FIESTAS. La despoblación que había sufrido la comarca propició un cambio radical en la celebración de las fiestas tradicionales de la comarca. De esta manera, su sentido y su aportación fundamental para el conocimiento de la cultura cabreiresa se vieron gravemente amenazados y condenados a la desaparición. Hoy, numerosas asociaciones de carácter cultural intentan rescatar su aspecto más tradicional, intentando mantener costumbres que nos acercan más a los modos de vida tradicionales de los habitantes de La Cabrera. Por eso, su estudio y descripción merece un detallado análisis que asegure su pervivencia en el tiempo.
El principal patrón de Encinedo es San Mamet y en su honor se celebran las principales fiestas de esta localidad. Sin embargo, por motivo de la emigración, esta fiesta ha pasado a celebrarse el 11 de agosto. Se celebraba antiguamente en el “pico llugar”, pero por falta de espacio se ha trasladado a la plaza de las “Eiras”, la mayor del pueblo. Durante todo el año, una comisión de fiestas se encarga de organizar al mínimo detalle la fiesta, procurando que cada año mejore. Comienza con la típica “alborada”, en la que los gaiteros sacan a los habitantes del pueblo a las siete de la mañana, y puede llegar a prolongarse durante tres o cuatro días. En los actos festivos no falta todo tipo de actividades destinadas a todo tipo de públicos, como las competiciones que incluyen deportes tradicionales, como los “bolos cabreireses”, hoy prácticamente olvidados. El día más destacado era el día del patrón, en el que se invitaba a todos los asistentes a un aperitivo, mientras que la noche se reserva a los bailes.
Con motivo de la fiesta de San Roque, en Corporales se celebra una curiosa fiesta que supone una tradición que se ha mantenido durante muchos años entre sus vecinos. Es la llamada “corrida de la vaquita”. El día de la festividad, 16 de agosto, los mozos suben a las brañas por orden del Presidente. Allí capturarán a la vaquilla o al torillo más bravo, al que conducen hasta las calles del pueblo. En Corporales, se establece un circuito cerrado por medio de carros y que cruza toda la localidad, por la que debe correr la vaquilla, y delante la mayoría de vecinos que se atreven. Es una fiesta muy típica en toda España, pero la particularidad es que en León no es nada frecuente.
La despoblación, como hemos aludido, ha afectado a la celebración de las fiestas en la comarca, por lo que muchas de las tradiciones seculares que se habían mantenido durante años, han desaparecido. Por ejemplo, en Encinedo, dos fiestas de gran raigambre popular y celebradas desde tiempos antiguos, como las de San Antonio y Santa Lucía, el 17 de enero y el 13 de diciembre respectivamente, han perdido su carácter popular en el que participaban todos los vecinos. Hoy en día, en el mejor de los casos, se celebran de modo particular reuniéndose tan sólo la familia. Antiguamente, el acto central de la fiesta consistía en un baile comunal en algún corral de la localidad. Un grupo de Mayordomos, dos o tres vecinos, eran los encargados, por turnos de recabar el dinero necesario para celebrar la fiesta, pidiendo por las casas del pueblo. Hoy todavía existe esta figura de los Mayordomos, aunque el poco dinero que obtienen se destina a adquirir algunos cohetes con los que recordar que empieza la fiesta.
La fiesta local de La Cuesta era la Santísima Trinidad, aunque hoy sólo se celebra durante un día, el domingo anterior al Corpus Christi. Otro día festivo era el de Santo Tirso, el 28 de enero. Como mayor peculiaridad que pervive de esta celebración, fue la fundación de una cofradía, con unas leyes estrictas que debían cumplir todos sus vecinos. Esta cofradía se sustentaba con las aportaciones de los cofrades, pero ellos también tenían derecho a recibir una pequeña compensación que se concretaba en una determinada ración de pan y un poco de vino. Otra obligación importante era la de asumir el cargo de Mayordomo cuando correspondiese y si no se hiciera, el cofrade es expulsado. Pero la multa no queda ahí, sino que, además, ningún miembro de su familia podrá formar parte de la cofradía durante un mínimo de cinco años, a lo que se sumaría la multa monetaria.
