FIESTAS. Las fiestas comarcales pueden dividirse en tres tipos principales. En primer lugar, las patronales, coincidentes con fechas veraniegas, por lo que su primordial origen religioso prácticamente se ha perdido. En segundo lugar, las profanas, casi siempre dedicadas a la exaltación de productos típicos de Babia y en relación con sus actividades económicas tradicionales. Por último, toda una serie de fiestas religiosas que, en la mayoría de los casos, encuentran su expresión en las romerías.
El ciclo festivo anual de la comarca de Babia tiene un buen complemento en sus fiestas patronales. Todos los pueblos, por despoblados que se encuentren, disponen de su propio patrón. Estas festividades suelen coincidir con el calendario estival, o incluso a finales del verano. Estas fiestas son una perfecta excusa, en la que muchos de los pueblos se ven ocupados casi literalmente por habitantes de toda la comarca, incluso foráneos, que acuden atraídos por el reclamo de las distintas celebraciones. Podríamos enumerar gran cantidad de estos festejos patronales, entre los que destacan los siguientes: En La Majúa se celebra una animada fiesta en honor de Nuestra Señora de Otero, en la que su carácter religioso se ha ido perdiendo a favor de los actos más lúdicos; la patrona de Piedrafita de Babia es La Magdalena, fiesta de gran resonancia comarcal; el ciclo festivo veraniego culmina el 5 de septiembre, día de los patrones de San Emiliano, San Lorenzo y San Miguel; por último, en las estribaciones del año, todo el municipio de Cabrillanes celebra a su patrona Santa Bárbara.
En el valle del Luna también abundan las fiestas patronales, de las que podríamos citar una gran cantidad, una por cada pueblo que salpica el valle. Entre estas, destacamos algunas por su importancia, como pueden ser las siguientes: La de Sena de Luna, celebrada el 13 de junio en honor de San Antonio de Pádua; En Los Barrios de Luna, el 15 de septiembre se celebra El Cristo, y el 31 de diciembre Santa Colomba; en Soto y Amío, el 9 de diciembre festeja La Inmaculada; el 8 de septiembre en Carrocera se celebra la Natividad de Nuestra Señora; Santa María de Ordás, al igual que la ciudad de León, tiene sus fiestas el 24 de junio y el 5 de octubre, con motivo de San Juan y de San Froilán; finalmente, en Rioseco de Tapia se celebra el Corpus Christi en junio y el 18 de julio Santa Marina.
La importancia de los bailes en cualquier fiesta de la comarca es fundamental. Cualquier celebración se verá acompañada de grupos folclóricos que ejecutaran los bailes más típicos babianos. Pero, también, es muy normal que cualquier asistente a la celebración se una al baile, por lo que se convierte en una actividad de todo el pueblo. Este hecho ha motivado que se celebren diversas jornadas en las que el baile es el motivo central de la fiesta. En Cabrillanes es muy popular el concurso de jotas babianas, al igual que sucede en Piedrafita de Babia. En esta misma localidad se celebra la Semana Babiana, semana para disfrutar del buen folklore de la tierra.
La importancia de la actividad ganadera en la economía comarcal queda claramente reflejada en una de las fiestas con más renombre de Babia. Exactamente se trata de una fiesta celebrada en el valle del Luna, es la Fiesta del Pastor en Barrios de Luna. Toda la comarca, y en especial las poblaciones de este valle, asiste el segundo domingo de Septiembre a unos actos de carácter ganadero y pastoril, entre los que podemos destacar algunos de ellos por su singularidad y relevancia. Durante éstos, se exhiben mastines leoneses; se nombra al “pastor mayor” del año, entre personas que hayan destacado por su decidido apoyo a las actividades ganaderas de la comarca, siendo más bien un premio de tipo honorífico; se realiza una interesante feria artesanal y de ganado, en la que se muestran productos de la tierra; por último, de gran interés para la etnografía y el estudio de la cultura material popular, se realiza una exposición de aperos de labranza tradicionales, donde se pueden observar auténticos objetos de museo.
Quizá, una de las romerías con mayor atractivo de la comarca sea la celebrada el día 15 de agosto en honor a la Virgen de Carrasconte. El santuario de Carrasconte se encuentra situado en tierras babianas, pero en el exacto límite con la comarca de Laciana, por lo que los lacianegos también participan en la procesión. Esta romería se ha convertido, por lo tanto, en una de las más importantes de la Montaña occidental leonesa, reuniendo a babianos y lacianegos. Se acompaña de numerosos actos de carácter lúdico, como pueden ser las competiciones deportivas en las que destacan los deportes tradicionales leoneses, o la presencia de numerosos grupos folclóricos de baile o música.
Otra de las romerías con mayor éxito en cuanto al número de participantes, es la de Porcinero. En este acto religioso, con el paso del tiempo, ha predominado el aspecto festivo, siendo más destacadas todas las celebraciones que tienen lugar tras el acto religioso. De esta forma, una vez que ha finalizado la procesión, todos los asistentes disfrutan de una animado festejo. Éste consiste en primer lugar en degustar uno de los platos más típicos de la comarca, la caldereta, propio de los pastores babianos. Una vez finalizada la comida, se baila la jota babiana, tanto por parte de grupos folclóricos como por aquellos que se animen a salir al campo de baile.
