En este apartado podríamos hacer referencia a gran cantidad de actividades realizadas en la comarca que nos hablan de formas culturales y tradiciones hoy prácticamente olvidadas. Es por esta razón, para evitar su olvido, que supone un gran interés conocer la artesanía de Babia, ya que la actualidad y la modernidad no tiene porque suponer el abandono y desprecio de estas formas que han perdurado durante siglos. Así, haremos referencia a los principales objetos, de carácter popular, que todavía pueden observarse en numerosos pueblos babianos.
La indumentaria de la mujer muestra una gran variedad de ropajes, tanto en los festivos como en los empleados los días cotidianos. Los tocados responden a diversos tipos: Desde el mandil de cabeza de paño de estameña, a los pañuelos estampados de diferentes colores, pasando por las monteras de paño o terciopelo y las tocas de lienzo. Sobre la camisa y el corpiño, vestían el dengue, adornado con una cinta o tira de terciopelo. Encima el justillo de terciopelo y seda, una especie de corpiño que ajustaban sobre la camisa. Ocasionalmente podían llevar almillas de estameña. A modo de falda, usaban un manteo o rodao con forma de capa abierta por detrás, o las sayas o zagalejos, de similar forma pero cerrados. Encima visten un mandil de lana burda y una mantilla situada por delante. El calzado es muy simple, utilizando sobre medias abarcas de cuero o escarpines de paño burdo que se acompañaban con madreñas o galochas. Como sobretodo completaban sus vestiduras con coberturas y con anguarinas.
El tocado del hombre no es tan variado y predomina la montera de paño. Sobre la camisa de lienzo o estopa visten un jubón o una almilla y, finalmente, encima, se cubren con una chaqueta y un chaleco, de piel curtida o paño, aunque esta indumentaria es más reciente. A modo de pantalones predominaban como prendas más usuales los calzones, siendo el pantalón de uso más actual. El calzado es prácticamente similar al empleado por la mujer babiana, ya que destaca el uso de abarcas de cuero y madreñas de madera sobre medias. Para cubrirse, a modo de prenda de abrigo, vestían capas como vestimenta más elegante, mientras que para los días de trabajo normales preferían usar los capotes, o incluso, las anguarinas. Fruto de la actividad eminentemente pastoril de los habitantes de Babia, son las faltriqueras, bordadas con ricos colores y que son muestra de la influencia extremeña que afectó a los pastores trashumantes de la comarca que bajaban con los ganados hasta esas tierras y que, aún hoy, se pueden ver en muchos pueblos de la comarca.
Los complementos de adorno de las vestiduras son frecuentemente utilizados, por lo que destaca una gran variedad de piezas, la mayoría de ellas con un significado religioso que completa su función decorativa. Los collares son confeccionados con cuentas de coral. Pueden acompañarse de relicarios y cruces de plata o medallas. Los pendientes y anillas también son de plata y oro, y son muy características de la comarca las “tumbagas”, unas sortijas hechas con una mezcla de oro y cobre.
Los trabajos agropecuarios en Babia se basan fundamentalmente en la ganadería vacuna, caballar y ovina. De esta manera, la mayoría de aperos se empleaban en las labores de mantenimiento de esta ganadería. Sin embargo, también se desarrollaron actividades agrícolas y se pueden observar, todavía, numerosos instrumentos tradicionales empleados en estas labores. Así, podemos destacar los arados, siendo los más antiguos los de tipo romano con reja de hierro; los trillos, en los que se empleaban piedras de pedernal para realizar el trabajo; la gran variedad de guadañas, hoces... utilizados en la siega de los campos; las horcas para acarrear hierbas... y un largo etcétera que nos llevaría a ampliar enormemente la lista de estas herramientas. Como medio de transporte principal, encontramos el carro, desde sus variedades más antiguas del carro con ruedas de madera maciza, hasta los más actuales de ruedas de radios. En la actualidad, la maquinaria se ha impuesto en estas labores del campo, pero antes los carros eran tirados por bestias, uncidas mediante yugos de los que todavía hoy puede apreciarse una gran variedad en cuanto a formas y tipos.
La alfarería como actividad artesanal en Babia no ha destacado especialmente. Muchas de las piezas empleadas obedecen a exportaciones que se realizaban desde otros centros productores de cerámica de la provincia. La escasa producción babiana estaría orientada al autoconsumo y a satisfacer las necesidades más inmediatas de los habitantes, como puede ser la elaboración de cacharros para las actividades diarias de las casas.