La fiesta principal de Encinedo, La Baña y Robledo, es el Corpus Christi. Por este motivo, en Encinedo los festejos se han trasladado desde el jueves al domingo. Con motivo de las celebraciones, los balcones por donde iba a pasar la procesión se adornaban con colchas y mantas. Al paso de la comitiva, los vecinos arrojaban sobre la imagen flores, antes de que ésta volviese a su Iglesia. La parte más lúdica de la fiesta estaba compuesta por el baile nocturno, amenizado por una orquesta. Antiguamente, los mozos del pueblo recaudaban dinero entre los vecinos, llegando incluso a ponerlo de sus propios bolsillos. El mismo día de fiesta salían en busca de la orquesta y llegaban ya por la noche, llegada que anunciaban con cohetes antes de entrar en el pueblo. Hoy en día, este tipo de iniciativas se ha perdido. Sin embargo, los jubilados, desde hace algunos años, se encargan de traer a un grupo de gaiteros de Corporales que hacen la vez de la orquesta.
La ermita de la Virgen del Valle se encuentra en las laderas del pico de Cruz, cerca de Llamas de la Cabrera. La fiesta en honor de esta Virgen se celebra el primer domingo después de Pascua. A la ermita acuden todos los vecinos de La Cabrera baja.
Los mercados más concurridos, centro de la actividad comercial de la comarca, eran los de Villar del Monte, Valdavido, Quintanilla y Robledo. El día de Nuestra Señora de Guadalupe, el domingo siguiente al de Pascua de Resurrección, se celebraba el de Villar del Monte y en él se podían adquirir todo tipo de productos. Los sábados, desde primavera hasta San Pedro, se celebran los de Quintanilla, llegando incluso a atraer gente de Galicia. Se trataba, principalmente, de un mercado de ganado vacuno. Como mayor particularidad del mercado de Robledo, estaba la compra de los “curines”, los cerdos pequeños, celebrándose, por lo tanto, el día de San Martín, el 11 de noviembre.
TRADICIONES. El aislamiento que ha vivido hasta hace poco tiempo la comarca, quizá, hace suponer que las tradiciones y costumbres se habrían conservado de una forma satisfactoria a lo largo de los años. Sin embargo, toda esta cultura inmaterial no ha sido documentada ni estudiada como se lo merece. Los últimos años han supuesto la apertura de La Cabrera al resto de la provincia y, por lo tanto, la introducción de agresivas tendencias modernizadoras. Estas tendencias suponen una grave amenaza para toda esta cultura popular, cuya única salvación es el recuerdo y el conocimiento por parte de todos, no sólo de los oriundos de estas tierras.
La peculiaridad geográfica de la comarca ha propiciado que se desarrollen unas formas de habla muy peculiares que se diferencian claramente de los diferentes tipos que aparecen en toda la provincia leonesa. Diversos investigadores y lingüistas han establecido que el habla de La Cabrera se encuadra dentro del conjunto de formas dialectales de la variedad occidental del antiguo astur – leonés. La particular situación geográfica de la comarca provoca que esta afiliación sea demasiado simple, ya que las influencias que llegan desde la vecina Galicia se han dejado notar en numerosas expresiones y palabras. Pero, hay que tener en cuenta que estas formas de habla propias se han perdido prácticamente en su totalidad y tan sólo se conservan determinadas expresiones que hacen referencia a los aspectos más cotidianos de la vida en la comarca o a referencias en la toponimia.
La geografía de la comarca, como ya hemos comentado, va a marcar el desarrollo tradicional de la vida de sus habitantes. No sólo se puede comprobar a través de los restos de la cultura material popular, sino también a través de los numerosos restos de cultura inmaterial o de la propia tradición oral. De este hecho son conscientes los propios lugareños y así afirman continuamente que “Castrillo, Noceda, Saceda y Marrubio, cuatro lugares donde Cristo no anduvo”.
