FIESTAS. La fiesta se ha convertido en uno de los testimonios de la cultura popular con más posibilidad de salir al paso de los empujes de la modernidad. La fiesta supone un fuerte atractivo, tanto para el habitante de la localidad donde se celebran como para los forasteros que visitan el pueblo con este motivo festivo. Pero también, supone una cierta inyección en la vida de estos parajes, muchas veces amenazados de desaparición por la constante despoblación que sufren.
Las fiestas patronales de los distintos pueblos de la comarca son otro añadido al ciclo festivo del año lacianego. Cada pueblo, por pequeño que éste sea, dispone de su propio patrón, al que se homenajea dedicándole algunos días festivos durante el año. La mayoría de estas celebraciones en honor de los patrones suelen coincidir con fechas estivales, o a principios o finales del verano. De esta manera, la fiesta puramente religiosa en advocación de un Santo o una Virgen, ha pasado a convertirse en una fiesta de profundo sentido lúdico, ya que también sirve como foco de atracción para los turistas que se acercan aprovechando las vacaciones veraniegas.
Las fiestas más populares, con este carácter, de la comarca, son las que se celebran en Villablino con motivo de la festividad de San Roque. Con este motivo, miles de asistentes de todas la comarca se reúnen en Susañe del Sil, donde pueden observarse diversas manifestaciones típicas de gran interés para contemplar el folclore lacianego. Así, se celebran concurridos espectáculos en los que participan los deportes tradicionales, los certámenes entre grupos de baile o música, y más elementos que proporcionan a esta fiesta una gran diversión que la hace muy atractiva.
Pero, aparte de la ya citada fiesta celebrada en la capital comarcal, en otras localidades también existen festejos de gran interés. Cada pueblo, dispone de su propio patrón, y, por lo tanto, dispone de un día que dedicarle en homenaje. Así, sin citar ya el 14 de agosto dedicado a San Roque en Villablino, podríamos hacer referencia a las fiestas celebradas en Palacios del Sil, que han llegado a adquirir una gran resonancia comarcal. La primera de ellas se celebra el día 19 de mayo, en honor de Nuestra Señora de Fátima, abarcando a todo el municipio. La segunda es mayor en cuanto al número de participantes que acoge, ya que se celebra en el ámbito comarcal, en honor de Santa Bárbara.
Entre los elementos más tradicionales de estas fiestas, que solían prolongarse durante tres días, estaba el “canto del ramo”. Son ramos adornados y repletos de rosquillas y bollos. Antiguamente, se utilizaban las “roscas de manteiga”, tripas rellenas de mantequilla cocida, que eran subastadas después de la misa mayor celebrada en honor del patrón en su día.
Entre las fiestas religiosas, deberíamos hacer referencia a la romería de la Virgen de Carrasconte. Hay que tener en cuenta que el santuario se encuentra en Babia, pero en el exacto límite con Laciana. De esta forma, aunque se trate de una fiesta preferentemente babiana, no son pocos los habitantes de poblaciones colindantes de Laciana que se acercan a celebrar y asistir a esta fiesta sacra.
Pero también hay otras romerías más propiamente lacianegas. En Palacios del Sil se celebra la romería de Nuestra Señora de las Nieves el día 5 de agosto, todos los años. Esta romería supone una devota concentración de gentes de toda la comarca en Susañe del Sil. Por lo tanto, podemos observar que se utiliza el mismo lugar de fiesta que durante las festividades de San Roque. Volviendo a la romería que estamos tratando, uno de los actos más propios que la componen es el reparto de “bollas de pan bendecidos” entre los diferentes asistentes.
Otras romerías de interés son la de Porcivedo, en honor de la Virgen de Pruneda, o la que se realiza en honor de la Virgen de Lazado. Esta última romería debería buscar sus orígenes en la tradición y en la leyenda. De esta manera, según cuentan estas tradiciones, la imagen de esta Virgen fue encontrada por unos pastores en la fuente llamada Esquinila, cercana a Villaseco. Esta aparición de la imagen motivó, por tanto, la celebración de la romería para conmemorar este hecho.
Los núcleos de población de la comarca con una cierta entidad, es decir, aquellos que poseen una abundante población, suelen celebrar sus propios mercados donde se realizan todo tipo de transacciones. Sin duda, la más destacada es la de Villablino, capital comarcal, que aglutina gran cantidad de productos de la región y de otras comarcas, siendo el punto de encuentro para lacianegos de otras localidades. En el mismo Villablino, una de las ferias con más resonancia se pone en estrecha relación con la tradicional actividad económica de la comarca, la ganadería. Es la Feriona, que se celebra el día 12 de octubre todos los años. En esta feria se muestran todo tipo de reses, pero, aparte del aspecto puramente comercial, su celebración supone un auténtico encuentro festivo de ganaderos y comerciantes a los que se unen simples curiosos. Esta feria se enmarcaría dentro de lo que se ha denominado “Certamen Vacuno de Asturiana de los Valles”. Se completaría con las celebradas durante la primera semana de octubre, y las ferias de todos los sábados desde el 12 de octubre hasta el 12 de noviembre, momento en que se cierra, siempre celebradas en la misma localidad.
