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Arte y arquitectura

ARTE.         La comarca sorprende por sus diferentes manifestaciones artísticas. El tradicional aislamiento del que ha hecho gala Los Ancares podría hacer suponer que se encontraría alejada de las tendencias artísticas que recorrían la provincia. Pero nada más lejos de la verdad, ya que la comarca

Palloza / Imagen Mas

participó de lleno en esta evolución artística. Lo que sí se produjo fue la creación de formas propias, ya que el aislamiento y la pobreza de estas tierras provocaron que se levantase y erigiese un arte peculiar de Los Ancares, otorgando gran singularidad a las manifestaciones ancaresas.

     A pesar de estar clara la presencia de pobladores prerromanos y romanos en la comarca, las evidencias que han dejado no permiten adivinar sus formas y manifestaciones artísticas. En muchas ocasiones, esta falta de datos obedece más a la falta de unas investigaciones concienzudas que permitan adivinar el pasado de Los Ancares. La única muestra que poseemos de este periodo hace referencia a los restos de un puente en Vega de Espinareda que, según los propios habitantes de esta localidad, es de origen romano. Y así parece confirmarse, aunque sólo conserva un arco, ya que puede responder a las características básicas en este tipo de construcciones de ingeniería romana. Si citásemos otro ejemplo que nos remita a estos primeros momentos en la Historia de Los Ancares, debemos citar las excavaciones en el castro de Chano. A través de la visita a este lugar de poblamiento prerromano, se puede observar, ya que ha sido sacado a la luz por diversas excavaciones arqueológicas, la estructura urbanística que se diseñó en la concepción original del lugar, junto con gran cantidad de piezas recuperadas en las labores arqueológicas. Se trata de un castro minero que en la actualidad ha sido declarado Zona Arqueológica, con todo lo que conlleva en cuanto a protección efectiva del lugar.

     Uno de los mejores ejemplos que conserva la comarca respecto a la arquitectura medieval se pone en relación con las construcciones concebidas con un carácter defensivo y militar, porque la comarca supone zona de contacto con territorios asturianos y gallegos. Se trata del castillo de Balboa, levantado durante el siglo XIV por la familia de los Álvarez Osorio. De esta manera, no cumplía sólo una función militar, sino también de ostentación, ya que permite el control de estos territorios por la familia que ordenó su edificación. Hay que tener en cuenta que su fecha de fundación original se pone en relación con las revueltas irmandiñas que afectaron sobre todo a Galicia, por lo que este castillo jugaría un papel fundamental en este proceso de luchas nobiliarias. De este modo fue destruido, aunque posteriormente fue reconstruido y pasó a propiedad de los Rodríguez García de Valcárcel. En la actualidad, el estado de conservación del castillo no es el más apropiado, ya que ha sido declarado en ruinas.

     El arte del Renacimiento va a encontrar su particular expresión en Los Ancares a través de la Iglesia de Santa Marina, situada en la localidad de Balboa. La construcción de este templo se inicia en el siglo XV y no se da por concluida hasta el siglo XVII. En cuanto a la estructura general y sus características dominantes, el edificio se puede encuadrar dentro de un claro

Palozas en Balboa

estilo manierista, aunque hemos de hacer algunas puntualizaciones. La primera de ella se refiere a su cabecera, ya que obedece a los cánones estéticos que dominaron durante la llamada Plena Edad Media. Se trata de una estructura claramente románica. Esto implica hablar de un origen medieval de la iglesia, aunque durante el siglo XVI se le añadieron la torre y se levantó o reformó su nave, dándole el aspecto que se puede contemplar en la actualidad.