Las costumbres de la zona han revestido una cierta peculiaridad debido a las causas ya citadas. Pero, también es cierto, encontramos una serie de tradiciones que recuerdan a las practicadas en otros puntos de la geografía leonesa. No es extraño, por lo tanto, afirmar que en estas zonas la tradicional forma de gobierno de las comunidades aldeanas sería la del concejo, al igual que sucedía en la mayoría de la zona montañosa de la provincia. Este concejo era una institución absolutamente democrática, en la que participaban todos los vecinos de cada localidad o, al menos, los representantes en que las unidades familiares delegasen dicha participación. Cada representante podía emitir su opinión siempre que lo considerase oportuno; eso sí, respetando al máximo la participación de los demás. Siempre se decidiría en estas reuniones sobre los asuntos que afectasen a la vida común en cada localidad, por lo que se convertían en auténticos centros de regulación de la vida comunal de cada pueblo.
Hay que aclarar que la reunión del concejo, celebrada con una periocidad establecida, aunque se aceptaba la reunión extraordinaria si era preciso, se solía celebrar en algún lugar emblemático de cada localidad. En relación con este dato, podemos citar un curioso vestigio que hoy todavía puede observarse en la localidad cabreiresa de Castrohinojo. Se trata de “El Extremadero”. Se encuentra situado en la mitad de una tortuosa calle irregular, como las que caracterizan a los pueblos de La Cabrera. Es un gran bloque de piedra caliza que los vecinos conocen como “El morrillo de Extremadero”. Éste era el punto de reunión donde se daban cita los representantes que acudían al concejo o donde se realizaba el recuento del ganado cuando regresaba de pastar. Pero se conservaba hasta hace poco tiempo una curiosa tradición: Toda aquella mujer que desease concebir un hijo o ser fecunda debería frotar en la piedra su barriga para conseguir este propósito.
Pero también existen otras tradiciones que nos hacen remontar muchos siglos en la Historia de La Cabrera, ya que son el vestigio de tiempos antiguos en las que se mantenían ciertos ritos y formulas cultuales que, posteriormente, la evangelización cristianizó en su intento de someter estas tierras a la nueva religión imperante.
Si citásemos un ejemplo de estas prácticas, uno de los exponentes más evidentes que encontramos en toda la comarca es el del santuario de la Virgen de las Ribas, situado en las cercanías del pueblo de Corporales. Al parecer, la imagen de esta Virgen ha realizado numerosos milagros entre las gentes cabreiresas, de forma que son muchos los que afirman haber sido sanados gracias a la devoción que muestran hacia esta imagen. Requisito fundamental para conseguir la sanación es colgar exvotos de una de las paredes del santuario. Esta tradición, ahora cristianizada, ha sido documentada arqueológicamente, de manera que son numerosos los pueblos prerromanos que ofrecían exvotos a las distintas divinidades que poseyeran con el fin de conseguir la recuperación de las partes dañadas o dolidas. Atendiendo a estos datos, parece claro afirmar que, de nuevo, nos encontramos ante un rito de origen prerromano o pagano que ha sido cristianizado en siglos posteriores.
En cuanto a las leyendas, una de las manifestaciones más importantes de la cultura popular, pueden clasificarse siguiendo unos modelos que serían aplicables a todas las que aparecen en la provincia de León. En primer lugar, una serie de leyendas de tema mariano. En la mayoría de ellas, se sigue un mismo esquema argumental: La Virgen se aparece a una persona. Puede aparecerse directamente, o bien, a través de una imagen que la represente. Generalmente, la persona a la que se suele aparecer, en casi todos los casos, se trata de un pastor, muchas veces de poca edad. Una vez que ha tenido lugar la aparición, la Virgen muestra su deseo, de muy distintas maneras, de que se le dedique en el lugar de aparición una ermita o santuario. Por lo tanto, es posible que nos encontremos ante leyendas, creaciones populares, que intentarían explicar el proceso de cristianización de un determinado lugar de culto pagano. El segundo tipo de leyendas toma como base algún acontecimiento histórico. Este acontecimiento histórico puede ser totalmente veraz pero, como suele ocurrir, la imaginación popular lo transforma de tal manera que es difícil distinguir cuál es la realidad del hecho ficticio. Aun así, se convierten en un importante testimonio para conocer con detenimiento la cultura de la comarca, así como puede ser la pista para indagar sobre determinados hechos históricos.
