MONTAÑA VIVA, LIBERTAD PURA. Por ser cárcel de alta muralla, prisión de curvas y escondrijos, valles de hondura y claustro de peñas, la montaña inspira a quien la vive sueños de libertad y allí algunos descubren la razón de los sueños. El horizonte queda secuestrado por farallones de roca y cumbres imposibles para quien se agazapa ó se somete a la artesa profunda de los valles. Pero quien alza la vista y sube el paso a sus cumbres y colladas amplía lontananzas y deseos como nadie.
Y allí nace siempre un soñador que buscará el mundo hasta más allá del mar, aunque seguirá grapado su corazón a una tierra que siempre le exige volver con los suyos, con el alma escrita en noches de fuego y corro, en cocinas de familia apretada, en inviernos con la nieve a media ventana y con leyendas hasta las tejas. Y cuando ese montañés vuelve a los suyos no edificará palacete de indiano, sino escuela, saberes que conjuren la pobreza y la ignorancia, porque – como decía el viejo maestro español preceptor de Simón Bolívar – “a quien nada sabe, cualquiera le engaña; y a quien nada tiene cualquiera le compra”. Gracias a aquellas gentes y a su generosidad escolar, el índice de analfabetismo en el valle de Sajambre sólo era de tres por ciento en el siglo XIX, cuando en el resto de la España rural de entonces estaba en el sesenta.
El retrato de esta montaña, el retrato afable de su rostro guapo, es el de la montaña de Babia, merinera y ensoñadora, culta y laboriosa, patria de veranías que se hacen brañas, enormes rebaños de hacienda extremeña, calecho vecinal a la caída de la tarde... montes de Luna, hidalgos y sublevados ante los señoríos que robaban la ley del concejo... montaña de Los Argüellos que, desde el Bernesga al Curueño, mancomuna afanes de ijada y arriería, serenando las noches en filorio y lumbre hermana... montaña de Boñar y bosques del Mampodre, donde el corzo y el gran árbol suben juntos hasta la cima y allí cada cual pelea por su libertad... montañas de Tarna y Riaño, ley de pradera y pasto que engendró una mítica cabaña y sembró de chozos los puertos de estío... montaña de Sajambre y Valdeón, vértigo de la historia y pasmo general ante la imposible altura del macizo de Picos de Europa, lugar donde se embosca el tiempo y las costumbres, el hórreo, el urogallo, el oso en el colmenar y el rebeco en la roca pelada del escarpado imposible...
Así quiero ver yo la montaña que de bien temprano se empadronó en mi cabeza y en mis deseos: Montañas de León, ubre de libertades. La propiedad privada se rinde ante el interés comunitario ante los bosques y pastos del común, ante la obligación moral de nunca faltar a hacendera colectiva. Aquí uno no es uno, sino pueblo entero, sociedad de auxilios mutuos, hoy por ti y mañana por mí, compartiendo... No hay otro modo; lo demás es miseria o soledad mortal. Uno solo es nadie.
Y cuando en esos valles se escucha una azuela mordiendo un tablón como en todos los siglos de atrás, vieja madera de roble albar que se dejará querer por la garlopa, es que están construyendo el carro de los sueños.
PEDRO TRAPIELLO
Mundo Queso




























































