     Si seguimos atendiendo a las muestras artísticas de esta iglesia de Santa Marina en Balboa, hemos de referirnos a su retablo. El retablo es una de las máximas aportaciones hispanas al mundo del arte, siendo difícil establecer su catalogación dentro del mundo de la escultura o de la arquitectura. Este retablo al que nos referimos, se realiza prácticamente en el mismo momento en que se construye la iglesia, siendo fechado en el siglo XVII. Presenta muy buenas imágenes y relieves, de una excelente calidad. Atendiendo a sus características generales así como a las propias de las figuras escultóricas, podemos afirmar que nos encontramos ante una pieza que fácilmente podríamos clasificar como manierista, ya que responde a todos los planteamientos estéticos que el Manierismo supone, como una cierta evolución de las tendencias renacentistas que derivaban hacia la búsqueda del clasicismo.

     Las tendencias de tipo barroco en la comarca afectan sobre todo a la escultura, ya que encontramos en las iglesias ancaresas algunas piezas que nos remiten a una estética recargada barroca, propia del movimiento contrarreformista que impera durante el siglo XVII y parte del XVIII como pervivencia arcaizante en toda la provincia. De esta manera, podemos referirnos a una serie de altorrelieves que aparecen en la iglesia de Santa Marina, la ya citada iglesia que se encuentra en Balboa. Pero el aislamiento de la comarca va a propiciar que se desarrolle esta escultura con unas formas propias, por lo que se puede inscribir en lo que ha dado en denominarse “Escuela Villafranquina”, ya que se trataría de escultores formados en esta localidad, por lo que las influencias del Barroco berciano son evidentes.

     Pero del siglo XVII también se conservan algunas muestras arquitectónicas de gran interés. Podemos citar en este caso la iglesia de San Martín, situada en el pueblo de Espinareda de Ancares. Quizá no se trata de una construcción que responda a la grandiosidad que buscaba el Barroco, sin embargo, muestra perfectamente el tipo de construcción que dominaba estos territorios durante el siglo XVII; un tipo de arquitectura donde predomina la funcionalidad y el marcado acento popular que impregna todo el arte ancarés.

     De gran trascendencia, durante este siglo se levanta el santuario de Trascastro. Se puede afirmar que debe más su importancia al hecho de ser un gran centro de peregrinación, ya no sólo de los habitantes de Los Ancares sino  de gran cantidad de bercianos, más que por sus aportaciones estéticas y artísticas. Por ello, su importancia radica en ser el principal centro de devoción de la comarca, lugar de encuentro de la romería celebrada en honor de su Virgen titular.

     Con el inicio del siglo XII, comienza la construcción en Vega de Espinareda del monasterio de San Andrés que, sin embargo, no concluirá hasta el siglo XIV. Se trata de un monasterio benedictino que a lo largo de su historia ha sufrido

Vega de Espinareda / Ayto de Vega

diversos incendios, por lo que los añadidos de siglos posteriores han sido evidentes. Sin embargo, su gran ruina vendrá propiciada por la desamortización del siglo XIX, momento en que se abandona. Las primeras evidencias de este monasterio nos hablan de primitivas construcciones que pueden remontarse hasta fechas que nos llevarían a hablar del siglo X. Sin embargo, el actual edificio se encuadra dentro de un claro estilo neoclásico, sobre todo si fijamos nuestra atención en su iglesia. Al exterior, destacan sobre todo sus dos torres cuadradas compuestas por cuatro cuerpos. En cuanto al interior, la iglesia se dispone en una única nave que se encuentra dividida en seis tramos mediante arcos fajones de medio punto. Otro de los elementos integrantes del monasterio que destaca por su calidad artística es el claustro que en la actualidad está ocupado por un colegio. Dentro de este monasterio, merece especial atención la que ha venido a denominarse “Fuente de la Vida”. Esta fuente, fue construida por uno de los monjes en el año 1742. Aparte de su innegable valor artístico, ya que obedece, al igual que el monasterio, a los cánones dominantes durante el siglo XVIII y el Neoclasicismo, podemos citar su gran valor tradicional cercano a la leyenda. Una inscripción sobre la fuente reza “esta agua no te puede hacer mal”, por lo que es obligado beber su agua durante la visita a las instalaciones del museo, convirtiéndose en una costumbre que el visitante no puede pasar por alto.