La ausencia de núcleos de población de cierta importancia, en cuanto a su densidad demográfica, ha propiciado que ningún mercado en la comarca, tanto en las dos Babias como en el valle del Luna, haya adquirido cierta importancia por la que merezcan ser mencionados. Sin embargo, muchas de estas fiestas van acompañadas de un cariz económico, como modo de promoción de los productos babianos, como puede ser la Fiesta del Pastor de Barrios de Luna antes mencionada. Junto al tradicional mercado de artesanía, se celebra una feria de ganado donde pueden realizarse transacciones comerciales. Hay otras importantes ferias, como la del caballo o el concurso de raza selectiva hispano – bretona, celebrada a finales de septiembre en San Emiliano. Por último, debemos hacer mención especial a la Feria de Nuestra Señora de Piedrafita, celebrada en septiembre, dedicada al ganado vacuno de raza pardo – alpina.
TRADICIONES. El aspecto mítico domina las formas tradicionales de la comarca de Babia. Son numerosos los ejemplos de leyendas, cuentos y otras historias fantásticas que han tenido su origen en estas tierras, caracterizándose por su transmisión oral entre las gentes babianas. Junto a estas creaciones populares, deberíamos añadir la gran cantidad de costumbres que se han perdido en la mayoría de los casos, aunque se intenten recuperar poco a poco. Finalmente, también podemos hacer referencia a otras manifestaciones culturales, como los bailes, que enriquecen enormemente el folklore babiano.
El habla de la comarca de Babia hay que ponerla en relación con la de Laciana, ya que se puede considerar que es la misma, el patsuezu. Esta habla se puede considerar una variedad occidental de un antiguo astur – leones, o, según otros lingüistas, una variedad dialectal occidental del leonés. En cuanto a las características que lo definen, uno de sus principales rasgos distintivos es el uso de un fonema que se llama /ch/ vaqueira, que en cuanto a su pronunciación es parecida a la /ch/ francesa y que se representa fonológicamente como /ts/. Sin embargo, en la actualidad, este patsuezo está muy en desuso, con la imposición del castellano como lengua oficial y por el despoblamiento de la comarca. Aun así, todavía se conserva un léxico, y sus raíces en la toponimia de la comarca se hunden por lo que conserva muchos rasgos.
La tradición literaria babiana popular no ha encontrado su difusión a través de una tradición escrita, sino que se ha transmitido oralmente. Muchas veces, estas composiciones literarias populares obedecían a la espontaneidad de los más creativos de los distintos lugares, por lo que se transmitían de boca en boca, generando las evidentes variaciones sobre un mismo tema. Podríamos hacer referencia a varios ejemplos.
En primer lugar, la cultura pastoril propició un importante cancionero, que se ponía en relación con las celebraciones que se organizaban con motivo de la llegada o la marcha de los pastores trashumantes. Este rico cancionero, nos da idea de la trascendencia de la economía ganadera en la comarca. Otra importante herencia del cancionero popular babiano son los cantos de boda. Estos se cantaban con motivo de las uniones matrimoniales, siendo entonadas por todos los invitados al festejo mientras se dirigían a la iglesia a celebrar el acto litúrgico.
Pero también muchas canciones y componentes de la tradición oral se ponen en estrecha relación con las distintas costumbres que, hasta hace bien poco, se celebraban en los pueblos de Babia. En este caso, nos estamos refiriendo a los famosos filandones y calechos. Los filandones consistían en las reuniones de vecinos en la casa de algún habitante del pueblo, por la noche, después de la cena. Estas reuniones se celebraban a partir de noviembre, para poder soportar mejor en compañía las largas noches invernales. Durante estas reuniones, los asistentes se contaban historias y cuentos, con lo que poco a poco se aseguraba la transmisión y la pervivencia de la rica tradición oral babiana. Si se denomina filandón, es porque durante la reunión las mujeres aprovechaban para hilar con sus ruecas y husos, mientras escuchan o componían estas historias. El calecho también consistía en una reunión, que, sin embargo, difiere en numerosos aspectos del filandón. El calecho podía organizarse durante cualquier día del año, y siempre antes de retirarse la gente a cenar. Otra diferencia es que se trata de una reunión de jóvenes, de los mozos y mozas de cada pueblo. Pero la intención era similar, ya que durante la reunión se aprovechaba para contar multitud de historias, cuentos y leyendas, o anécdotas referidas a cualquier tema. Por lo tanto, estas dos reuniones se constituían como importante elemento de transmisión de la cultura oral babiana.
Otra de las costumbres que se llevaba a cabo en cada pueblo babiano y con una estrecha relación con la tradición literaria popular oral, eran las pastoradas. Éstas eran representaciones teatrales que tenían lugar en las iglesias parroquiales de cada localidad, con motivo de la celebración de Nochebuena. La representación consistía en la adoración de los pastores al Niño Jesús, siguiendo unas fórmulas en las que se seguía un guión más o menos prefijado que se transmitía de padres a hijos.
