Hablar de la Historia de La Cabrera supone abordar la Historia del aislamiento tradicional de esta comarca, lo que ha hecho que llegase al siglo XX en unos niveles altísimos de subdesarrollo, hoy paliado por la reactivación económica que ha supuesto la explotación pizarrera. Sin embargo, comprobaremos cómo este aislamiento no ha sido total y cómo La Cabrera no ha podido sustraerse, no sólo del acontecer histórico de la provincia de León, sino del de España en general.
A esta comarca se accede a través de la carretera de León N – 120 en dirección a Astorga, tomando la A – 6. En la salida 387 nos incorporamos a la C – 631 con dirección a Columbrianos o Fuentes Nuevas. También se accede por la N – VI a través del desvío hacia La Cabrera. Los pueblos más significativos de la zona son: La Baña, Benuza, Encinedo, Castrocontrigo, Castrocalbón, Truchas, Corporales... entre otros.
Situada en el sudoeste de la provincia, La Cabrera Alta se extiende a lo largo del curso del río Eria, entre las tierras de El Teleno y la Cabrera. La Cabrera Baja lo hace siguiendo las aguas del río Cabrera hasta su confluencia con el río Sil. La comarca limita al sur con Zamora; al oeste, con Orense; al norte, con El Bierzo y La Maragatería; y al este, con el Páramo y las Riberas. En cuanto a su geografía, podemos destacar que se trata de un terreno caracterizado por ser un macizo de granito producto de erosión por lo que da lugar a un paisaje berroqueño. Las cumbres más altas alcanzan los 1564 m de altitud y se encuentran enmarcadas en la sierra de La Cabrera y en el macizo de El Teleno.
Los orígenes del nombre de la comarca se relacionan con la existencia de los cabruagénicos o cabragini, nombre de connotación celta compuesto de las raíces “cabro” y “geno”, y del sufijo “icus”. Se trataría del nombre del pueblo habitante de la zona antes de la llegada de los romanos, el clan de los cabruagénicos, perteneciente a la tribu de los zoelas. Existe una tradición, procedente de la época de la Edad Media y que cuenta cómo los musulmanes fueron arrojados de La Cabrera mediante un nutrido rebaño de cabras soltadas en la noche con teas encendidas en sus cuernos, las cuales dejaron sorprendidos a los moros, que pensaron que se trataba de un poderoso ejército cristiano. El temor hizo que huyeran y abandonaran la región. Cuando cayeron en la trampa exclamaron: ¡Cabra era!
La información sobre los primeros habitantes de la comarca es debida a los hallazgos y excavaciones arqueológicas realizadas en la Corona y en el Castro, cerca de Corporales. Estos trabajos sacaron a la luz poblados de antiguos moradores que posteriormente fueron arrasados por los conquistadores romanos. Los datos nos informan sobre las formas de vida de estos grupos dedicados a la ganadería y al pastoreo. Existen más yacimientos arqueológicos, como los castros de Nagar, Saceda o Castrillo de La Cabrera entre otros. Lo único cierto es que se conservan restos de las épocas de los astures y de los romanos, fechados entre los siglos V y I a. de C.
La presencia romana queda patente al referirnos a las causas de penetración de Roma en la zona astur, momento en que se constatan las primeras noticias sobre la riqueza aurífera de la zona al norte de La Cabrera (Las Medulas). Para la extracción del oro se utilizó toda el agua necesaria del río Cabrera y sus afluentes. La llegada de los romanos, atraídos por la riqueza minera, provocó una mezcla de la cultura latina y la indígena y una ocupación de los castros, donde ya se alternan las típicas construcciones redondas anteriores con las rectangulares recién importadas. También se conserva de la impronta romana los “carriles”, excavados en la roca y por los que se conducía el agua hasta la explotación aurífera de Las Medulas, la más productiva del imperio romano.
La llegada de Roma a la comarca apenas supuso transformaciones socioeconómicas en La Cabrera, ya que se mantuvo un fuerte sustrato indígena hasta momentos muy avanzados. La sociedad establece una clara división entre dominadores y dominados y la base de la economía sigue consistiendo en la agricultura, la ganadería y las explotaciones mineras.
El fin de Roma en el siglo V d. de C. como entidad dominadora, supuso el advenimiento de nuevas clases dirigentes a La Cabrera. En los primeros momentos de los reinos germánicos en la península Ibérica, fueron los suevos quienes controlaron estos territorios, hasta que fueron desbancados del poder por los visigodos, integrándose la comarca en la estructura del reino de Toledo. De ninguno de estos pueblos se conservan elementos que destaquen, aunque se supone un aumento de la población debido a sucesivas repoblaciones de la zona, lo que implicaría una mejora en las técnicas de cultivo y ganaderas. A partir del 711, se produce la llegada de los musulmanes a la Península, que en poco tiempo pasó a estar totalmente dominada. Los restos de su presencia en La Cabrera se deben sobre todo a la pervivencia de una rica tradición oral en la que el moro se convierte en el protagonista de la narración.
