Historia

     El hecho de su situación geográfica, ha propiciado que esta zona se viese envuelta, en muchas ocasiones, en los avatares históricos que han sacudido a la península Ibérica. Sin embargo, la actualidad viene marcada por un cierto alejamiento de los centros de toma de decisiones, aunque sus habitantes se han volcado en un intenso programa de revitalización económica de la comarca, centrado en el desarrollo de su potencial turístico y ecológico.

     Para llegar desde León, es necesario tomar la N – 621 para posteriormente a través de la Le – 626 llegar a La Vecilla y La Robla. Desde Asturias, por la A – 66 se accede a La Robla. A Cistierna, por la N – 601 hasta Mansilla de las Mulas, tomando entonces el desvío de la N – 625. A Riaño, a través de la N – 621 con dirección a Santander. Entre los numerosos municipios que conforman la comarca, destacaremos: La Robla, Pola de Gordón, Villamanín, La Vecilla, Boñar, Puebla de Lillo, Riaño, Oseja de Sajambre, Cistierna...

     Está situada al nordeste de la provincia de León, limitando al norte con Asturias y Cantabria; al este, con Palencia; al oeste, con Babia y Omaña; y al sur, con Tierras de León. Se caracteriza por un relieve montañoso quebrado y espectacular modelado, perteneciente a la cordillera Cantábrica y compuesto por una compacta masa de caliza, recorrida por los ríos Bernesga, Torío, Curueño y Porma. El clima dominante es templado, aunque con altos índices de precipitaciones y nevadas, con heladas extremas en invierno y bajas temperaturas en verano.

     En cuanto a los orígenes de su Historia, contamos con interesantes ejemplos de momentos antiguos de población, como los yacimientos atribuibles al Paleolítico Medio de Reguero Seco, Vidanes, o Cistierna. También hay problemas con la cronología de los materiales de la cueva de La Cantera, ya que se duda entre su atribución a este periodo o al Paleolítico Superior, del que ya contamos con ejemplos en las cuevas de La uña o El Espertín, yacimiento epipaleolítico. De momentos más recientes, se ha documentado la existencia de estructuras dolménicas y tumulares que nos remitirían a elementos neolíticos. Igualmente, se han hallado diversas hachas planas metálicas del Calcolítico, o restos de enterramientos relacionados con elementos campaniformes como el de Peredilla. Durante la Edad del Bronce podemos hacer referencia a la importancia de la minería del cobre.

     Entender el desarrollo de la Historia Antigua en la comarca de la Montaña supone tratar la presencia de los antiguos pobladores prerromanos de la zona. Podemos distinguir dos grupos principales. Por una parte, los cántabros vadinienses, en la zona oriental correspondiente a los Picos de Europa, mientras que la en la montaña central, se conservan vestigios de la presencia de pueblos astures. Por lo general, la ocupación del terreno se articula en torno a los castros, que estarían habitados por poblaciones dedicadas a la agricultura, en especial a la ganadería, complementando su economía con la caza y la recolección. Una de sus principales aportaciones económicas, según las fuentes latinas, consistiría en el bandidaje realizado en las tierras de la meseta, hecho que se convertiría en el casus belli que Roma alegó para iniciar la conquista de la zona.

     La estructura social que impone Roma se articula en torno a dos grandes grupos. De esta forma, el grupo dominante social estaría constituido por los grandes propietarios hispanorromanos. En cuanto a la economía, la base consiste en la actividad agrícola y ganadera, aunque se imponen algunas innovaciones tecnológicas como el arado romano.

     La Edad Media puede darse por iniciada con la entrada en la escena peninsular de los pueblos germánicos. Los vestigios de pueblos bárbaros en la Montaña son muy escasos. Quizá, el único ejemplo del que podamos hablar para ilustrar este periodo en la Historia de esta comarca, corresponde con la posible fundación del castillo de Aviados, que podría atribuirse al noble visigodo Gundemaro. Estas zonas, y en especial los Picos de Europa, por su relación con Covadonga, seguramente fuesen zonas de defensa, y por lo tanto foco de la reconquista, contra la invasión árabe producida en el 711, debido a lo inhóspito del terreno. Las influencias árabes en la zona son, por lo tanto, escasas.