Las bodas dieron origen a otras ricas tradiciones orales y costumbres. En primer lugar, a los cantos de bodas, que entonaban los invitados al enlace mientras se dirigían a la iglesia. En la misma boda, se celebraba la carrera de la rosca. La madrina regalaba una rosca, y los mozos asistentes competían en una carrera. El que la ganaba, se llevaba como premio esa rosca.
El canto del ramo todavía se puede contemplar en algunos pueblos de la comarca, aunque, como todos los elementos tradicionales, se encuentra en un grave peligro de extinción por lo que urge tomar medidas para recuperarlo y asegurar su transmisión a las generaciones futuras. El canto del ramo se celebraba en distintas épocas del año y nunca por un motivo concreto, sino que podía obedecer a distintas causas. Las mozas de la localidad, después de la celebración de la misa, se dirigen desde el fondo de la iglesia hacia el altar. Una vez que llegaban, cantando durante todo su recorrido, ofrecían a la Virgen un ramo con flores, con rosquillas...
El baile también es una importante muestra de la cultura popular, como lo demuestra la proliferación de grupos de bailes folklóricos que pretenden recuperar estas manifestaciones populares. Dentro de la comarca de Babia, podemos enumerar una serie de bailes muy característicos. En primer lugar, la jota, generalizada por toda la provincia, aunque con una serie de elementos que la diferencian de las de otras comarcas. Los titos, sobre todo en el valle del Luna, un baile de resistencia que intenta imitar las tareas agrícolas desarrolladas en el campo. Las danzas de paloteo, también muy comunes en todas las comarcas de la provincia, consistentes en grupos de hombres que bailan entrechocando sus palos.
Pero, podríamos citar muchas más costumbres que se han perdido casi en su totalidad. Una de las más destacadas era la del concejo, un órgano de gobierno de los asuntos públicos del pueblo o los que afectaban a toda la comunidad. Su origen puede rastrearse en los siglos de la Alta Edad Media. Siempre se celebraba en lugares emblemáticos del pueblo, tomándose como fecha fija de reunión la salida de la misa dominical. Aunque si fuese necesario, podría celebrarse en cualquier momento si el asunto era de especial importancia. El sistema era el del concejo abierto. Tenían que participar en el mismo los representantes de cada casa, que participaban en las discusiones siguiendo un riguroso orden por turnos, siendo la asistencia obligatoria. El respeto a los demás era lo fundamental en su funcionamiento, y siempre que no existiese este respeto, se imponían duras sanciones, que eran establecidas por el regidor de cada concejo.
Las leyendas son igualmente abundantes, por lo que hablaremos de alguna en particular para ejemplificar los distintos tipos de leyendas que aparecen en Babia. De nuevo, aparece multitud de leyendas relacionadas con la aparición de Vírgenes o de sus imágenes. Una de las más característica y más conocida es la leyenda de la Virgen de Lazado. En el valle conocido como Santa María, había una fuente, llamada Esquilina, en la que descansaba un pastor babiano. En medio de su descanso, se le apareció la Virgen montada en un borrico y llevando al Niño. La Virgen, pidió al pastor que se construyese una ermita en su honor en ese mismo lugar. El pastor, sorprendido, le solicitó una prueba para asegurarse. Ante su petición, la Virgen grabó en una roca de la fuente la huella de su mano, de la almadreña que calzaba y de una de las pezuñas del burro sobre el que montaba. El pastor, totalmente convencido, transmitió la noticia rápidamente a los vecinos del lugar, quienes se apresuraron a construir la ermita que hoy corona el valle.
Parecida es la leyenda de la Virgen de Carrasconte, propiciadora de la fertilidad y protectora de las cosechas. De nuevo, la Virgen se apareció a un pastor. Poniendo en sus manos una talla que se correspondía con su representación, le pidió que se construyese en ese mismo lugar un santuario dedicado a Ella. El lugar donde se construyó se corresponde con el punto exacto donde se conserva la famosa Piedra Furada, que parece corresponderse con un megalito objeto de culto prehistórico, quizá en relación, según algunos investigadores, con un antiguo culto en honor de la Gran Madre o la Diosa Tierra. Por lo tanto, esta leyenda, como la anterior, hace referencia a la cristianización de sitios dedicados a cultos paganos.
El otro tipo de leyendas se pone en relación con hechos históricos que han sido transformados por la tradición popular. En este caso, el famoso dicho de “estar en Babia”, que ponían en relación con los momentos vacacionales de los reyes leoneses en estas comarcas, y que les alejaban de los asuntos de gobierno. Quizá su origen más certero esté en estrecha conexión con los pastores trashumantes babianos que, cuando por motivos de trabajo estaban lejos de estas tierras, se ensoñaban recordando sus tierras y hogares. De acuerdo con la calidad de la ganadería caballar babiana, se hablaba de las campiñas de Maraña, lugar donde acudían los reyes leoneses para que les fuesen mostrados los mejores ejemplares de caballos que llevarían para utilizar en sus ejércitos. Por último, aunque más dudoso, podemos citar el famoso caballo del Cid, ya que algunos autores dicen que su nombre Babieca nos lleva a recordar su origen babiano.
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