La industria textil toma como elementos base el lino y la lana. El lino es el producto más extendido dentro de esta actividad y el más empleado para la elaboración de los distintos tejidos. Se cultivaba en linares y desde su recolección seguía una serie de complicados procesos encaminados a la obtención de la fibra ya dispuesta para ser tejida. Así se enriaba, se separaba la fibra de la corteza dura, se limpiaba y demás procesos hasta que el lino estuviese preparado para ser hilado. La otra materia prima utilizada era la lana, aunque su uso fue menos frecuente. La lana es un producto de origen animal. Los rebaños eran trasquilados y, posteriormente, la fibra volvía a someterse a diferentes tratamientos para conseguir el hilo final que sería empleado en los trabajos del telar. Uno de los procesos más importantes y del que ha quedado más transcendencia, es el hilado. Este se realizaba mediante reuniones de vecinos que juntos en una casa hilaban las fibras. Durante estas reuniones se organizaban tertulias en las que cada participante contaba historias, leyendas o cuentos, dando lugar a los famosos filandones, una manera de conservar la tradición oral de la comarca. El proceso final de esta artesanía textil estaba en el telar. En él se confeccionaban, con las materias primas a las que hemos aludido, gran cantidad de objetos que se orientaban, de nuevo, al propio consumo, nunca con un fin comercial, pero de los que han quedado buenas muestras de los trabajos realizados en los talleres familiares. Así, podemos destacar la excelente calidad y factura de los tapices, de las mantas o de las alfombras, como las producciones más ricas de la comarca.
Otra importante fuente de estudio para conocer los modos de vida y las formas culturales tradicionales de la comarca son los muebles de las típicas viviendas babianas. Haremos especial referencia a los muebles de cocina, ya que es aquí donde se centra la vida del núcleo familiar en la casa. El principal centro de reunión es el hogar, donde se elaboran las comidas, y primitivo sistema de calefacción de la vivienda. Éste se colocaba a ras de suelo o sobre una plataforma de piedras. Otro de los muebles destacados, y con una gran variedad de usos en la cocina, es el escaño. El escaño es un mueble recio, macizo, de madera, con forma de banco y principal asiento de la cocina. En las casas de Babia este escaño, adosado a la pared, hace ángulo, siguiendo el muro de la cocina. También podía tener otras funciones, ya que en algunos casos dispone de un tablón levadizo que hace las veces de mesa, e incluso, puede disponer en su parte inferior de unos pequeños armarios donde guardar otros objetos. Si sobre el escaño se pone un jergón, también puede emplearse para dormir, aprovechando el calor que proporciona el hogar. Otro complemente de la cocina es la mesa. Algunas de ellas destacan por su especial factura y el buen trabajo realizado en ellas, fabricados en muchos casos de maderas de excelente calidad, como puede ser la madera de roble, la usada más comúnmente para fabricar este tipo de mueble en la comarca. A modo de almacenes, las alacenas se reparten por las paredes de la cocina. Otros elementos que podemos destacar en la cocina babiana hacen referencia a los distintos utensilios empleados. Así podemos hacer referencia a la “cacia”, nombre con el que se designa al ajuar de cocina, al igual que se denomina así en otras comarcas leonesas vecinas. Las maseras son los hornos donde se realizaba el pan, ya que no era extraño que cada casa dispusiese de su propio horno para hacer su pan. Por último, las vajillas, que, en la mayoría de los casos, solían ser de cobre. En cuanto a los medios empleados para la iluminación de las diversas estancias, encontramos dos tipos tradicionales principales: Por un lado, los candiles, que utilizaban aceite como material de combustión. Por otro, las velas, de un uso muy frecuente y aún hoy presentes en numerosas viviendas, hechas de sebo.
El trabajo del metal tampoco reviste una especial importancia, y lo mismo que hemos apuntado al hacer referencia a la alfarería, podríamos aplicarlo al hablar de este tipo de artesanía. Sí existen centros donde se realizan labores de forja, pero es para la elaboración de productos con un marcado acento práctico, a los que habría que sumar la elaboración de alguna joya como las mencionadas anteriormente. En cuanto al trabajo de la madera, podemos hacer referencia a dos actividades. La fabricación de madreñas llega a alcanzar una gran especialización, destacando sobre todo aquellas piezas de gran interés cultural, que muestran numerosos elementos decorativos labrados. Finalmente, también son frecuentes los trabajos, realizados en las horas libres, de pequeñas tallas de madera con un uso decorativo y lúdico.
Podríamos hacer referencia a actividades artesanales realizadas en Babia. Destacaremos como más importantes, aparte de muchas otras a las que no haremos referencia, las actividades relacionadas con la construcción de viviendas, como la cantería con excelentes trabajos sobre los sillares empleados en los muros por los canteros babianos, y alguna escultura realizada de gran belleza, o la obtención del “tendel”, cal mezclada con arena para el mampuesto. Otra interesante actividad es la cestería, por la que se obtenían cestos y recipientes de mimbre, algunos con interesantes decoraciones.






























































































