GASTRONOMÍA. La comida tradicional estaba condicionada por los duros trabajos del campo, por lo que debía proporcionar el suficiente aporte nutritivo para afrontarlos. En un principio la dieta se fundamentaba en los propios productos de la comarca, en algunos casos muy variados, ya que disponían de cultivos de secano y de regadío, junto con productos ganaderos. La climatología, las fiestas, los ciclos de cultivo y de producción agrícola en la recolección de los frutos del campo, afectaban a las comidas que se realizaban en las distintas horas del día. También se efectuaba la matanza a partir de noviembre, muchas veces coincidiendo con las fechas de Navidad, de Año Nuevo o, incluso, Reyes. Con estos productos se elaboraban platos fuertes y caseros.
Uno de los productos estrellas de esta comarca es la alubia de La Bañeza. Bajo esta denominación se incluyen numerosos tipos de judías. La blanca redonda y la larga selecta. Estas dos variedades son las más cultivadas por ser las más tiernas, tener buena cocción y resistir muy bien a las plagas. Otras variedades son la palmeña jaspeada.
La presencia del río Órbigo posibilita que se consuma en cantidad la trucha, destacando como zona de pesca la cercana a Santa Marina del Rey, donde se elaboran variados guisos de truchas. Hospital de Órbigo y Veguellina son lugares donde se pueden degustar exquisitos platos basados en las truchas del río, como las sopas o las truchas fritas con unto.
También se consumía en abundancia quesos y embutidos, aunque eran curados en la montaña. Era frecuente realizar la matanza, de forma que se aprovechaba toda la carne del animal. Primero se desangra, después se chamusca su piel para quemarle los pelos y se cuelga para su despiece. Una vez despiezado, las partes se colocan en artesas, como el lomo, la costilla, el jamón, las orejas, las manos, el solomillo... Con la carne picada se elaboran chorizos y salchichones, se adoban los lomos y las chuletas, con las cantidades exactas de sal que hay que añadir a cada kilo de carne. Un queso típico de la comarca es el queso de oveja “campo oro” de Valencia de Don Juan. Es un queso manchego elaborado con leche de oveja, que se somete a una curación larga de más de doce meses.
Otro de los productos que acompañaban la comida era el vino que se producía en la comarca, sobre todo en aquellas zonas cuya orografía lo permite, ya que se hacía en las bodegas. Donde no existían, el vino se elaboraba en las propias casas en alguna habitación donde se ponía la viga de prensado y el lagar. El tipo de uva predominante es el Prieto Picudo.
El desayuno más característico de la ribera del Órbigo era “la parva”. Consistía en tomar unos sorbos de aguardiente, acompañados de un “regojo” de pan, lo que proporcionaba la suficiente energía para afrontar las jornadas de siega o cualquier otra labor. También se llamaba “matar el gusano”. El almuerzo, un segundo desayuno, se hacía a hora temprana. Consistía en sopas de ajo, hechas con pan de hogaza, que se complementaban con tortilla de patata, tocino, chorizo y otras viandas.
Para la comida, en el Órbigo, se consumía frecuentemente el “puchero”. Con este nombre se conocía a un cocido de garbanzos, patatas, berzas y fréjoles. La comida no acostumbraba a ser muy variada, aunque en determinados días de fiesta podían elaborarse comidas sobresalientes a base de callos, bacalao o congrio. Podemos destacar varios platos de esta hora del día. El cocido con alubias toma como principales ingredientes las alubias, sabachegos, longaniza o chorizo casero picante, al que se añade tocino, hueso, morro, oreja y pata de cerdo asada al humo, todo producto de la matanza. En algunos casos, las alubias eran sustituidas por garbanzos. Otro plato era el pote de berza, cultivada en la huerta familiar, con huevos, pata de cerdo, androya y pestorejo. Toda la mezcla se cuece en un pote de hierro. El estofado de alubias de riñón lleva alubias del Órbigo, estofadas con ajo frito en aceite y algo de vinagre y especias. El último plato de puchero que destacaremos son las sopas de ajo, tan habituales en la provincia, y preparadas con pan y manteca de cerdo derretido o aceite.