Durante la reconquista que se desarrolló en los siglos posteriores, hasta el siglo XV, y una vez expulsados los musulmanes de La Cabrera, la comarca pasó a estar bajo la influencia de los monasterios, como el de San Pedro de Montes, que, además, poseía propiedades en El Bierzo, Valdeorras y en el valle de Valdueza. La economía medieval de la zona se va a caracterizar por primar las actividades agropecuarias, a las que habría que añadir algunas escasas actividades artesanales, mientras que el desarrollo de una labor comercial tendría que esperar largo tiempo hasta convertirse en una actividad de cierta entidad lucrativa. Socialmente, se constata la típica división tripartita estamental de la población, aunque habría que destacar el enorme poder y peso en todos los ámbitos de la vida de La Cabrera de la Iglesia, existiendo por lo tanto una mayoría de población campesina sometida al poder y a los tributos eclesiales.
Durante el siglo XV, se constata una profunda crisis en el poder de los monasterios, por lo que La Cabrera pasó a depender del marquesado de Villafranca que fue concedido por los Reyes Católicos en 1475 a la familia Álvarez Osorio, teniendo la zona a las órdenes de un gobernador. También, durante la Edad Moderna (siglos XV al XVIII), se dividió La Cabrera en los ayuntamientos casi tal y como hoy se conocen, denominándose Cabrera, Ribera y Valle de Losada. El ayuntamiento de Valle de Losada estaba en esos momentos en La Baña y no siempre lo formaron los mismos pueblos, ya que Castrohinojo llegó a pertenecer a la Ribera y Villarino al Valle de Losada.
También, durante esta época se plantaron las primeras viñas y llegó el cultivo de la patata que ha tenido una gran importancia en la economía de la comarca. La introducción de este cultivo tuvo una influencia muy positiva, lo que provocó un considerable incremento demográfico durante la Edad Moderna. Sin embargo, la economía apenas sufrió transformaciones desde los momentos medievales, de la misma forma que la sociedad permaneció prácticamente inamovible. De nuevo, la actividad agrícola y ganadera se perfilan como las más importantes y la población pertenece mayoritariamente al grupo no dominante del Estado Llano.
En el siglo XIX y principios del XX, la población aumentó considerablemente y la tierra de cultivo empezó a escasear, lo que repercutía en la economía familiar y empujó a muchos habitantes a emigrar hacia América, a pesar de los efectos de la desamortización y consiguiente enajenación de tierras de la nobleza y de la Iglesia. Otros optaron por una emigración estacional, ya que se dirigían a Andalucía para trabajar en los campos durante las épocas que menos faenas había que hacer en los pueblos. En esta época empezaron a funcionar las primeras escuelas de la zona, aunque no existían en todos los pueblos y los alumnos, para asistir a clase, debían realizar largos desplazamientos, siempre y cuando no estuviesen ocupados en las tareas de la casa.
Hasta la segunda mitad del siglo XX, la Historia Contemporánea de La Cabrera se caracteriza por ser dura y mísera, acentuada por una guerra civil, la del 36, que afectó a la población de la zona. A mediados de los 50 comenzó un nuevo movimiento migratorio hacia los países europeos, y más tarde hacia los núcleos urbanos de la provincia y del resto de España. A partir de la llegada de la carretera, La Cabrera ha alcanzado unos niveles aptos de progreso y ha reducido su tradicional aislamiento. En 1980 comienzan las primeras explotaciones de pizarra, lo que provocó el abandono casi total de las actividades agropecuarias. Asimismo, se está produciendo un cierto regreso de los emigrantes para trabajar en estas nuevas canteras, lo que ha supuesto un rejuvenecimiento y aumento de la población. Este progreso ha traído algunas consecuencias ambientales negativas, como la destrucción de paisajes por enormes escombreras sin ningún tipo de control o el empeoramiento de la calidad del agua del río Cabrera. Pero ha propiciado el reactivamiento de una comarca castigada por su secular aislamiento, convirtiéndose en estos momentos en uno de los puntos de mayor actividad económica de la provincia leonesa.






























































































