FIESTAS. Quizá uno de los mejores momentos para visitar La Montaña leonesa es durante muchas de sus abundantes fiestas. En éstas, se mezclan los elementos más tradicionales con la diversión, por lo que se aseguran días que dejarán un buen sabor de boca al visitante. También debemos mencionar las numerosas ferias que se celebran en muchos pueblos montañosos, en los que se podrán observar las excelencias de la gastronomía de la comarca, siempre en honor de los productos típicos que se elaboran en estas tierras. Las fiestas religiosas apenas se distingue ya de las profanas, ya que la celebración de los patronos de las distintas localidades, de su carácter sacro original, ha pasado ha convertirse en grandes fiestas que reúnen a todos sus habitantes así como a los de los lugares cercanos.
Las fiestas de las diversas localidades dependen del día en que se celebre el patrón de la misma. Las fiestas de Riaño, por ejemplo, se celebran en honor de Nuestra Señora de Quintanilla. Con este motivo, el fin de semana posterior a su celebración, se desarrollan los festejos de la localidad durante tres días seguidos. En La Robla se homenajea a la Virgen de Celada o de Las Nieves durante cinco días, fiestas que han llegado a adquirir una justa fama en otros puntos de la provincia fuera del ámbito comarcal. El patrón de Cistierna es San Guillermo, momento en que se celebran las fiestas de esta localidad. Las tradiciones festivas se distribuyen también el día de Santiago en Cármenes, San Mateo en Campo y Gete, San Roque en Canseco o Robles de la Valcueva. Así, podemos observar como el número de fiestas sería interminable, ya que cada localidad, por pequeña que sea, cuenta con su patrón, excusa perfecta para realizar todo tipo de festejos.
Al hablar de fiestas profanas, hemos de referirnos necesariamente a la celebrada en Vegacervera en honor a la cecina de chivo y a los embutidos de esta zona montañosa. Estas fiestas toman como centro de atención los productos montañeses. De esta manera, no sólo se asegura el esparcimiento durante un día, sino que, además, se hace una perfecta publicidad de la gastronomía comarcal, lo que redundará en una mejora de la economía local. Otra de gran interés es la Fiesta de la Trashumancia en Prioro, el último domingo de Junio. El pueblo sale al encuentro de los rebaños, y celebran actividades folclóricas en honor de los pastores y para disfrute del público asistente, destacando el corro infantil de lucha leonesa.
Reina de las fiestas profanas, es el Carnaval. Son numerosas las localidades que celebran estas fiestas en mayor o menor medida, por no decir que la totalidad de los pueblos montañeses la festejan. Pero los Carnavales de algunos pueblos destacan por encima de los demás. La Robla celebra con gran tradición sus Carnavales, con un carácter entre los sagrado y lo profano, al igual que sucede en los de La Pola de Gordón. También, de marcado acento tradicional, en Robledo de Fenar, en el valle del Torío, se planta un tronco de árbol en el lugar más significativo del pueblo, lo que se denomina “colocar un mayo”.
Muchas de las fiestas religiosas se celebran en forma de romerías. Cada primero de mayo se celebra la Romería de San Froilán en Valdorria. Los romeros ascienden hasta esta localidad donde asisten a una misa, y un personaje ilustre leonés realiza una rogativa. Después, la imagen del santo se lleva en brazos hasta la ermita situada en la cumbre.
Otra es la Romería de la Virgen de la Corona en los Picos de Europa. Según la tradición, en la ermita situada entre Posada de Valdeón y Caín fue coronado Pelayo. El último domingo de agosto la Virgen es llevada hasta las parroquias de Soto y Posada de Valdeón, al igual que se hace el 8 de septiembre acompañada por los pendones.
En el valle de Sajambre se realiza una romería cada 15 de agosto hasta la ermita de Nuestra Señora del Pontón, de gran colorido. Otras fiestas no son de carácter tan local, como las Fiestas del Corpus Christi de La Robla, con una procesión que recorre los altares realizados por los habitantes de la localidad, después de la cual se toma escabeche y vino, o la de Geras. En cuanto a la de Semana Santa, destaca la de Santa Lucía de Gordón.
A través de estas romerías, se encauza el sentir religioso de los habitantes de la comarca. En un principio primaba el aspecto espiritual de la celebración, sin embargo, hoy en día, es motivo y justificante para realizar todo tipo de actividades lúdicas que animan la presencia de romeros.
Otros acontecimiento festivo a destacar, aunque con un fin puramente comercial, está constituido por los mercados. Son de especial interés los de Boñar todos los lunes del año, mientras que en La Pola de Gordón son todos los jueves, o el de Riello celebrado los primeros miércoles de cada mes. Estos mercados articulan la vida económica de la comarca y reúnen a gran cantidad de habitantes, no sólo de la localidad donde tenga lugar el mercado, sino de pueblos cercanos que, en muchas ocasiones debido a su despoblamiento, no tienen la posibilidad de acceder a productos que sí se ofrecen en estos mercados.