Volviendo a hacer referencia a una Virgen ya mencionada anteriormente, una de las leyendas que más aceptación ha tenido en la comarca y, que, por lo tanto, es más conocida, es la leyenda de la Virgen de las Ribas, recogida en la misma localidad donde se asienta su santuario, en Corporales. Al parecer, su nombre procede de la palabra latina “Rupes”, que vendría a significar “roca”. Este nombre se le otorgaría ya que su imagen fue recogida del Monte Teleno. Había sido depositada allí originariamente por los primeros evangelizadores que acudieron a estas tierras. El objetivo de dejar la imagen en este lugar tiene que ver con la cristianización del Monte Teleno, ya que era un monte sagrado para los astures. Para este pueblo prerromano, Tileno sería un dios de la guerra; sería, por lo tanto, el equivalente a la figura del dios romano Marte, algo que se ha documentado epigráficamente. Para dejar la figura, estos primeros cristianos habrían excavado en las laderas del monte una hornacina. Y según dicen los habitantes de Corporales, esta hornacina todavía es visible.
Pero este antiguo dios prerromano al que hemos hecho alusión aparece en algunas leyendas más que han recogido diversos autores. En la misma localidad de Corporales, hasta hace pocos años, se afirmaba que bajo las calles del pueblo existía un lago subterráneo que, en la actualidad, se encuentra sepultado. Este sería un lago que utilizaría el dios Marte o Tileno para apagar sus rayos de fuego cuando finalizaban las tormentas. Quizá, esta leyenda habría que ponerla en relación con el hallazgo de diversos elementos o instrumentos prehistóricos. Creencia muy aceptada en toda Europa, era que las hachas, así como puntas de flecha, hechas en piedra, que aparecían en los campos eran las llamadas “piedras de rayo”. De esta manera, se podría suponer que un rayo podría haberse convertido en piedra una vez que hubiese sido enfriado sumergiéndolo en agua.
Pero en otros casos, las leyendas pueden remontarse a origines más cercanos en el tiempo. Cuando nos referimos a leyendas de reciente creación, predomina todavía más el elemento histórico que el imaginario o mítico, por denominarlo de cierta manera. De esta forma, la historia del relojero de Losada ha llegado a adquirir en ciertos puntos de La Cabrera la categoría de auténtica leyenda, transmitida de generación en generación. Se trataría de la historia real de un pequeño pastorcillo de la localidad de Losada. Al parecer, fue contratado por un sacerdote para que le cuidase su rebaño. Durante una de estas jornadas de pastoreo, el niño perdió una de las ovejas y todas las búsquedas que realizó resultaron infructuosas. Su amo, el sacerdote, le reprendió duramente. Ante el castigo que le fue impuesto, el pastorcillo prefirió escapar huyendo al monte. En estos momentos se pierde su pista, pero lo cierto es que al final consigue llegar a Londres. Allí, empezó a formarse como relojero ya que se convirtió en aprendiz de este trabajo, pero, con el tiempo, llegó a crear su propia firma relojera. Quizá, la mayoría de la gente ignora que uno de los relojes más famosos de toda España ha sido creado por él: Se trata del reloj de la Puerta del Sol.






























































































