban los campos de labranza, especialmente contra las plagas de langosta o de pulgón. En otros casos, también se ha documentado la práctica de exorcismos que, la mayoría de las veces, se correspondían con la cura de alteraciones nerviosas, principalmente de epilépticos, enfermedad que popularmente se conocía como el “mal sagrado”, y que se consideraba infundido por un espíritu maligno. El acto del exorcismo consistía en la lectura de las paulinas, a la vez que con un saludador, se traspasaba el mal a un gato negro. Según cuentan las crónicas, la existencia de este poder maligno quedaba demostrado porque el gato moría automáticamente.
Las leyendas de la comarca obedecen a los tipos generales que marcan las pautas de este tipo de composiciones de origen popular. Podemos, por lo tanto, distinguir dos grandes grupos de leyendas. El primer grupo se corresponde con una serie de leyendas que hacen referencia a apariciones marianas. Suelen ponerse en relación con la cristianización de determinados lugares que podrían haber estado dedicados a cultos paganos. Por último, nos encontraríamos aquellas leyendas que toman como referencia un acontecimiento histórico que la imaginación popular transforma en un hecho mítico.
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