Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Manzana Reineta del Bierzo
Leproim (León)
La Cueva del Túnel (Valdevimbre)

Artesanía

     La especial situación geográfica de la comarca y su orografía han marcado de arcaísmo la vida ancaresa. Las formas tradicionales y artesanales se han

Carro de Ancares / Foto: Imagen Mas

mantenido apenas intactas durante siglos hasta la actualidad. Hoy todavía pueden admirarse numerosos objetos que, lejos de su aspecto rústico y arcaico ya citado, muestran un especial interés para el visitante si éste quiere contemplar las formas antiguas que han sobrevivido al paso del tiempo y a la modernidad.

     La mujer cubre su cabeza con dos tipos de aditamentos: El "pañolo", de color negro u oscuro, y la “pañoleta”, de vivos colores. Sobre la blusa, visten la “chambra” y, de lana tejida, los “echarpes”, una especie de capas que van abrochadas por delante. Son unas mantas cuadradas con dos cintas para atarlas que pueden ser usadas con distintas finalidades. Como ropajes para debajo de la cintura, visten el faldón o la falda, siempre de colores oscuros o negro, y encima un mandil de raso. Como prenda de sobretodo utilizan el mantón de lana negra que llega a cubrir todo el cuerpo. El calzado es muy variado, desde las abarcas de piel sin curtir con calcetines de lana basta, a las alpargatas de piel de cáñamo. A esta lista podríamos añadir el uso de galochas o madreñas, o los “zocos”, unas botas de cuero que se caracterizaban por tener el suelo de madera.

     Hoy todavía puede verse cómo los hombres se tocan con boinas o sombreros. La vestimenta tradicional del hombre ancarés comenzaba con una camisa muy larga. Sobre ella vestían un chaleco, de lana burda y a veces con hilos de color, y una chaqueta de bayeta o de sayal. Completaban la indumentaria con los pantalones, aunque antiguamente llevaban calzones sujetos por un “cincho” o cinto, mientras que las variedades de calzado son más amplias y similares a las empleadas por las mujeres. Como hemos comentado, destacan las abarcas de piel sin curtir, con un mismo uso que el otorgado a las alpargatas, de piel de cáñamo, a las que habría que añadir las variedades referidas a la hora de hablar del calzado femenino. Usaban calcetines de una lana muy basta. Para protegerse del frío se cubrían con la chamarra de piel de oveja vuelta, parecida a una chaqueta pero muy larga.

     La joyería no merece un especial interés, ya que más bien es pobre y no de una excelente calidad. De tal forma haremos referencia a los collares que, en la mayoría de los casos conservados, se trata de simples baratijas. Quizá, una de las piezas que mayor atención merezca son las “almendrillas”, una forma especial de pendientes por su decoración.

     Los distintos instrumentos empleados en las tareas agroganaderas tienen una gran variedad. De esta forma, distinguiremos en primer lugar los aperos empleados en las labores agrícolas.

     Como abono de los campos, llamado “esterco”, se usaba la ceniza obtenida de la quema de las tierras para prepararlas. Esta preparación del terreno continúa con la roza realizada con azadas y "picachois", para pasar a labrarla con el “arau”, el típico arado ancarés de forma encorvada. Todos los terrones de tierra que pudieran haber quedado se deshacen con los mazos y mayos, hasta que se llega a la última fase de este proceso preparatorio de la tierra, que es el esparcido del abono. Se realiza con la "forca", un instrumento compuesto por un largo mango de madera con púas de hierro, también muy largas. Una vez que se ha acondicionado la tierra, ya se procede a su cultivo y a la recolección final del producto, en el que se utilizan distintos tipos de instrumentos, aunque se siembra a brazo, lo que se denomina en la comarca “a voleo”. Se emplea una gran variedad de guadañas que afilan con la piedra, mantenida constantemente en remojo en un cuerno. El rastrillo se conoce como “rastelo”, descrito como un largo mango de madera con un cepillo de púas. Para majar el grano se hace con el mallo de madera, un apero compuesto por dos palos, uno más largo y otro más grueso pero más corto, unidos mediante una argolla. En muchos campos de la comarca todavía pueden verse los “espantallos”, los muñecos a modo de espantapájaros para ahuyentar las aves, hechos de trapo y hojalatas que hacen ruido al soplar el viento.

     Tendríamos que hacer referencia a otra serie de instrumentos aunque éstos relacionados con los trabajos ganaderos y con las reses. Desde los potros de herrar, de los que aún quedan algunos ejemplares, hasta los carros utilizados para el transporte. El carro más arcaico que conserva la comarca es el “carro chillón”, enteramente de madera, caracterizado por sus ruedas macizas, mientras que los más actuales son los denominados “de rayos”, con ruedas de radios. El carro dispone de tres partes principales. La mesa, en la que se colocarían los objetos para el transporte; el suelo, sobre el que se sustenta la mesa; y la pértiga, a la que se uniría el yugo donde se uncen las bestias. El yugo tiene este uso, pero también se empleaba para efectuar el tiro del arado. El yugo ancarés es alargado y arqueado. Otros componentes muy típicos son las “chocas”, los cencerros que llevaban las reses, y el “marigón”, una anilla de nariz. Otro elemento que todavía puede verse en algún lugar de Los Ancares es el “chuzo”, una especie de lanza muy arcaica de madera y hierro, que se empleaba durante las cacerías, especialmente del jabalí.