En el Páramo, la comida empieza con los entremeses: Cecina de Villabraz, tronco de puerro en conserva con ajos picados, chorizo, lomo y jamón montado en tomate con huevo duro o con escabeche de perdiz o con ancas de rana al estilo bañezano. De primero, se podía servir una bandeja de pichones estofados, o cordero asado en horno de leña y cocido con garbanzos. También podemos encontrar la famosa fabada asturiana con alubias de la zona del Órbigo. Igualmente son frecuentes las patatas con liebre o con caza de pluma, rellenos con carne picada. También se asaba pollo pavo asado con ciruelas.
Una de las recetas más conocida de la comarca es la de ancas de rana, en especial las preparadas en La Bañeza. Hay mucha afición a “ir de ranas”, se pescan con unos trapos rojos. En una tartera de barro se hace una salsa con pimiento, cebolla y pimentón, se le añade ajo y perejil, un poco de unto y una pizca de vino blanco, luego un poco de harina y de agua y ya por fin se le echan las ancas hasta que hiervan, se retiran del fuego y se tapan. Pero también podemos encontrar otras exquisitas recetas como las alubias a la bañezana, las sopas de ajo, el congrio al ajo arriero, y el bacalao tipo taberna.
La hora de la merienda se completaba con pan con tocino, chorizo o cecina, y en ocasiones muy raras, con jamón. La cena consistía en patatas con sopas de ajo y una tortilla de patatas o un simple trozo de tocino.
Como postre, hemos de destacar la fama que han adquirido los dulces bañezanos, uno de los más destacados es la rosca de Pascua. Estos postres se consumían según las determinadas épocas del año y, junto al ya mencionado, también podemos hablar de otros dulces famosos como los imperiales, las yemas, las pastas de San Blas, los canutillos de chocolate y los besitos. En el Páramo son típicas las frutas como postre: Cerezas, peras, manzanas, uvas... que se podían acompañar con queso, o sustituirlas por rosquillas.
JUEGOS POPULARES. El juego es uno de los mayores articuladores sociales de la comarca. Los habitantes se reunían en torno a estas competiciones que facilitaban un mayor acercamiento entre los habitantes de las localidades paramesas y ribereñas, que se acrecentaba mediante la sana rivalidad propiciada por las distintas modalidades de competiciones. De la misma forma, el juego permite adivinar múltiples rasgos arcaicos que nos permiten vislumbrar sus remotos orígenes, por lo que hoy en día se convierten en una importante fuente documental para conocer la cultura popular de los Páramos y las Riberas.
Uno de los juegos con más aceptación, no sólo en toda la comarca, sino en toda la provincia leonesa, son los bolos. Respecto a sus orígenes, se barajan dos hipótesis: Una primera, hace remontar este juego a tiempos prerromanos, mientras que la segunda lo sitúa en tiempos medievales, más en concreto durante la época de repoblación llevada a cabo por Alfonso III. Se juega en una cancha donde se distinguen dos partes principales: La primera, el castro donde se colocan diez bolos, y la segunda, el campo de juego, desde donde se lanzan las bolas. Aunque puede jugarse individualmente, lo normal es que se formen dos equipos rivales compuestos por entre dos y ocho miembros cada uno. Se juega con una bola semiesférica de madera y los bolos cónicos del mismo material. Para velar por las normas, se nombra a un juez o “contador” quien, en voz alta, anuncia los puntos de cada jugada que se van anotando.
Este es uno de los deportes con más aceptación tradicional en toda la comarca, al igual que sucede en el resto de la provincia leonesa. Concretamente, en el Páramo y las Riberas se juega con medias esferas de madera, que se lanzan contra nueve bolos y un boliche dentro de la cancha de la bolera. Una de las modalidades más peculiares, y que se está tratando de recuperar, se jugaba en Toral de los Guzmanes. En este caso, se trata de una modalidad practicada exclusivamente por mujeres. Se utilizan unas bolas esféricas y bolos planos. Este es el resultado de mezclar múltiples influencias exteriores, que al final han propiciado la creación de una variante de los bolos leoneses con entidad propia.