Las ferias de ganado, debido a la importancia de este sector en la economía comarcal, son importantes. Por encima de todas, destaca la de Riaño, celebrada el 6 de noviembre, donde se pueden observar buenas ganaderías vacunas, caballares, ovinas y caprinas, procedentes de la comarca e, incluso, de otras provincias. La calidad del ganado montañés es excepcional, motivo por el que estas ferias, cada vez más, se están convirtiendo en punto de encuentro de numerosos ganaderos. En un principio alcanzaban solamente el ámbito comarcal. Con el tiempo, pasaron a convertirse en comarcales, hasta que en la actualidad cada vez son más nombradas en los mercados especializados españoles. También deberíamos referirnos a la Feria Multisectorial y Cultural del Ayuntamiento de La Robla, que, poco a poco, va adquiriendo cada vez más importancia, o la Feria del Queso o la de ganado, la de Santa Catalina, de Cistierna.
TRADICIONES. La diversidad y extensión de esta comarca ha propiciado que se traduzca en una gran riqueza cultural que obedece a la creación popular. La Montaña se encuentra surcada por numerosos valles, y en cada uno de ellos se han desarrollado formas culturales que, aun manteniendo un sustrato común que se puede rastrear a través de la investigación etnográfica, ha generado formas propias en cada caso, derivando en un gran muestrario de leyendas, cuentos, costumbres, etcétera. Todas estas muestras de cultura popular deben ser recogidas concienzudamente con el fin de evitar su olvido. Son creaciones que obedecen al imaginario popular, y que se muestran como herencia transmitida desde generaciones atrás para ser transmitida y conocida por las generaciones futuras.
El habla de la comarca no puede considerarse como un idioma propio, ni siquiera como un dialecto, ya que muchas veces se resume a una serie de expresiones y formas de hablar concretas, que se utilizan con exclusividad en la comarca. En la comarca se habla el castellano, sin embargo, sí se puede apreciar una evolución propia, reflejando todos los factores que han marcado la evolución lingüística de La Montaña. Quizá, la zona con mayor entidad lingüística sea la de Los Argüellos, donde se conserva marginalmente una variedad central del dialecto astur – leonés.
La tradición oral ha encontrado numerosas formas de manifestación en numerosos actos populares. Por poner un ejemplo, podemos citar el famoso cancionero de la Dama de Arintero, que tiene su origen en la localidad del mismo pueblo. Adopta como tema central la vida de esta Dama, que participó en la guerra civil que enfrentó a Isabel la Católica con los partidarios de la Beltraneja a finales del siglo XV, disfrazándose de hombre. Por su participación, los Reyes Católicos le otorgaron numerosos privilegios. Pero, posteriormente, fue descubierto su engaño, ya que las mujeres no podían participar en los hechos de armas. Por este motivo, se inició su persecución, se le retiraron los privilegios y finalmente fue asesinada. Toda su apasionante vida originó este rico cancionero.
Pero podemos citar más muestras de esta creación literaria popular. En Sajambre, hay numerosas coplas que hacen referencia a las actividades ganaderas que dominan la vida económica de la zona. Son de gran interés, ya que un atento análisis de sus letras permiten aprender numerosos aspectos de la cultura popular de la zona. En Puebla de Lillo todavía se conservan coplas de gran sabor popular en honor de la Virgen de las Nieves. Las jotas también han sido objeto de atención por parte de los creadores literarios populares, como las que encontramos en Vegamián o en Boñar, dedicadas a ensalzar al pueblo, todas ellas con un cierto aire nostálgico.
Por último, y más generales de toda la provincia leonesa, se escuchan las llamadas coplas de amores, compuestas por los enamorados, o los famosos cantos de ronda, de carácter irónico, en el que se trataba cualquier tema de actualidad referido al pueblo y a sus cercanías, siempre con un marcado acento satírico.
Todavía se conservan otras manifestaciones literarias, como los romances. Dentro de todos los que se pueden escuchar en las localidades de la Montaña, uno de los que más ha destacado por su belleza, es el romance de “La Bella Infanta”, que los etnógrafos clasifican como un ejemplar típico de los llamados “romances de moros y cristianos”.
Los bailes también han marcado la personalidad cultural de esta comarca. Son danzas de gran variedad y riqueza, muchas veces debido a la propia extensión geográfica de La Montaña, por lo que predomina una enorme variedad. De ámbito provincial son las jotas, que en las localidades montañesas se bailan siguiendo gran diversidad en cuanto a sus pasos, dependiendo de los valles a los que nos refiramos. Los titos se danzan en las riberas del Curueño y del Torío, siendo muy populares. Son bailes que imitan las labores y faenas del campo, de gran espectacularidad, interpretadas con dulzaina y tamboril, y otros con pandereta, siendo cantados. Otra danza muy típica es la bolera, en todo el norte de León, un baile de parejas con continuos cambios, aunque muy lento, y siempre quedando uno de los danzantes sin pareja.
