Esta comarca, muchas veces envuelta más en la leyenda que en la realidad histórica, ha sabido mantener sus tradicionales formas de vida a lo largo de los años. Esta pervivencia es la que más atractivo proporciona a Los Ancares, de tal forma que su Historia muchas veces se confunde con la leyenda siendo difícil separar una de la otra al intentar sintetizar la evolución histórica acontecida en estas tierras.
De difícil acceso, se puede llegar desde Valladolid por la N - 601 a León, por la N - VI desde Benavente incorporándose a la A - 6 en dirección Ponferrada. En Ponferrada por la salida 338 a la A – 6, incorporándose a la Le - 711 y de ahí a la Le - 712 en dirección Vega de Espinareda o a Burbia. Llegando a Vega de Espinareda, a unos 25 Km. de Ponferrada, parten dos carreteras; una nos lleva a Burbia y otra a Candín. Como centro neurálgico tenemos Candín, y las localidades más representativas son: Burbia, Campo del Agua, Paradaseca, Balboa, Cantejeira, Pajarís, Villarines.
Montaña de AncaresImagen Mas |
Situada en el norte de la provincia leonesa, Los Ancares pasan por ser hoy una comarca singularizada compartiendo territorio con Lugo y con el resto de El Bierzo. El extremo occidental de la Cordillera Cantábrica se prolonga a través de la sierra de los Ancares sobre la vertiente sur de este marco montañoso, repleto de valles profundos y definido por elevadas y allanadas superficies culminantes, con altitudes entre los 1500 y 1800 m. El clima es oceánico con inviernos largos, veranos cortos, húmedos y suaves, con lluvias y temperaturas que se sitúan entre los 23ºC.
Las investigaciones efectuadas por Julián García le han llevado a proponer dos teorías diferentes sobre el origen del topónimo “Ancares”. Una primera hace referencia a una fórmula grecolatina, “Ancon”, que equivaldría a “recodo” o “esquina”. La segunda, que cree la más acertada, hace derivar este término del latín “Ancarius”, que se traduce por “asno” o “animal de carga”, fórmula que parece más adecuada atendiendo a diversos topónimos que se dan en la zona, tanto en la vertiente gallega como leonesa.
La propia configuración actual del poblamiento en la zona así como sus estructuras de habitación parecen hacer alusión a la presencia de pueblos prerromanos que habitarían esta zona. Estas poblaciones basarían su subsistencia en los recursos agroganaderos, situación que hoy pervive, destacando la importancia de la ganadería vacuna. Sin embargo, actividad fundamental que explica el poblamiento de una zona de tan difícil acceso es la minería, comprobada arqueológicamente a través del descubrimiento de diversas explotaciones mineras asociadas a algunos castros prerromanos, constituyendo el castro de La Corona un excelente ejemplo de lo que se acaba de exponer.
De nuevo, la importancia de la minería explicaría la presencia romana en la zona, presencia que se constata a través de diversos yacimientos. Los romanos aprovecharían las estructuras preexistentes, manteniendo una escasa presencia en la zona que aseguraría el control de las actividades mineras llevadas a cabo en la comarca. El momento de llegada de los romanos se puede asociar con la ocupación de toda la zona de la cordillera Cantábrica, en relación con las guerras contra astures y cántabros que desarrolla Augusto en los primeros momentos de conquista del norte peninsular.
La transición desde la Edad antigua hasta la medieval se abre con el abandono por parte de los romanos del valle de Los Ancares. De nuevo, las evidencias arqueológicas e históricas resultan escasas para arrojar luz sobre los acontecimientos que tienen lugar en la comarca durante este periodo. La
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Palloza de Ancares / Foto Imagen Mas |
inaccesibilidad de la zona procura que estemos ante tierras que no suscitan el interés de los diversos grupos invasores que van a cruzar el territorio leonés durante estos siglos. Algunos investigadores, sin embargo, afirman que Los Ancares fueron repoblados por gentes visigodas, extremo que todavía habría que constatar, mientras que nadie afirma la existencia de presencia musulmana en la zona, ya que no se evidencia a través de ningún resto.
Durante el inicio de la reconquista, tomando como fecha clave el 711, el papel jugado por Los Ancares en el proceso de repoblación de los territorios recuperados por los reinos cristianos del norte, es dudoso. Sin embargo, ya son numerosos los restos medievales registrados que nos permiten indicar una cierta importancia de la comarca, como puede ser la presencia de un castillo en Doirás, o de torres en determinados pueblos. Documentalmente, se ha probado la existencia de indicios de repoblación de la comarca durante el siglo IX d. de C., teniendo que esperar hasta el siglo XI para que aparezcan Los Ancares en los archivos como un núcleo de poblamiento.