Otro de los deportes más practicados era el de la pelota, que ha llegado hasta nuestros días con la misma pasión con la que se jugaba antiguamente. Buena muestra de ello, son los numerosos frontones que pueden verse en la mayoría de pueblos del Páramo y de las Riberas.
La “bigarza” puede denominarse de diferentes formas, como “buarda” o “bigarza”. Como principales materiales para ejecutar este juego se encuentran los palos de escoba y una piedra. En cuanto al número de participantes, éste es ilimitado, ya que se reparten en grandes equipos. Uno de los jugadores arrojará al aire la bigarza, durante cuyo vuelo, deberá golpear en un palo para arrojarla lo más lejos posible. El equipo contrario debe atrapar la bigarza cuanto antes, de tal forma que así propiciarán que el jugador lanzador pierda. Si esto sucediese, pasaría a lanzar el siguiente componente del equipo, y así sucesivamente, hasta que han lanzado todos los miembros del equipo. Posteriormente, lanzaría el equipo rival.
La “calva” es más típica en los pueblos del Páramo. Bajo este nombre se conoce a un objeto de madera usado como blanco, aunque también se puede llamar “morillo” o “chana”. Este juego es una variante de los bolos. Al parecer su origen hay que buscarlo en las costumbres pastoriles. Los pastores, durante sus momentos de descanso, colocaban un cuerno de cabrito en el suelo y, desde una cierta distancia, lanzaban piedras con las que intentaban alcanzarlo. Actualmente, contra la “calva” se lanza un canto de forma cilíndrica, conocido como el “marro”. El objetivo es impactar el mayor número de veces sobre el blanco. Por lo tanto, la competición se resuelve con sucesivos lanzamientos, ganando quien más veces acertase a la “calva”.
Las “tabas” encuentran su antecedente en las influencias árabes. En el juego, se tira al aire una taba de carnero, un huesecillo que el animal tiene en la pierna, y se gana si al caer queda hacia arriba el lado llamado “carne”. En la comarca se diferencian las partes anchas de las estrechas denominándose las anchas “primeras”, donde hay un hueco, y las “segundas” donde no lo hay. Las partes estrechas se conocen como “cuito” la que tiene hueco y “correa” la que no. En cualquier movimiento o recogida de las tabas es obligatorio el lanzamiento de una canica con la mano. Mientras está en el aire, con la otra mano se actúa sobre las tabas que han de ser recogidas en todas las posiciones posibles, y las que no estén como conviene se cambian de postura mediante la manipulación del jugador. Puede complicarse aún más añadiendo una palmada durante el vuelo de la canica, o haciendo todo con una sola mano.
El “tusolestoi” es un juego muy característico de Villaestrigo del Páramo, jugado en las noches de luna llena. Los participantes se dividen en dos grupos: Uno de ellos se colocaba en los lugares que iluminaba la luna llena, la “parte de sol”, mientras que el otro, en las zonas no iluminadas. Una vez establecidos los grupos, el juego consiste en que uno de los grupos tiene que pillar a todos los componentes del otro, y sí lo conseguía se cambiaban los papeles. En otras versiones, se agarran y se tiran entre los componentes de los dos grupos, situados ambos a los lados de la raya que divide la zona iluminada de la oscura. Si consiguen que alguno de los componentes del otro grupo pasen esa línea, éste pasa a forma parte del grupo contrario.
Otro juego practicado por los niños del Órbigo era el “cinto corrido” o “esconder el cinto”. Los jugadores se sientan en el suelo con las piernas cruzadas formando un círculo, excepto uno. La “madre” escondía el cinto y entraba en el círculo el buscador. A éste se le podía guiar más o menos, y si estaba distraído, quien escondiese el cinto podía darle un cintazo, pasando él a ser el buscador al ser descubierto. Pero la lista de juegos y deportes practicados sería interminable, como “la barra”, “la herradura”, “la hita”, “el fincón”, “las cuatro esquinas”... que han pasado a formar parte del acervo tradicional de la comarca.
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