     Pero el listado de obras que se pueden fechar en el siglo XVIII no concluye con la magnifica obra del monasterio de Vega de Espinareda al que nos venimos refiriendo. Por poner algún ejemplo más de construcciones realizadas durante este siglo, podemos referirnos a la iglesia de San Bartolomé, en la localidad de Guimara. Quizá, la mejor característica que define a este templo es su sencillez de formas, ya que apenas podemos anotar ningún elemento decorativo que enriquezca su edificación ni su aportación artística. De este mismo momento, es la iglesia de Finolledo, aunque nos volvemos a encontrar con el mismo problema. Se trata de un templo sencillo donde ni las ornamentaciones ni los elementos artísticos, más o menos superfluos, aparecen, dejándose toda iniciativa a la simple edificación de un templo de culto orientado a una finalidad concreta. Dentro de este mismo estilo podríamos incluir la iglesia situada en la localidad de Chano y dedicada a San Pedro, ya que responde a características similares a las descritas anteriormente. Lo mismo si nos referimos a la iglesia de Santa Eufamia, en Peranzanes, aunque en este caso, su cronología ofrece muchas dudas ya que algunos autores e investigadores de la Historia del arte han puesto en duda su adscripción cronológica al siglo XVIII.

     Este breve resumen del arte en Los Ancares podría cerrarse haciendo referencia a gran cantidad de parroquias que pueblan las diferentes localidades que conforman la población de la comarca, ya que lo normal es que cada pueblo, por pequeño que sea, disponga de su propia iglesia parroquial. A la lista habría que sumar las pequeñas ermitas y centros de devoción popular, que tampoco faltan en estas tierras, como la ermita de San Eustaquio, cercana a la localidad de Quintela de Balboa.

ARQUITECTURA TRADICIONAL.          La comarca está caracterizada por su tradicional aislamiento. Esta principal peculiaridad de Los Ancares se va a poder apreciar en cada uno de los elementos que configuran su arquitectura tradicional. De esta forma, la vivienda y la arquitectura auxiliar ancaresa constituyen un elemento excepcional de la provincia leonesa, e incluso, de toda la arquitectura tradicional española. Los rasgos arcaicos que la definen, dependientes en gran medida de este distintivo aislamiento ocasionado por la geografía comarcal, nos permiten definir unas estructuras arquitectónicas de gran singularidad, más propias de tiempos remotos.

VIVIENDAS.     En la construcción más común de Los Ancares, los muros de la vivienda se construyen con piedra, entre la que predomina la pizarra, siendo normalmente de una planta aunque encontramos ejemplos de dos. Algunas de ellas presentan para su acceso escalera exterior, de la misma forma que encontramos viviendas con corredores exteriores, cerrados con tablazón o con tablas recortadas. Generalmente, la mayoría de ejemplos presentan buhardillas y chimenea, aunque no se da en todos los casos conservados.

     Sin embargo, esta comarca mantiene unas edificaciones de enorme originalidad que merecen ser examinadas con mayor detalle, porque constituyen un elemento único en la provincia y casi en lo que se refiere al ámbito estatal.

-Pallozas.     Quizá ésta sea una de las viviendas más característica y llamativa de la provincia de León, aunque los ejemplos que aún perviven en los pueblos de Los Ancares son más bien escasos. Están compuestas por una estructura conformada por muros bajos de piedra que delimitan una planta más o menos circular o elíptica, predominando en la comarca las ovaladas. Sobre esta estructura se sitúa una cubierta vegetal formada con cuelmos de paja de centeno entretejido, de forma cónica, que puede llevar una pequeña cumbre o rematarse en pico. En pallozas más recientes, este tipo de cubierta ha sido sustituido por cubiertas de pizarra. Por lo general, son techumbres de una gran pendiente, concebidas para que no se recarguen ni con la nieve ni con el agua. En cuanto a su situación, aprovecharían el desnivel del terreno para el vertido de aguas residuales.