En cuanto a los mercados, podríamos citar algunos que hoy en día se encuentran en un claro peligro de extinción, pero en el que algunas personas todavía se empeñan en su supervivencia. Sería el caso de los mercados de Villablino celebrado el 29 de septiembre coincidiendo con la festividad de San Miguel, o el del 13 de diciembre, fecha dedicada a Santa Lucía. Estos mercados acogen a gran cantidad de personas que han llegado desde alejados puntos de la geografía comarcal e incluso provincial. Su interés reside en ver como son momentos y lugares aprovechados para poder observar los vestigios de antiguos oficios que muchos lacianegos aún se resisten a abandonar en el olvido.
TRADICIONES. En los últimos tiempos se ha llevado a cabo una intensa labor de recogida que permita documentar la tradición popular de la comarca. El empuje propiciado por las explotaciones mineras provocó un abandono de las formas culturales populares en todos sus ámbitos, no sólo en lo que se refiere a la cultura material, sino también inmaterial. Las leyendas, los cuentos, las costumbres... fueron abandonadas y relegadas con la introducción de numerosos elementos que propiciaron la aculturización de la tradición lacianega. Por eso, la recuperación documental de todo este tipo de tradiciones supone una labor de primera importancia.
El habla tradicional de Laciana es el pachxuezu, palabra que deriva de “palluezuo”, que viene a significar “habitante de la palloza”. El centro de este dialecto radica en el concejo de Leitariegos, aunque su influencia se expandió a las vecinas comarcas de Babia, La Omaña, e incluso, en algunas zonas de La Montaña. A pesar de su expansión, no se conservan elementos escritos en pachxuezu, aunque en la actualidad se están recopilando diversos textos, pero, sin embargo, mantiene una fuerte tradición oral, sobre todo en lo que se refiere a la toponimia, o, incluso, en los motes de los nombres, o en cualquier tipo de palabra relacionada con la vida cotidiana. Se caracteriza, especialmente, por el fonema /ts/, parecido a la /ch/ castellana, aunque con una pronunciación más suave, parecida a la /ch/ francesa. Existiría otra forma dialectal propia de los vaqueiros de alzada, que es el “faliechxa”, con un gran parecido.
Las formas de expresión en este dialecto, casi se han perdido en su totalidad, aunque se puede rastrear sus formas en numerosos cancioneros y coplas, que, a veces, se pueden escuchar en las localidades lacianegas. Por ejemplo, en relación con las brañas, existe un amplio cancionero. Son coplas que se cantan para ensalzar la forma de vida en las altitudes de los pastores, de la misma forma que hay coplas que ensalzan a los pastores. Estas coplas reflejan la evolución de las formas de vida pastoril a lo largo del tiempo. Las más antiguas conservadas muestran como subía el pastor a la braña con toda su familia. Posteriormente, a través de estas coplas, puede verse como el pastor ya sube solo. En último lugar, las coplas más modernas reflejan el modo de vida en las brañas, según ha expuesto Julio Álvarez Rubio en su libro “Sendas de Laciana”.
La tradición oral de la comarca encontraba una buena manera de asegurar su transmisión y dar a conocer sus historias, cuentos o leyendas, a través de los filandones y calechos. El filandón consistía en la reunión de los vecinos en la casa de uno de ellos en las noches de invierno. En estas reuniones, se contaban multitud de historias, algunas fantásticas, otras relacionadas con el acontecer diario, pasando a formar parte de la tradición oral de Laciana. Recibe el nombre de filandón porque en la reunión las mujeres aprovechaban para hilar. El calecho es una reunión de los mozos y mozas del pueblo en las eras, en las horas anteriores a la cena, en cualquier época del año. En estas reuniones, al igual que en los filandones, circulaban numerosas historias que se transmitían de boca en boca.
En cuanto a otras formas de cancionero, podemos citar los cantos de boda, que se recitaban con motivo de estas celebraciones, o los cantos de ramos. Otra costumbre, compartida con otras comarcas, es la pastorada. Ésta consistía en celebrar una representación teatral en las iglesias parroquiales de los pueblos, el día de Nochebuena. En esta representación, en la que los actores eran los propios vecinos de cada localidad, se podía ver la adoración de los pastores al Niño Jesús recién nacido.
De la misma forma, como hemos comentado a la hora de hablar del cancionero que ha sido creado en torno a las brañas, también desapareció las típicas formas de vida que se generaron en estos altos lugares de montaña. De esta forma, se habría generado una cultura pastoril propia que ha sido abandonada en su totalidad. Otras formas de expresión que se han constatado en la comarca y que han sido documentadas se corresponden con el llamado “Romance del penitente”. Los investigadores han destacado su filiación asturiana y como se pone en relación con el romance del ermitaño de Villar de Santiago. Otra forma de tradición oral transmitida de generación en generación es la fábula, destacando, por ejemplo, la de “Cuatro llobus que bajanum pur el valle”.