     Podemos hacer referencia a otros objetos en relación con la obtención de materias primas alimenticias. Se puede observar en múltiples puntos de las tierras ancaresas los “trobos”, los troncos de árboles, generalmente roble, quemados o ahuecados, que hacían su vez de colmena y base de la apicultura comarcal, de la que se obtiene una miel de muy buena calidad. La “mazadeira” era un instrumento de madera para conseguir mantequilla, siendo un recipiente que se agitaba y golpeaba hasta llegar al producto final. Para obtener leña para el uso doméstico, se usa el “tazo de piquer a leña”, un trozo de tronco sobre el que se pica la madera.

     La artesanía textil tuvo un cierto desarrollo, ya que el propio aislamiento de Los Ancares propició que tuvieran que desarrollarse actividades que pudiesen satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes, consiguiendo productos que no podían obtener a través de relaciones con otras tierras. Como principales materias primas se utilizaban el lino y la lana. Estas fibras se sometían a unos complicados procesos cuyo objetivo era limpiar a la perfección la materia, de manera que cualquier impureza que pudiese contener se eliminase, dejando un resultado final apto para ser tratado en los telares, conocidos como “tearo telar”.

     La rueca separa las fibras tanto del lino como de la lana. Para formar los hilos la fibra pasa por el “roqueiro” o rocadero, mientras que con un huso se forman los husos. Posteriormente, durante el “fiandón”, el filandón, se hilaba, mediante reuniones de vecinos que han pasado a la tradición como momentos de contar historias y leyendas. En el “urdidoiro”, dos marcos de madera perpendiculares y concéntricos a un eje central, se confeccionan las madejas, mientras que con la devanadera se hacen los ovillos. Finalmente el hilo pasa al telar, donde se confeccionan los distintos productos. El telar es muy tosco, de pedales y con lanzadera de mano. Uno de los productos más característicos de Los Ancares son las colchas de trapo, de vivos colores ya que se realizan con trapos viejos.

     El mobiliario de la vivienda ancaresa ha sido objeto de numerosos estudios por lo que aporta al conocimiento de la cultura material popular. En la cocina, sobre una piedra se enciende el fuego. Este es el centro de toda la actividad familiar y donde se sitúa el pote para calentar el agua. Este pote no se pone directamente sobre la leña, sino sobre el "trebede", un objeto metálico circular con patas concebido con este uso. La olla también se puede colgar de la "preganza", una cadena con un gancho que colgaba del techo. La chimenea propiamente dicha no existe, es una simple hendidura en el techo que se llama "troneira". Los asientos obedecen a distintas tipologías: El "meso" es un pequeño taburete de madera con tres pies. Los bancos también son pequeños taburetes que, según su tamaño, podían llamarse bancos, bancas, banquetas... Por último, el escaño de madera, que podía utilizarse tanto como asiento como para dormir sobre él. El número de muebles utilizados para almacenar distintos objetos es muy amplio: Pequeñas alacenas de madera con puertas; las "espiteiras"; tablones con ganchos para colgar; las “escarpias”; ganchos de metal para ahumar embutido; y las “barpas” para almacenar hierba. Las cocinas también disponían de la artesa, un cajón rectangular poco profundo de madera para amasar el pan, y el "forno", circular, para cocerlo. Los cacharros utilizados son de barro o de metal: Hierro, latón, cobre y bronce. En otras dependencias encontramos las camas, de madera, muy rústicas, con jergones de "foya" de maíz y cobertores para taparse, o las cunas para niños, llamadas "bercios". El "leito" es una cama baja, formada por un compartimiento relleno de paja. También son apreciables unos arcones de madera, con decoraciones talladas y cierre, denominadas "ucha".

     Otros trabajos destacables hacen referencia al calzado más habitual de la comarca, las galochas, hechas de madera de abedul las de más calidad y riqueza decorativa. Los galocheros también tenían unos instrumentos, llamados "bigórnias", una especie de horma de madera que servía para reparar el calzado. También destaca la cestería, hecha con mimbre y ramas de castaño y avellano y que resolvía de forma rápida la elaboración de todo tipo de recipientes. En cuanto al trabajo de forja, de nuevo tiene un fin meramente utilitario, ya que persigue solventar las necesidades primarias mediante la elaboración de productos de uso cotidiano.

Manzana Reineta del Bierzo
Cueva Miñambres (Valdevimbre)
Leproim (León)
La cueva del tunel (Valdevimbre)