SUELO Y SUEÑO. Laciana es el Valle, como si su condición de tal obtuviera la solvencia de serlo por antonomasia, el Valle entre los Valles, un arquetipo cuajado en su leyenda, derivado de la propia condición de las gentes que lo pueblan y lo sueñan.
El Valle es ante todo paisaje. Un subsuelo mineral rico en antracita, que los tecnicismos geológicos describen con todo tipo de detalle, situando la gran mancha carbonífera como una especie de animal muerto que yace entre los sistemas devónicos y silurianos, delimitado por las areniscas silíceas, y un suelo que conforma un arranque de sierra y roca y de esplendorosa montaña forestal.
El animal muerto de sus entrañas se contrapone al vivo que está tendido como si en su inmovilidad el cuerpo se diseminara en infinitas laderas, igual que se desperdigan los bichos grandes cuando esparcen la mole al posarse.
Se podría decir que el Valle duerme, que entre las entrañas del carbón y el viento de los bosques hay una consonancia de antigüedad y vida que remite al sueño.
Alguien también podría asegurar que en esa conjunción reposa la mansedumbre con que el Valle permanece, a veces ajeno a los peligros de su destino, a veces desaparecido de la conciencia de sus guardianes. Alguien también podría decir que el animal se lame las heridas. Y es que la vieja metáfora del prado y la mina, el feliz encuentro de la tradición y la modernidad, de la ganadería y la industria, el sabio equilibrio del presente y el pasado en la economía y la vida, se queda en metáfora en estos albores del tercer milenio, en bello tropo sin alternativa. El prado no tiene destino, la mina se cierra.
Ahora hay que volver e inventar el Valle. Pensarlo, imaginarlo, verlo, recordarlo. Hay que saber mostrarlo, abrir el cofre de sus tesoros, comprometer su herencia y su futuro. El pasado irradia lo que el Valle tiene de patrimonio al pie de su belleza, el futuro hay que ganarlo.
Pocos paisajes de la Naturaleza, del tiempo y de la vida, de la historia y la leyenda, pueden compararse al que contiene este reducto del esplendor que se hizo suelo y sueño.
LUIS MATEO DIEZ
Luis Mateo Diez. (Datos bio-bibliográficos). Nació en Villablino (León) en 1942. Reside en Madrid desde hace más de treinta años. Es Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y pertenece por oposición desde 1969 al Cuerpo de Técnicos de Administración General Ayuntamiento de Madrid, donde ocupa del cargo de Consejero Técnico de la Dirección de Servicios del Gabinete Técnico de la Alcaldía Presidencia. Fue cofundador y responsable de la revista "Claraboya", que se editó en León por los años sesenta. Su primer libro de cuentos: "Memorial de Hierbas" apareció en 1973. En 1989 publicó "Brasas de Agosto" y en 1993 "Los Males Menores" dentro del mismo género. Ha publicado las siguientes novelas, además de otros libros como "Relato de Babia" y "El Porvenir de la Ficción": "Apócrifo del Clavel y la Espina" (1977), "Las Estaciones Provinciales" (1982), "La Fuente de la Edad" (1986), con la que obtiene el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, "Las Horas Completas" (1990), "El Expediente del Náufrago" (1992), "Camino de Perdición" (1995), "El Espíritu del Páramo" (1996), "La Mirada del Alma" (1997), "Días del Desván" (1997), que obtuvo el Premio NH al mejor libro de relatos del año y "El Paraíso de los Mortales (1998). "La ruina del Cielo" (1999) fue distinguida con el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. "Las palabras de la vida" (2000) es un libro de ensayo y relato, y "El pasado legendario" (Alfaguara) propone una recopilación significativa de una parte de su obra. En "Las Estaciones de la Memoria" (Edilesa) se ofrece una antología didáctica de toda su obra. "Laciana, suelo y sueño" es un libro de textos y fotografías realizado con Antón Diez y Manuel Rodriguez (Edilesa, 2000). Obtuvo también el Premio Café Gijón de novela corta y el Ignacio Aldecoa de cuentos. Es miembro de la Real Academia Española donde ocupa el sillón correspondiente a la letra I. Es también Premio Castilla y León de las Letras. Su cuento "Los Grajos del Sochantre" fue llevado al cine por J.M. Martin Sarmiento en la pelicula "El Filandón" y Julio Sánchez Valdés ha rodado la versión cinematográfica de "La Fuente de la Edad" para Televisión Española. Su obra está traducida al alemán, francés, inglés, holandés, griego, polaco, italiano, hungaro. Otras obras suyas son un volumen con tres novelas cortas titulado “El diablo meridiano” ( 2001) , “Balcón de piedra, Visiones de la Plaza Mayor” (Ollero y Ramos, 2001) y “El Oscurecer” (Ollero y Ramos, 2002). En 2003 apareció la versión completa de la trilogia que ha estado escribiendo en los últimos años, bajo el título definitivo de “El reino de Celama” (Areté).






























































