Muchos de los cancioneros de los que hemos hablado, se componían con motivo de celebraciones y fiestas, muchas de ellas de carácter religioso. Estas fiestas solían centrar sus principales actos de festejo en los bailes, en los que participaban todos los vecinos de cada localidad. Así, cerca de los santuarios y en los campos, se bailaban jotas, variadas según los puntos, es decir, los pasos, corridos, atrás o patina, o los tiempos de espera. El baile más característico es el “baile chano” o “baile del país”. Es bailado por hombres y mujeres formando filas, con un tiempo de espera con los brazos caídos y uno segundo en que los brazos en alto se mueven constantemente. Este baile se acompaña con acordeón. Finalmente, podemos citar las boleras, que se da en todo el norte provincial. Consiste en un baile “agarrado” y lento, que se caracteriza por los continuos cambios de pareja quedando uno de los bailadores sin ella.
Las costumbre de Laciana se ha perdido por el empuje de la modernidad. Han desaparecido totalmente los concejos. Éstos, tienen su origen en los siglos medievales. Eran asambleas abiertas, en las que debían participar obligatoriamente todos los representantes de las casas de cada pueblo. Se reunían en algún lugar emblemático del pueblo y siempre con una periocidad establecida, lo más frecuente a la salida de la misa dominical, aunque si la importancia de un asunto lo exigía, podía celebrarse un concejo extraordinario. En estas reuniones se dirimían todos los asuntos que podían afectar al gobierno de la comunidad vecinal, o se resolvían los diferentes pleitos que podían surgir. De la misma manera, en el concejo se establecía las facenderas, que eran las actividades de carácter comunal, entendidas como un servicio público que cada vecino debía hacer en beneficio de la comunidad.
El Mayo era una costumbre de gran tradición en la comarca. Los mozos talaban un esbelto árbol que luego pelaban. Lo llevaban hasta la plaza del pueblo, donde lo plantaban la víspera del primer día del mes de mayo, colocando en su cúspide una cruz y unas flores. El árbol permanecía en el lugar donde se plantaba hasta el último día de mayo, momento en que se derribaba. Luego se talaba y se hacía leña que se repartía entre todos los habitantes del pueblo de forma gratuita.
Relacionado con la vida económica popular, está el Sanmartino, celebrado en otoño, y en clara relación con la matanza del cerdo. Era una matanza que reunía durante cuatro días a toda la familia en torno a esta actividad. El día anterior a la matanza, el cerdo está en la capilla, y no se le da nada de comer con el fin de que las tripas estén vacías y no revienten cuando se trabaje con ellas. Las mujeres se encargan de pelar las cebollas, de fregar las cestas y la caldera de agua, y preparar la masera, un cajón alargado de cemento en el que se mete al animal en agua hirviendo para pelarlo. La matanza es un auténtico acto ritual que ha pasado a formar parte del acervo cultural de la comarca.
Otras costumbres tienen mayor contenido festivo, ya que se dan con motivo de celebraciones religiosas. Una de las más tradicionales se celebra con motivo de la festividad de La Asunción de la Virgen María al cielo, el 15 de agosto. Uno de los motivos centrales de esta fiesta consiste en una marcha atlética, en la que también participan gentes procedentes de Babia. Durante la marcha, portan antorchas y coronas de flores que ofrecen y depositan ante la Virgen en el santuario de Carrasconte.
Las leyendas nos trasladan a tiempos antiguos y nos explican el presente. En Laciana se conserva gran cantidad de leyendas, muchas de las cuales se relacionan con la cristianización de antiguos cultos paganos. En este caso, podemos hablar de la leyenda de Leitariegos. Un mendigo pedía caridad por el pueblo, pero nadie le presta atención. El mendigo, abandonado, decide maldecir al pueblo: Cada mañana de San Juan, los habitantes del pueblo deberán entregar una doncella al lago de la localidad. El pueblo no creyó la amenaza, y no ofrecieron el sacrificio. Desde el lago surgió una serpiente, que arrasó el pueblo. Sus gentes, escarmentadas, decidieron hacer el sacrificio cada año. Todos los años, llegadas estas fechas, la doncella era ofrecida a la serpiente del lago, que la llevaba a las profundidades del lago. Llegó un momento en que una de las doncellas decidió no aceptar sumisamente ser entregada a la serpiente. A orillas del lago, optó por pedir a la Virgen que intercediese por ella y obrase un milagro, a la vez que sujetaba con fuerza su rosario. La Virgen atiende sus súplicas, y convierte su rosario en una gruesa cadena con la que ata firmemente a la serpiente, que se hunde por el peso en el fondo de las aguas. Desde ese momento, no se volvió a ofrecer ningún sacrificio y la serpiente no ha vuelto a aparecer.
También han aparecido leyendas de tesoros. Según estas historias, los musulmanes, al abandonar estas tierras, habrían enterrado gran cantidad de oro en diversos lugares. Ejemplo de este tipo de relatos es la leyenda conocida como “Los tesoros de Lumajo”. Son historias que se ponen en relación con el hallazgo de determinados elementos arqueológicos, que han alimentado la imaginación popular, ya que los atribuía a la presencia de invasores árabes en la comarca.




















































