     Durante los primeros momentos de la Alta Edad Media, al ser esta zona principal punto de defensa del reino asturiano, sus monarcas le poblaron de una intrincada red de defensa, con castillos y torreones siguiendo, en muchos de los casos, la ubicación de antiguos castros, iniciando su repoblación en el siglo X. A partir del año 1000, se constata la existencia de pequeñas comunidades rurales formados por núcleos familiares. En estas comunidades de La Montaña, el concejo se establece como órgano de administración asentado para lograr la ordenación de los recursos económicos. La dependencia administrativa de estas tierras era variada. El hecho de ser zona de defensa en los primeros momentos de reconquista, propició que la mayoría de tierras fueran de realengo. Durante la Baja Edad Media, sin embargo, muchas posesiones de realengo pasaron a ser de señorío, transformación que no fue aceptada, sobre todo, por los poderes municipales.

     La economía obtendrá distintos recursos según los determinados espacios de La Montaña. Por ejemplo, los principales recursos económicos en los Picos de Europa estuvieron constituidos por la ganadería y por la caza, mientras que en la ribera del Torío se organizó una intensa actividad de reordenación del territorio fomentando el aprovechamiento agrícola de sus terrenos. En conclusión, podemos citar como principales recursos los agropecuarios, con especial importancia de la ganadería. La economía se caracterizaría por un alto grado de autosuficiencia.

     La sociedad se articula en torno a los tres estamentos característicos y reguladores de la vida medieval: La nobleza, el Clero, y los grupos no privilegiados. Sin embargo, la especial situación geográfica de la zona, como ya hemos comentado, propició que la nobleza, entendida en la existencia de ciertos privilegios, como no pagar impuestos, estuviese generalizada en la zona generando una amplia libertad entre sus habitantes.

     Desde el siglo XVI La Montaña se mantiene en un relativo aislamiento. Este aislamiento va a tener como consecuencia la prolongación de formas tradicionales durante largos periodos de tiempo así como costumbres que aún hoy se conservan. La economía, cuyos datos fundamentales podemos analizar a través del Catastro de Ensenada, se rige por las ordenanzas establecidas en los concejos. Según esta fuente histórica citada, el ganado vacuno y ovino constituye la principal actividad económica de la zona. De nuevo, tenemos que apuntar que la economía depende de las diferentes zonas de montaña, ya que en otras partes la agricultura de subsistencia constituye el principal elemento de la actividad económica.

     En cuanto a la estructura social, se mantienen las formas descritas hasta el momento al hablar de la Historia de La Montaña durante el periodo medieval, en parte debido al aislamiento de la zona al que nos hemos referido. El concejo, como se ha podido comprobar, supone un importante elemento articulador de la vida en cada núcleo de población.

     El fin del Antiguo Régimen supuso para el territorio la extinción de su ancestral sistema de organización comunal, basado en las ordenanzas y en el concejo. La nueva forma de organización que se impone se basa en el Ayuntamiento. Económicamente, el siglo XIX se caracterizó por la desamortización de los bienes eclesiásticos bajo la apariencia de una reforma agraria, de forma que el Estado se apropió de buena parte de los bienes de la Iglesia así como de algunas instituciones seculares  e incluso de propiedades comunales. Este siglo trajo consigo, asimismo, la revolución industrial a España, incluida La Montaña. Así, por ejemplo, destaca el aprovechamiento de los saltos de agua para la construcción de molinos, la instalación de fábricas en la zona, etc.

     A principios del siglo XX numerosos pueblos de La Montaña vivieron momentos de cierto esplendor. Esto se debió a las riquezas generadas por los indianos, emigrantes que partieron hacia América en busca de mejor fortuna, que fue empleada para levantar iglesias, escuelas y demás elementos que caracterizaron una cierta prosperidad. Más adelante, esta zona fue una de las más afectadas por el trágico episodio de la Guerra Civil (1936 – 1939) de la provincia, y aún hoy son visibles los restos de trincheras y lugares de combates entre las tropas del general Franco y las fuerzas leales a la República.

     La segunda mitad del siglo XX se caracteriza por la construcción de numerosos pantanos en la zona como medida para difundir los cultivos de regadío en el sur de la provincia, lo que modificó sustancialmente el paisaje de la montaña leonesa. Un importante factor de desarrollo vino dado por la integración de los Picos de Europa en la Red de Parques Nacionales que establece un modelo de gestión que asegura la conservación de sus valores naturales y el desarrollo para sus pobladores. Este modelo de gestión se está imponiendo en las demás zonas de La Montaña, que descubren una importante fuente de riqueza en el desarrollo del turismo rural.

Manzana Reineta del Bierzo