Artesanía

     La implantación de formas modernas que conllevó la explotación minera en el siglo XX supuso una amenaza de primer orden para el mantenimiento de las formas tradicionales. Uno de los aspectos que más sufrió este proceso fue el de la artesanía, que quedó claramente relegada como una actividad prácticamente marginal. Sin embargo, hoy en día, en parte por la crisis minera, se han vuelto los ojos a las tradiciones artesanas, intentando recuperar este importante legado que merece una especial atención.

     El traje tradicional de Laciana tiene como principal característica su sobriedad, ya que hay que distinguirlo del vestido en las fiestas. La mujer utiliza como tocado el pañuelo, de lino estampado el diario y de distintos materiales el de fiesta. En algunas ocasiones, además, puede llevar montera de paño o terciopelo, tocas de lienzo o el llamado “mandil de cabeza” de paño de estameña. El busto se cubre con el dengue, sustituido por el pañuelo de hombros, de lana, raso o terciopelo, decorado con cinta de terciopelo, sobre la camisa. También llevan corpiños, llamados justillos, chaquetas de paño y, como sobretodo, la mantilla. Estos trajes se completaban con el rodao o el manteo, con forma de capa y abierto por detrás. Las sayas o zagalejos, sin embargo, tienen la misma forma y son cerrados. El mandil es de lana burda, y pueden cubrirse por delante con una mantilla. Como calzado principal utilizan las madreñas o galochas, con medias, profusamente decoradas con motivos labrados. Las abarcas son de cuero, mientras que los escarpines son de paño burdo y se llevan con las madreñas.

     Los hombres se tocan con montera de paño, que en la actualidad ha sido sustituida por el sombrero, mucho más común hoy en día. Sobre las camisas de lienzo o estopa, visten numerosa variedad de prendas. Desde los jubones o almillas, al chaleco de piel curtida, la armada, o las chaquetas, también de piel curtida. A modo de pantalones, antiguamente el hombre lacianego usaba calzones que han sido sustituidos por los pantalones en tiempos modernos. Para soportar los rigores climáticos del duro invierno de la comarca, se cubrían con capotes, siendo mucho más elegantes las capas, mientras que el primero se utilizaba los días de diario y de trabajo. También se abrigaban con las anguarinas. Calzaban polainas, abarcas de cuero y madreñas de madera, muchas veces decoradas con interesantes tallas labradas.

     La joyería ornamental es muy variada. Se utilizan collares de coral que se acompañan y enriquecen con relicarios y cruces de plata o medallones. Los pendientes, igualmente son de plata, de la misma manera que los anillos pueden ser de plata y oro. Una pieza muy característica de la comarca son las “tumbagas”, sortijas donde se emplean como materiales principales el oro y el cobre.

     En el apartado de instrumento usados como aperos en los trabajos agrícolas podríamos establecer una complicada tipología atendiendo a los distintos elementos y sus características. Empezando por los carros, desde el más arcaico como el “chillón”, a los más actuales con ruedas de radios o los narrios, hasta los yugos, pasando después a los útiles empleados en las labores agrícolas como azadones, azadas, layas, mazos, gradas... La producciones alfareras nunca llegaron a alcanzar un especial renombre, ya que muchas de las piezas empleadas eran producto de la importación de las fabricadas en otras zonas provinciales. También, a modo de recipientes se utilizaban otros materiales. Hoy en día sí que podemos afirmar que existe algún centro cerámico que realiza interesantes piezas, fruto del nuevo auge de la artesanía, por lo que mantienen aspectos populares, pero con formas modernas.

     La industria textil se orienta a satisfacer las necesidades más inmediatas de los habitantes de Laciana, sobre todo en lo que se refiere a la confección de prendas de vestir y de artículos cuyo principal material sea tejido. Como principales materias de la industria artesana textil se utilizan la lana, el lino y el algodón. La lana se obtiene mediante el trasquile de las ovejas, abundantes en la zona por el pastoreo trashumante. Esta fibra tiene que ser convenientemente limpiada y cardada para evitar que quede cualquier impureza. Posteriormente, se hila para obtener las madejas de hilo. De esta forma se obtiene la principal materia prima que pasará al telar, donde se elaboraban interesantes tapices, alfombras, o bolsos, entre otros numerosos objetos. El lino es un producto vegetal. Una vez cultivado y recolectado, sigue un proceso encaminado a la obtención de la fibra limpia y ya preparada para ser hilada mediante los debidos tratamientos. Posteriormente, en el telar sufre la misma transformación que la lana, obteniéndose los mismos productos que los citados anteriormente. El algodón se emplea para tejer los mismos tipos, aunque deberíamos concretar que se trata de una materia que se importa, ya que no se da en la comarca.