La dependencia administrativa de este territorio durante todo el periodo medieval es igualmente discutible. Por una parte se afirma que Los Ancares se encuentran bajo la jurisdicción de la Diócesis de Astorga en un régimen de encomienda muy característico del periodo medieval. También se afirma que diversos monasterios tenían fuertes intereses sobre la comarca, destacando entre ellos el monasterio de San Andrés de Vega de Espinareda. Este monasterio controlaría el valle de Los Ancares durante la mayor parte del siglo XV, pero a través de una explotación indirecta, ya que cedería a los campesinos las tierras por medio de foros.
Económicamente podemos destacar un hecho de gran transcendencia que se produce en este momento de la Edad Media: Es el inicio de la colonización agraria de la comarca. Ya, en momentos anteriores, debió existir una actividad más ganadera que agrícola, sin embargo, desde el inicio del periodo medieval se constata la transformación del paisaje a favor de la extensión de los cultivos, entre los que podríamos destacar los cereales. La sociedad medieval de Los Ancares, aunque los estudios sean escasos, incluso inexistentes, nos permite adivinar unas estructuras rurales, donde la mayoría de la escasa población que habitaría la zona se dedicaría a las actividades agroganaderas, dependiendo en buena medida de los grupos religiosos predominantes de la zona.
Avanzando en el tiempo, la ausencia de datos es, de nuevo, total, teniendo que remitirnos en la mayoría de las ocasiones al Catastro de Ensenada para adivinar algo sobre la vida en esta comarca durante el siglo XVIII. Según los datos obtenidos a través de esta importante fuente documental, Los Ancares ya no dependerían del monasterio de Vega de Espinareda ni del Obispado de Astorga, sino que se conformaría una nueva unidad jurisdiccional bajo la denominación del Real Valle de Los Ancares, forma que se mantendría hasta la época contemporánea.
Económicamente nos encontraríamos con una zona donde priman las actividades ganaderas y, en menor medida, las agrícolas, destacando sobre todo el cultivo del centeno. Es en el siglo XVIII cuando se introduce el cultivo de la patata y el lino. También en este momento se produce un cierto despertar preindustrial, en clara relación con la tradición minera de la zona, ya que en las cercanías de Tejedo de Ancares, se construye una ferrería. Socialmente, apenas se puede constatar diferencias con los periodos anteriores, aunque se puede destacar el entusiasmo con el que la población acogió la construcción de la ferrería antes citada.
Durante los siglos XIX y XX en esta zona apenas se registran sobresaltos, e incluso, muchas veces los hechos se ven envueltos en la leyenda. Se conoce la existencia de guerrilleros carlistas que luchaban contra las tropas liberales de Isabel II. Un hecho, sin embargo, lejos de ser totalmente veraz, demuestra hasta que punto hablamos de una región inaccesible y alejada de los centros de toma de decisiones. Durante la I República, de los años 1868 a 1871, se proclamó la República Independiente de Donis, sueño truncado por la actuación de la Guardia Civil. Fuera de recientes leyendas, hecho constatado es la disolución del Real Valle de Los Ancares como unidad jurisdiccional y su conversión en el municipio de Candín.
Económicamente, sumadas a las actividades anteriores, durante el siglo XIX, e incluso el XVIII, se inicia la explotación del agua como fuente de energía, y recobra cierta importancia la obtención de madera y mineral, todo con el objetivo de producir hierro. Respecto a la población que habita Los Ancares, nos encontramos con una población eminentemente agraria, dedicada en su casi exclusividad a las actividades primarias, destacando las agrícolas y ganaderas, especialmente estas últimas. Igualmente, se dibuja un perfil marcado por el aislamiento de la zona, lo que lleva a hablar a muchos de un cierto arcaísmo dominante en toda la comarca. Sin embargo, el auge del turismo rural dibuja un perfil esperanzador para la comarca. En el año 1961 se constituye el Patronato de Los Ancares, mientras que se crea la Reserva Nacional en 1973, lo que implica un considerable incremento del turismo en la zona que podrá propiciar el aumento de su población, dedicado al sector turístico, así como la afluencia de una riqueza que posibilite el desarrollo sostenible de la comarca.























































Montaña de Ancares







