Una de las costumbres que más atrajo a los investigadores de la cultura popular ha sido los concejos. Éstos eran formas de gobierno, ya que en ellos se resolvían todos los asuntos que afectaban a la comunidad. Estos concejos estaban regidos por una asamblea delegada en los llamados “hombres buenos”, que eran elegidos democráticamente. La asamblea se reunía en algún lugar emblemático del pueblo, como en el Collado de Genicera, donde se dirimían los pleitos.. Una de las costumbres que tenían era la de beber vino como señal de fraternidad en un cántaro con cuatro azumbres y en un vaso de plata, que todavía se conserva en Genicera.
La caza del lobo es una costumbre que nos indica la organización de los pueblos de La Montaña y la colaboración entre los vecinos. Se ha recogido en Posada de Valdeón, donde todavía se conserva un chorco de lobos. Es un pequeño recinto circular, con paredes de piedra y una portezuela de hierro. Se trata de una trampa a la que daba una empalizada por donde se conducían los lobos. Las gentes del lugar los batían para que siguiesen por esta empalizada hasta que llegaban al chorco. Una vez que estaban allí capturados, eran sometidos a juicio y, posteriormente, se les mataba. En alguna ocasión, se podía dejar un lobo vivo, al que le ponían un bozal y le paseaban por el pueblo y ridiculizaban.
Costumbre de gran raigambre en toda la comarca son los Mayos. Uno de los más conocidos es el de Gradefes. La víspera del 1 de mayo, los mozos de pueblo se reunían, y se encaminaban a alguna chopera que se encontrase en territorio comunal. Allí, seleccionaban el chopo que les pareciese más esbelto y alto, para luego talarlo. En el mismo lugar, lo pelaban, dejando el tronco totalmente limpio. Este tronco lo arrastraban hasta la plaza principal del pueblo. Justo cuando las campanas daban la hora de las 12 en punto, levantaban el árbol. Era un momento de gran fiesta, donde se entonaban numerosas coplas y donde se bailaba durante largas horas. Este árbol permanecía en la plaza hasta el último día del mes de mayo, momento en que se derribaba. Con el árbol, se hacía leña, que se repartía de forma gratuita entre los vecinos del pueblo.
La costumbre del Mayo ha sido puesta en relación con algún rito pagano. Por esto, durante el siglo XI sufrió un proceso de cristianización, naciendo el llamado Mayo Cantamisas. Cuando un joven de alguno de los pueblos de La Montaña se ordenaba sacerdote, se plantaba en la víspera de su primera misa un chopo en la plaza del pueblo, que previamente había sido pelado, dejándose en el sitio durante tiempo indefinido. Esta costumbre se justificaba afirmando que el joven sacerdote debería llevar una vida como “la de un chopo, orientada hacia el cielo y hacia Dios”.
Las leyendas responden al tipo general de la clasificación que se puede establecer, basada en el tema: Por una parte, las que hacen referencia a las apariciones de Vírgenes, y aquellas basadas en hechos históricos, más o menos ciertos.
Dentro del primer tipo, podemos citar numerosos ejemplos. En Riaño, la Virgen de Quintanilla, que proporciona lluvias en épocas de sequía, se apareció a un pastor, al que solicitó que los habitantes de la localidad construyesen una ermita, lo que fue satisfecho en poco tiempo. En Puebla de Lillo, los pastores encontraron un cuadro con la representación de la Virgen de las Nieves en un monte llamado Esquilino, lugar del que no se conoce su ubicación. El hecho del descubrimiento del cuadro, propició la construcción de la ermita en su honor.
En cuanto a leyendas de tipo histórico, podemos, de nuevo, hablar de algunas de ellas. En Sajambre se conserva la leyenda del Monte Vindio, mítico refugio de los últimos cántabros que lucharon frente a las legiones romanas. La ermita de la Virgen de la Corona, a orillas del Cares, se pone en relación con la coronación de Don Pelayo, celebrada antes de la mítica batalla de Covadonga. Don Pelayo vuelve a aparecer en otra leyenda, ya que se cuenta que fundó la colegiata de Arbas para celebrar la victoria sobre los musulmanes en los campos de Tibigracias. Otra leyenda hace referencia a la consagración del monasterio de San Andrés, en Boñar, ya que se dice que con este motivo acudieron las princesas Doña Urraca y su hermana Doña Elvira. Por cuestión de protocolo, y como no querían desmerecer a ninguna de las dos, se abrieron en el templo del monasterio dos puertas para que pudieran entrar a la vez.
Existe otro tipo de leyendas. Por ejemplo, la que hace referencia a la formación del Lago Ausente. Según se cuenta, Jesús acudió al pueblo de Isoba a pedir limosna, aunque otras versiones afirman que fue un simple peregrino. El trato que recibió no fue el más deseado, y tan sólo recibió la ayuda del cura del pueblo y de una meretriz. Jesús abandonó el pueblo no antes sin maldecirlo, diciendo que se hundiría en el lago, menos las casas del cura y la meretriz que le prestaron su ayuda. En el Lago, en la actualidad, todavía se oyen las voces de quienes perecieron ahogados.
Mundo Queso




























































































