Hablar de la Historia de esta montañosa comarca, supone hacer referencia a dos hechos fundamentales. Lo escarpado de sus paisajes ha supuesto el casi total desconocimiento de todos los aspectos que hacen referencia a los primeros momentos históricos de Laciana, sólo disponiendo de datos verosímiles para los momentos posteriores al siglo IX. El segundo factor fundamental que explicaría su desarrollo histórico está en estrecha relación con el aprovechamiento económico de sus recursos: Primero, los ganaderos, para llegar en los últimos años a una explotación intensiva de sus recursos mineros. La actual crisis del sector extractivo ha obligado a reorientar la actividad económica de la comarca, reto con el que Laciana afronta su futuro.
Se puede acceder a esta comarca desde Asturias, siguiendo la C – 633 a través del puerto de Somiedo. Desde Galicia habría que llegar hasta Ponferrada, momento en que se toma la C – 631 en dirección a Villablino. Desde Babia, por la C – 623, y finalmente desde La Magdalena, a través del puerto de Murias, por la Le – 493. Unas catorce poblaciones componen Laciana, entre las que podemos destacar: Villablino, Caboalles de Abajo y de Arriba, Villaseca de Laciana, Lumajo...
El valle de Laciana se encuentra situado en el extremo occidental de la provincia, limitando con Asturias (Cangas de Narcea y Somiedo) al norte y al sur con La Omaña y El Bierzo. El territorio cuenta con una extensión de algo más de 200 Km², cruzados por el río Sil al oeste y por el río Caboalles al este, convergiendo ambos en un valle flanqueado por unas montañas que en las desembocaduras rondan los 1300 m de altitud. Los inviernos son duros y largos, con heladas frecuentes que se prolongan durante aproximadamente seis meses, y con veranos muy cortos pero secos y calurosos.
Laciana debe su nombre, según la leyenda, a un militar romano, Flacus, del que derivaría el término “Flaciana”, que posteriormente evolucionaría hasta el actual Laciana. Existe otra noticia apócrifa según la cual Albinos, otro personaje romano, construyó una villa en la comarca, y hay quien, incluso, sugiere el nombre del mismo Plinio (Plinius) como fundador de “Villaplinius”.
Para adentrarnos en los primeros momentos de la Historia de la comarca podemos observar como hay una falta de evidencias de primeros poblamientos paleolíticos del territorio, aunque pueda deberse a la escasez de prospecciones realizadas en la zona. Tampoco se han encontrado elementos que nos permitan aclarar periodos posteriores, ni del Neolítico ni de la denominada Edad de los Metales.
Los únicos restos prehistóricos se deben a investigadores del Instituto Laboral de Villablino que trabajaron en las ruinas de los castros, encontrando algunos restos vegetales calcinados. En posteriores excavaciones se recuperaron monedas, pequeños objetos y trozos de cerámica. Durante los estudios realizados en el castro de Las Muelas, se excavaron varias piedras empleadas para moler harina de bellota. En concejos vecinos de Laciana se ha constatado la presencia de túmulos funerarios que se podrían adscribir a la Edad del Bronce, indicando, por tanto, la existencia de pueblos dedicados al pastoreo en toda esta zona de montaña. En lo referido a la minería, los vestigios son muy escasos, aunque se ha realizado algún estudio centrado en las zonas de Salientes y la Reguera Durria. Atendiendo a las crónicas romanas, podemos concluir que en épocas prerromanas estas montañas fueron habitados por clanes pertenecientes a la tribu de los Paésicos, del pueblo astur, dedicados al nomadismo con sus ganados, siendo precursores de los Vaqueiros de Alzada en el aprovechamiento estacional de los pastos más elevados.
Las prospecciones mineras realizadas por los romanos a lo largo de la franja de pizarra aurífera que se desarrolla desde Asturias hasta Portugal incluyeron el actual territorio de Laciana. De este momento se conservan vestigios de castros y explotaciones auríferas en Villablino, donde se custodian dos aras votivas de época romana. La inclusión de la zona en el ámbito cultural romano habría que remitirla al episodio de las Guerras Cántabras (29 – 19 a. de C.), ya que esta zona es lugar de paso hacia el norte peninsular. La existencia de pasos montañosos implicaría la presencia militar en la zona, aunque la ocupación romana se deba principalmente a factores tributarios y de aprovechamiento de los recursos de la zona. En los castros se mantenían modos de vida antiguos y lenguas indígenas propias. En aquella sociedad hispanorromana, los campesinos se sometían voluntariamente a un señor rico a cambio de protección y de unas tierras de las que comer, aunque muchos pastores de estos lugares conservaban sus modos de vida y su independencia.
