La Cueva del Túnel (Valdevimbre)
Leproim (León)
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Manzana Reineta del Bierzo

Recursos Naturales

     Si hemos de referirnos a un factor fundamental para describir la distribución de la flora y la fauna en los Páramos y en las Riberas, es la presencia humana. El hombre, desde tiempo inmemorial, ha transformado el paisaje de estas tierras para adaptarlo a sus necesidades, transformación que aún hoy continúa en plena expansión, buscando obtener el mayor beneficio posible. Junto a esta remodelación del paisaje paramés y ribereño, sin embargo, no debería olvidarse los aspectos ecológicos que caracterizan a estas tierras como de gran riqueza natural.

     Los Páramos y las Riberas se encuentran enmarcadas en el sur de la provincia leonesa, compartiendo características geográficas con la vecina al este Tierra de Campos. Nos encontramos de lleno, por lo tanto, en lo que ha venido en denominarse tierras llanas leonesas. Estas tierras no son más que la prolongación de la meseta castellana en la provincia y sus características responden a las generales que definen a la Meseta Central. Son terrenos que se encuentran a una elevada altitud media que ronda los 800 m donde predominan los despoblados si nos referimos a la vegetación. Pero podemos distinguir dos zonas principales. El Páramo, compuesto por leves ondulaciones del terreno y donde se desarrolla una agricultura de secano, y las Riberas del Órbigo, donde la presencia del río y las actuales influencias de los pantanos de las zonas montañosas han posibilitado el desarrollo de unos cultivos de regadío.

     La transformación del paisaje a lo largo de la Historia se centra en dos momentos principales. El primero de ellos se remonta a la Edad Media. Durante estos momentos se asiste a una intensa deforestación de todas las tierras de esta comarca. En estrecha relación con la repoblación del Páramo y de las Riberas, la necesidad de nuevas tierras de cultivo que abasteciesen a las nuevas poblaciones provocó que el principal afectado fuera la masa forestal. Igualmente, se puede citar como factor determinante la explotación de los árboles como fuente de obtención de materias primas. El segundo momento es mucho más cercano en el tiempo y tiene que ver con la intención de expandir los cultivos de regadío por la zona. Las primeras modificaciones vinieron impuestas por la construcción de numerosos pozos para la extracción del agua. Posteriormente, en 1959, se construye el embalse de Luna. La última fase de este proyecto viene indicada con la realización de las obras del trasvase Esla – Órbigo con el objetivo de llevar el agua hasta las tierras del Páramo bajo.

     El clima es otro de los condicionantes fundamentales para comprender la distribución vegetal de los Páramos y las Riberas. Nos situamos ante tierras en las que domina un clima extremo, muy riguroso. De tal manera, que podemos hablar de un clima de tipo mediterráneo aunque con una fuerte influencia atlántica, con temperaturas que varían enormemente de las estaciones cálidas a las frías, sin que existan unas condiciones aptas para hablar de primaveras y otoños suaves. Por otra parte, el nivel medio de precipitaciones es muy bajo.

     De esta forma, podemos destacar dos grandes tipos de vegetación en la comarca, como es la vegetación natural y, por otra parte, los cultivos. Dentro de estos, a su vez, debemos distinguir aquellos de secano de los de regadío.

     La vegetación natural del Páramo y de las Riberas es el encinar, formando amplios bosques. Sin embargo, como ya hemos comentado, la acción humana ha debilitado enormemente la presencia de masas arbóreas en estas tierras. Son muy variadas las especies que pueblan estos bosques, dependiendo en su gran mayoría según las distintas zonas que podamos establecer dentro de los Páramos y las Riberas. Así, la especie dominante es la encina, que en determinados espacios puede acompañarse por otros árboles, como el rebollo o el roble, de la especie de los melojos, e incluso, el quejigo. Sin embargo, si atendemos a las tierras altas de la comarca, observaremos que la especie dominante es la del roble melojo. En puntos muy determinados de la geografía paramesa y ribereña, todavía puede verse una flora muy característica y típica de estas tierras, sobre todo en las situadas en algunas lagunas, que ha propiciado su protección por parte de los organismos competentes en la materia. En las zonas de las riberas de los ríos, aparecen las choperas junto con salgueros y zarzas.

     Pero la vegetación más característica de la zona viene marcada por la acción del hombre. De esta manera, la fisonomía típica de los paisajes de estas tierras viene marcada por la continua prolongación de los diferentes tipos de cultivos, entre los que se pueden establecer las diferencias ya citadas al hacer mención de las notas básicas de la vegetación paramesa y ribereña. En primer lugar podemos citar los cultivos de secano. Entre estos, por su principal aportación al medio económico, haremos referencia a la extensión de los viñedos. De esta forma, una de las zonas más destacadas en este tipo de cultivo es la de Audanzas. Son viñedos de una variedad autóctona denominada Prieto – Picudo que está siendo reconocida por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen. Los otros cultivos de secano son, principalmente, los de cebada y centeno, a los que se podrían sumar diversas leguminosas de secano. El actual abandono de esta agricultura está provocando que, de nuevo, vuelva a poblar la zona la encina, al igual que abundan los eriales y las tierras de barbecho. Los cultivos de regadío son de implantación más reciente. Entre estos destacamos los de remolacha azucarera, los de alubias o los de maíz. Junto a los pozos que sirven de sustento a esta agricultura, suelen aparecer nogales y algunos árboles frutales. Sin embargo, el maíz ha sido el principal objetivo del regadío intensivo.

     La fauna de los Páramos y las Riberas es numerosa y variada, especialmente si nos referimos a la avícola.  Entre las distintas aves que se pueden contemplar, citaremos, por poner algún ejemplo, la graja, la garza, la cigüeña, diferentes tipos de ánsares, el halcón peregrino y un largo etcétera que sería imposible de resumir en estas páginas. Entre los mamíferos, los más frecuentes son el conejo y la liebre en las zonas llanas de matorrales. En cambio, en los bosques, se pueden divisar lobos y zorros, junto con algunos jabalíes y algunos ejemplares de corzos que se han avistado en encinares y demás zonas boscosas.

La cueva del tunel (Valdevimbre)
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