     Este tipo de vivienda albergaría tanto a personas como a animales, pudiendo estar en ocasiones separadas ambas estancias por ligeros tabiques de madera que no llegan hasta el techo. Sin embargo, sí se puede observar una cierta distribución lógica de los espacios. Sólo los padres de la unidad familiar que la habitase dispondrían de una habitación individual. La cocina u hogar, conocida como “lareira”, se suele situar en el centro de la planta y no dispone de chimenea: De esta manera, el humo se difunde por la altura de la edificación, hasta que al final se evacua por la paja, asegurando también la protección de la estructura vegetal de la cubierta contra insectos. Sobre el hogar, colocada entre unas piedras, pende una cadena, la “pregancia”, de la que se cuelga el pote del agua caliente y del caldo. Los escaños sirven de asiento para la familia, de arca para guardar la ropa y de mesa para comer. A uno de los lados está el horno, que es de una sola boca, aunque debajo de ésta se abre un hueco donde se almacenan las brasas. La palloza no tiene muchos vanos, de manera que recibe la luz y la ventilación a través de la puerta.

     La zona reservada para los animales se encuentra en un nivel inferior respecto al dormitorio de la familia, y una pequeña estancia servía para almacenar paja. De esta forma, los animales proporcionaban calor a los habitantes de la palloza. Esta parte de la palloza puede tener como forma de acceso una puerta ancha por donde, en caso de necesidad, pueden pasar el carro y los demás aperos de labranza. Sobre la estancia de los animales, en algunos ejemplares, tenemos un almacén de hierbas hecho con tablas de madera.

     Las funciones de este tipo de construcción son muy diversas, ya que a un mismo tiempo podía ser utilizado tanto como cuadra, pajar, panera, almacén o domicilio, en parte debido a que su propia estructura posibilita aprovechar al máximo el calor.

ARQUITECTURA AUXILIAR.     Dentro de este apartado, destacaremos una edificación que, sin duda, ha contribuido a la actual fisionomía de los pueblos ancareses, como es el hórreo.

     Según diversos investigadores, los hórreos tendrían un origen prerromano, para posteriormente evolucionar y dar origen a los graneros y despensas, constituyendo un buen auxiliar en las tareas agrícolas en las zonas húmedas. La misión del hórreo es la conservación de la cosecha sirviendo también como despensa. Los hórreos son construcciones elevadas sobre pies pares de forma troncopiramidal, generalmente hechos de madera, aunque podemos encontrar ejemplos compuestos por piedras monolíticas o formados por losas apiladas. En el caso de tratarse de pies de madera, éstos se aíslan del suelo mediante una losa pétrea. Encima de los mismos elementos, se sitúan los llamados “tornaratos”, piedras redondeadas o cuadradas para evitar que accedan a la caja los roedores. Sobre estos elementos, se colocan las vigas del armazón base, los “cuadrales”, que sustentan la caja, de madera de roble por lo general. En esta zona, los ejemplos con los que contamos suelen disponer de una cubierta vegetal, aunque actualmente está siendo sustituida por la de pizarra, e incluso, por la de chapa ondulada, sostenida por un armazón igualmente de madera que se apoya sobre la caja. Esta cubierta puede ser a una, a dos, o incluso, a cuatro aguas. La planta de estas construcciones demuestra la influencia que han sufrido estas edificaciones, ya que son de tipo asturiano, es decir, una planta cuadrada o un poco rectangular, sustentada sobre cuatro o seis pies, y con una cubierta a cuatro aguas. Otro elemento que puede aparecer es una galería que puede desarrollarse en un solo lado o en todos rodeando la estructura.

     Aunque quizá sea algo excesivo incluirlo dentro de la arquitectura tradicional, no podemos dejar de mencionar los “trobos”, muy característicos de la geografía ancaresa: Colmenares compuestos por troncos de madera de roble quemados o ahuecados, de los que se extraía la miel.

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