El final de la presencia romana en Laciana, así como los momentos posteriores de invasiones germánicas y musulmanas, no se ha constatado suficientemente en la comarca. De esta manera, los datos históricos para hablar de la Edad Media lacianega nos remontan al siglo IX, momento en que se produce un gran desarrollo en la roturación de nuevas tierras de labranza expandidas en torno a los monasterios. Los progresos de la actividad artesanal convirtieron los bosques en una gran fuente de riqueza durante el siglo XII.
En el siglo XI las instituciones locales de gobierno – los concejos – adquirieron gran relevancia reservándose a la asamblea de vecinos el derecho a designar al grupo de personas que debía administrar los asuntos públicos, destacando entre ellos el juez del concejo. En aquella época, cada señor administraba justicia y cada concejo redactaba sus propias leyes. La constitución legal de la comunidad de Laciana tuvo lugar en el siglo XIII con la fundación de la Puebla de San Mamés de las Rozas, impulsada por Alfonso X el Sabio, quien concedió privilegios similares a otras pueblas de la zona. Los habitantes también disfrutaron de privilegios y exenciones como compensación por las duras condiciones climatológicas y por la ayuda a los viajeros, de ahí los numerosos cenobios y hospitales en los caminos de Laciana. Más tarde, Laciana participó en las revueltas del campesinado contra el bandidaje y los abusos de la nobleza en los siglos XIII y XIV.
La economía de nuevo se centra en la actividad relacionada con el campo, aunque, sin lugar a dudas, la ganadería tiene un destacado papel como principal fuente de riqueza de la zona, en clara relación con la trashumancia de los rebaños. Los puertos de Laciana en esta época fueron destino para los ganados trashumantes controlados por el Concejo de la Mesta y actualmente continúan llegando las ovejas desde Extremadura.
A comienzos del siglo XV la familia Quiñones era dueña y señora de cuantas tierras se extendían a uno y otro lado de la cordillera Cantábrica. Entre sus fortalezas destaca la torre de Villablino, asentada donde luego se levantó el ayuntamiento. Los Reyes Católicos intentaron menguar el poder de los condes de Luna en Laciana, y las disputas entre ambos poderes se sucedieron hasta que en 1579 los pastos y puertos pasan a la posesión del Concejo General de Laciana.
Para conocer los aspectos sociales y económicos del siglo XVIII en la zona, habría que remitirse al Catastro de Ensenada, que nos muestra una población dedicada casi en exclusiva a la actividad ganadera y agrícola, aunque ésta con menor importancia. Socialmente, se constituyen dos grupos principales, los dominantes: El clero y la nobleza, y los dominados: Compuesto por campesinos y ganaderos, con una escasa presencia de gentes dedicadas a actividades artesanales o profesiones liberales.
Ya en el siglo XIX, Laciana va a vivir una interesante experiencia. En el último cuarto de este siglo, D. Francisco Fernández Blanco de Sierra Pambley creaba una fundación relacionada con la Institución de Libre Enseñanza, poniendo en marcha unas cuantas escuelas en la provincia de León. La primera en inaugurarse en la zona es la de Villablino, para perfeccionar los cultivos del país y, principalmente, las industrias lácteas, siendo la ganadería la más importante producción de aquella montaña. La labor realizada por Sierra Pambley estaba encaminada a buscar la modernización y la potenciación de la tradicional actividad de la comarca.
Otro hecho fundamental en la Historia Contemporánea de Laciana es que en su subsuelo se encuentra el mayor yacimiento de antracita de Europa occidental. Las extracciones se iniciaron en la segunda mitad del siglo XIX, planificándose a mayor escala a partir de 1918 con la constitución de la Sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) y la construcción de una ferrocarril que une la comarca con Ponferrada. Hasta el final de la década de los 80 del siglo XX, el impacto medioambiental de las explotaciones fue muy localizado, gracias a la utilización del ferrocarril y por la práctica inexistencia de explotaciones a cielo abierto. A partir de estos momentos, y en la actualidad, una vez producida la crisis del sector minero, el principal objetivo comarcal se ha traducido en el respeto al medio ambiente y su relación con el desarrollo socioeconómico del valle.




















































