     La casa lacianega merece una especial atención, no sólo por sus formas arquitectónicas, que ya han sido estudiadas en otro apartado, sino por los distintos complementos y muebles que contiene, algunos de ellos de gran interés etnográfico, aunque respondan a los mismos esquemas que en el resto de la provincia de León. De este modo, describiremos algunos de los más característicos de la cocina, núcleo donde se desarrolla toda la vida familiar en torno al hogar. Como principal asiento se utiliza el escaño, de múltiples funciones. No sólo como asiento, algunos podían ser empleados también como mesa, ya que hay ejemplos que presentan un tablón levadizo que puede retirarse o bajarse. En otros casos, el propio escaño puede tener habilitados en su espacio interior unos pequeños armarios para guardar diversas pertenencias. Por regla general, se trata de un mueble de madera recia, con brazos y un alto respaldo, de un tamaño considerable, largo. Si sobre el mismo se pone un jergón, también podía utilizarse para dormir. Hay una mesa muy típica de la casa lacianega, que se encuentra adosada a la pared donde se sujeta, ya que puede subirse para que no ocupe mucho lugar. Es una mesa redonda de madera, con una sola pata, la que se despliega cuando se baja. Para guardar objetos, tenemos distintos tipos de muebles, también de gran interés. Las alacenas se sitúan detrás de los escaños, y se presentan abiertas. La “cacia” era como se denominaba al ajuar de cocina. Otros complementos que podemos encontrar son la masera, el horno donde se elaboraba el pan, ya que normalmente cada casa solía disponer del suyo propio. Las vajillas, acostumbraban a estar hechas de cobre.

     La forja fue una actividad de cierto desarrollo en la comarca, existiendo algunas fraguas de carácter artesanal que, hoy en día, sin embargo, han desaparecido en su totalidad. De esta manera, la única forja tradicional que se desarrolla en la actualidad tiene un marcado carácter comercial orientado al turismo. Como ya hemos comentado al hablar de los muebles, las vajillas se realizaban en cobre, pero también se forjaban gran cantidad de materiales con una marcada intención funcional, desde enseres de la más diversa índole para las labores diarias del hogar, hasta los complementos necesarios para los trabajos del campo.

     Los principales trabajos realizados con la madera, de nuevo, tienen un fin meramente funcional. Destacan las madreñas, realizadas por los galocheros, que usando llegras y azuelas llegaban a realizar auténticas obras de arte. Tallaban la madreña a partir de un tronco de árbol. Este tronco se dividía en dos trozos a los que empezaban a dar la forma característica de este tipo de calzado. Después la ahuecaban y finalmente la remataban hasta obtener la forma deseada. En un alarde de su buen trabajo, el galochero podía llegar a labrar el empeine, dibujando distintas figuras geométricas que destacan por su armoniosidad.

     Podemos enumerar otra gran cantidad de trabajos que podríamos encuadrar dentro de esta artesanía tradicional, muchas de las veces trabajos encaminados a obtener objetos de uso personal. Los pastores solían trabajar los cuernos, para uso personal, en los que se pueden destacar sus decoraciones. Los pastores lacianegos durante sus horas de descanso y de espera, labraban estos cuernos, realizando en ellos bellas decoraciones de tipo vegetales o geométricas. También podemos hablar de la cestería de mimbre. El objetivo de estos trabajos con el mimbre era igualmente utilitario, ya que los recipientes se realizaban para aplicarles un uso práctico inmediato. Se elaboraban cestos y recipientes que se empleaban en cualquier tipo de actividad, tanto las propias de la casa como en cualquier otra labor, como las agrícolas, en los que se precisasen. Pero si destaca esta actividad por algo, es por los muchos casos en que estas cestas muestran una delicada decoración, que nos informa de la sensibilidad y el arte de las personas que trabajaban el mimbre. Relacionada con la construcción de la casa, también se desarrolló una importante actividad artesanal. Estamos hablando de los diferentes trabajos a través de los cuales se manipulaban las distintas materias primas que se iban a emplear para levantar las viviendas de los lacianegos. Una de las más peculiares tiene relación con la obtención de la cal, actividad realizada por los caleros. Utilizan piedras calizas de las que obtienen su principal materia prima. Posteriormente, mezclaban la cal con arena de manera que ya estaba preparada para ser utilizada en la mampostería de los muros. El cantero, por su parte, trabajaba las piedras, llegando a adquirir una gran perfección en este tipo de trabajo. De esta manera, son dignos de admirar los sillares que han ido levantando las casas, algunos de ellos trabajados con una gran maestría. Esta habilidad en el trabajo de la piedra no sólo tuvo un fin práctico inmediato, sino que implicó el desarrollo de una escultura en piedra que, aunque de cierta ingenuidad, supone un trabajo digno de calificarse como arte.

Manzana Reineta del Bierzo